22 de septiembre de 2026 - 10:34

Súper Niño: Cómo es el protocolo especial con que se preparan las escuelas de Mendoza para las contingencias

La DGE prepara a las escuelas para enfrentar las lluvias y tormentas que podrían registrarse durante los próximos meses con el Súper Niño.

Mendoza se prepara para enfrentar los meses de mayor actividad del fenómeno climático conocido como Súper Niño. Y las escuelas de la provincia no quedan ajenas a estos preparativos. La Dirección General de Escuelas (DGE) puso en marcha un protocolo especial para que los establecimientos sepan cómo actuar ante lluvias intensas, tormentas, ráfagas, actividad eléctrica y eventuales problemas edilicios o de accesibilidad.

Según explicaron desde el Gobierno escolar, el objetivo es priorizar la seguridad de estudiantes, docentes y equipos directivos por encima de cualquier actividad académica.

Dependiendo del nivel de la contingencia, hay tres tipos de alerta: verde, amarilla y roja.

Dependiendo del nivel de la contingencia, hay tres tipos de alerta: verde, amarilla y roja.

El fenómeno climático comenzó a evidenciarse en agosto y, de acuerdo con las previsiones oficiales citadas por la DGE, se extenderá hasta febrero de 2027; con los períodos de mayor intensidad previstos entre octubre y diciembre próximos. En ese sentido, las próximas semanas serán particularmente importantes para tener aceitados los mecanismos de respuesta.

Cómo trabajan las escuelas de Mendoza para actuar frente al Súper Niño

El titular de la Subsecretaría de Infraestructura Escolar, Cultural y de Infancias, Carlos Daparo, explicó que el Gobierno provincial viene trabajando desde hace tres años en la reparación y mantenimiento de los edificios escolares y que, frente a este escenario climático, se aceleraron distintas intervenciones.

Se espera que entre octubre y diciembre haya intensas lluvias y tormentas en Mendoza.

Se espera que entre octubre y diciembre haya intensas lluvias y tormentas en Mendoza.

Actualmente, indicó, hay más de 350 escuelas en las que se están realizando intervenciones, mientras que se adelantó una inversión superior a los $65.000 millones destinada a reparación y mantenimiento de edificios escolares. El proceso licitatorio se encuentra actualmente en etapa de apertura.

Un protocolo que contempla distintas situaciones

La particularidad del esquema preparado por la DGE es que no se trata solamente de una guía para cuando empieza a llover. El protocolo contempla distintos escenarios y establece cómo debe actuar cada equipo directivo para preservar la integridad de quienes se encuentran dentro de la escuela.

El instructivo se estructura sobre cinco principios de actuación. Estos son prevención, seguridad, evaluación situada, continuidad pedagógica y comunicación oficial.

Lo referido a prevención implica que las autoridades de cada establecimiento deben realizar un seguimiento de los pronósticos y anticiparse a las condiciones meteorológicas adversas.

La seguridad, en tanto, establece que ninguna actividad pedagógica o institucional debe justificar la exposición de alumnos o trabajadores a una situación de peligro.

Cada escuela deberá seguir de cerca su situación y activar la forma de actuar ante las lluvias.

Cada escuela deberá seguir de cerca su situación y activar la forma de actuar ante las lluvias.

A su vez, la evaluación situada significa que no todas las escuelas necesariamente enfrentarán la misma situación. Cada comunidad educativa deberá contemplar las características de su edificio, el estado de la infraestructura, el entorno y las condiciones de los caminos y accesos.

El protocolo también contempla la continuidad pedagógica. Si una situación meteorológica obliga a interrumpir la presencialidad, la escuela deberá activar las herramientas previstas para mantener el vínculo educativo.

El quinto punto, en tanto, es el referido a la comunicación única y oficial, para evitar que ante una contingencia circulen informaciones contradictorias entre las familias y la comunidad educativa.

Tres colores para saber cómo actuar

Para ordenar las decisiones dentro y fuera de las escuelas, la DGE estableció además un sistema de alertas.

El verde corresponde a situaciones de lluvia en las que los accesos continúan siendo transitables. En ese escenario, las actividades escolares se desarrollan con normalidad.

El amarillo se activa cuando aparecen condiciones más complicadas, como lluvia intensa, tormentas, ráfagas de viento o actividad eléctrica. En ese caso, los estudiantes deben permanecer en espacios cerrados y seguros dentro del establecimiento.

El rojo, en tanto, representa una situación de riesgo grave. Puede darse ante una inundación del edificio, ingreso masivo de agua, desprendimientos de mampostería o cuando las vías de acceso se vuelven intransitables. Allí se requiere la intervención urgente de organismos como Defensa Civil o Infraestructura Escolar.

La idea es que cada escuela pueda tomar decisiones de acuerdo con su propia realidad, sin perder de vista que una misma tormenta puede afectar de manera muy diferente a dos establecimientos.

El problema de los techos y las filtraciones

Uno de los puntos que más atención concentra en este momento es el estado de las cubiertas de los edificios escolares.

Daparo explicó que actualmente se trabaja en la reparación de techos, aunque existen intervenciones de mayor magnitud -como el reemplazo completo de cubiertas- que no pueden realizarse con alumnos y docentes dentro de los establecimientos.

Por eso, algunas de esas obras mayores fueron programadas para períodos en los que las escuelas estén vacías, especialmente hacia el cierre del ciclo lectivo. Mientras tanto, se realizan intervenciones menores y preventivas, cuyos resultados serán posteriormente controlados.

El desafío será especialmente importante si las lluvias intensas previstas para los próximos meses vuelven a poner a prueba esas reparaciones.

En esos casos, la Subsecretaría de Infraestructura Escolar volverá a intervenir de manera activa. Y si las filtraciones o daños detectados requieren trabajos de mayor magnitud, se activará el protocolo para garantizar que las tareas sobre los techos puedan realizarse sin personas dentro del sector afectado.

Cada escuela mirará su propia realidad

La preparación frente al Súper Niño implica que los equipos directivos sepan qué hacer, a quién avisar, cuándo resguardar a los alumnos y cuándo una situación deja de ser una contingencia menor para transformarse en un riesgo concreto.

Es un esquema similar al que la DGE viene aplicando ya ante otras contingencias meteorológicas. De hecho, durante 2026 ya se produjeron numerosas suspensiones de clases presenciales por situaciones vinculadas con viento Zonda, nevadas y frío extremo, y los establecimientos fueron instruidos para contar con mecanismos de continuidad pedagógica cuando la presencialidad no sea posible.

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