La conservación de los caminos rurales volvió a ocupar un lugar central en la agenda de los municipios y de la Dirección Provincial de Vialidad en la Zona Este. Ante el fenómeno del Súper Niño con lluvias intensas, los trabajos sobre calles de tierra y caminos productivos buscan mejorar las condiciones de circulación y reducir el impacto que provocan las precipitaciones.
En los últimos días se registraron intervenciones en sectores de Rivadavia, Junín y San Martín. Las tareas, a cargo de equipos de Vialidad Provincial, apuntan a recuperar la calzada, mejorar su nivelación y reforzar los sectores que suelen deteriorarse con el tránsito y el agua.
No se trata de un problema nuevo. En la Zona Este, cada episodio de lluvias persistentes vuelve a poner en evidencia las dificultades de una extensa red de caminos de tierra. Cuando el agua se acumula, algunos tramos quedan anegados o directamente intransitables, con consecuencias para quienes viven en zonas rurales, deben trasladarse a sus trabajos, llevar a sus hijos a la escuela o sacar la producción.
La cuestión también tiene una particularidad administrativa: no todos los caminos dependen del mismo organismo. Mientras algunos tramos corresponden a la jurisdicción provincial, buena parte de las calles y callejones rurales está bajo responsabilidad de los municipios. Por eso, la conservación requiere tanto de intervenciones específicas como de coordinación entre las distintas áreas.
Vialidad y los municipios refuerzan el mantenimiento de los caminos rurales ante los embates del Súper Niño.
(Gentileza Vialidad Provincial - Zona Este)
Intervenciones en tres departamentos
En Rivadavia, los trabajos se concentran en el distrito de Andrade, sobre las calles Godoy, Ghilino y Los Pájaros. Allí se realiza aporte y extensión de material, perfilado y compactación de la calzada, con el objetivo de mejorar la superficie de circulación.
En Junín, las tareas se desarrollan sobre calle Eloy González, en el distrito de Philipps, en el tramo comprendido entre la Ruta Provincial 60 y Carril Centro. Se trata de una extensión de 2.800 metros, donde se trabaja en el aporte de material y la conservación del camino.
En San Martín, en tanto, se intervino sobre calle Calderón, desde carril Zapata hasta calle Anzorena. En ese sector se realizaron tareas de desmonte, perfilado y riego para mejorar las condiciones de transitabilidad.
Son intervenciones puntuales dentro de una red extensa, que necesita mantenimiento periódico y que presenta dificultades particulares cuando se producen precipitaciones abundantes. El agua modifica la superficie de los caminos de tierra, genera huellas, arrastra material y puede provocar acumulaciones que impiden el paso de vehículos.
Una red extensa y con distintas responsabilidades
La dimensión del problema también se explica por la extensión de la red vial rural. Según datos de la Dirección Provincial de Vialidad, Mendoza tiene alrededor de 12.000 kilómetros de caminos rurales bajo jurisdicción provincial. De ese total, una parte importante corresponde a caminos de suelo natural, mientras que otros tienen distintos niveles de mejoramiento.
A esa red se agregan caminos vecinales, callejones de fincas y accesos a establecimientos productivos que, según su jurisdicción, requieren la intervención de las comunas. En consecuencia, el mantenimiento no depende de una sola repartición y necesita una planificación que contemple las necesidades de cada distrito.
Vialidad y los municipios refuerzan el mantenimiento de los caminos rurales ante los embates del Súper Niño.
(Gentileza Vialidad Provincial - Zona Este)
La prevención frente al escenario climático
El contexto climático le agrega urgencia a esa tarea. El Gobierno de Mendoza presentó un plan interinstitucional para la temporada 2026-2027, a partir de las proyecciones de AEMSA. El escenario central contempla un fenómeno de El Niño fuerte. Entre los riesgos identificados aparecen las precipitaciones más abundantes, las tormentas intensas y las crecidas.
En ese marco, la conservación de los caminos rurales es una parte de la preparación frente a las contingencias. No alcanza con intervenir después de una tormenta: el estado previo de las calzadas, el drenaje del agua y la disponibilidad de maquinaria pueden hacer una diferencia cuando las lluvias se prolongan.
Para los habitantes de los distritos rurales, mantener un camino transitable no es solamente una cuestión de comodidad. Es garantizar el acceso a los servicios de salud, la llegada a las escuelas, el traslado de trabajadores y la salida de la producción. Una necesidad que se vuelve más visible cada vez que llueve y que, ante el escenario climático previsto para los próximos meses, exige sostener los trabajos durante toda la temporada.