El 5 de febrero de 2025, la vida de María José Crimi y Diego Díaz cambió para siempre. Ese día murió su hijo Faustino, de 4 años, ahogado en una de las piletas del Marista Rugby Club, donde el niño asistía a la escuela de verano.
Faustino (4) murió ahogado en la escuela de verano de Marista en 2025. Sus padres impulsan una ley para fijar reglas de seguridad en estos establecimientos.
El 5 de febrero de 2025, la vida de María José Crimi y Diego Díaz cambió para siempre. Ese día murió su hijo Faustino, de 4 años, ahogado en una de las piletas del Marista Rugby Club, donde el niño asistía a la escuela de verano.
“Nuestra alma quedó partida. Algo así no es natural, no debería pasar nunca, y menos por la irresponsabilidad de otros”, sostiene, con la voz quebrada, María José Crimi, mamá de Fausti.
Pero Majo y Diego optaron por no quedarse solamente en ese dolor (nadie dijo que sería fácil). Y hoy se han convertido en la cara visible de una campaña que apunta a que se sancione una ley que regule, controle y establezca requisitos y obligaciones para el funcionamiento de las escuelas de verano de Mendoza.
En pocas palabras, la normativa apunta que los establecimientos tengan reglas de seguridad comunes y obligatorias. La impulsora de la ley es la senadora provincial Adriana Cano, cuyo hijo menor era compañero de Faustino en la escuela de verano.
El proyecto ya obtuvo media sanción en el Senado provincial y ahora espera ser tratado por la Cámara de Diputados. La familia de Fausti espera verlo convertido en ley antes de una nueva temporada de verano.
“Hoy no hay una ley que regule las escuelas de verano. Cada municipio las autoriza con sus propias reglas. Y una escuela de verano se autoriza como un comercio. Necesitamos medidas de seguridad mínimas, como autorización especial, registro del lugar y cosas básicas de sentido común”, resume María José Crimi a Los Andes. "Esto no puede volver a ocurrir", refuerza.
Durante los meses posteriores a la muerte de Faustino, María José y Diego estaban, según ellos mismos describen, “en otra dimensión”. El dolor era tal que, aunque siempre contenidos por sus familiares y sus amigos, no podían -ni querían- mirar al mundo exterior.
En paralelo, la senadora Cano -por su cuenta, y conmovida como madre de un compañero de Faustino- decidió indagar en el funcionamiento de las escuelas de verano de Mendoza.
Recién en octubre del año pasado, cuando el matrimonio logró advertir la necesidad de convertir todo ese dolor -que nunca desaparecerá- en acción, Majo y Diego tomaron conocimiento de que Adriana Cano estaba trabajando en el proyecto de ley. Y se sumaron a la iniciativa.
En ese momento, los padres de Faustino supieron que estaban ante la oportunidad de transformar la tragedia en una herramienta que pudiera servir para otras familias. Desde entonces, junto con Cano, fueron trabajando en una propuesta que busca establecer requisitos mínimos y uniformes para toda Mendoza.
“Por supuesto que estamos abiertos a cualquier sugerencia”, aclaran.
El proyecto de ley establece que las escuelas de verano públicas y privadas deberán estar inscriptas en un registro provincial y deberán hacerlo con una anticipación mínima de 30 días al inicio de las actividades.
También deberán contar con habilitación municipal previa, presentar información sobre el establecimiento, responsables, proyecto educativo, cantidad máxima de niños, edades, grupos y actividades.
Y hay un capítulo específico para aquellos lugares que cuentan con piletas. En esos casos, el proyecto exige condiciones de seguridad determinadas de acuerdo con la capacidad del establecimiento, la cantidad de chicos y las actividades que se desarrollen. También contempla seguro de responsabilidad civil, emergencias médicas y servicio médico permanente.
Para María José, una de las claves está justamente en establecer cuántos adultos deben estar a cargo de los chicos.
La iniciativa fija un profesor y un auxiliar cada 15 niños de entre 3 y 5 años y uno de cada uno cada 20 chicos de 6 a 16 años. Para actividades acuáticas, la proporción se reduce a un profesor y un auxiliar cada 10 niños en el grupo de menor edad y cada 15 en el segundo grupo.
El proyecto dispone que haya un guardavidas cada 50 niños, niñas o adolescentes en la pileta, además de establecer un límite de cantidad de personas en función del volumen de agua.
También prohíbe realizar actividades acuáticas sin la cantidad mínima de profesores prevista y establece que esos docentes no puedan utilizar teléfonos celulares durante las actividades, salvo aquellos habilitados para emergencias.
Otro punto central es la obligación de elaborar un plan de contingencias y emergencias y capacitar al personal en técnicas de reanimación cardiopulmonar, identificación de riesgos y gestión de situaciones de emergencia.
Las piletas, además, deberán contar con cierre perimetral e ingreso individual controlado. La propuesta incluso contempla una capacitación para los propios chicos, durante la primera semana, sobre identificación de riesgos y técnicas de rescate adaptadas a cada edad.
“Actualmente no hay ley sobre esto. Las escuelas de verano tienen coordinadores con herramientas como para poder establecer cómo se desarrollan las actividades. Y hay quienes lo hacen bien. Pero todo eso hoy depende de cada escuela de verano, de cada coordinador. Por eso la idea de la ley es que haya algo uniforme”, explica Crimi, quien resalta que sólo están pidiendo que los municipios tengan que cumplir normas mínimas de seguridad, y todos las mismas.
"No estamos pidiendo locuras”, se explaya.
Nada ni nadie les devolverá a Fausti. De hecho, para Majo y Diego, la vida pasó a ser otra aquel 5 de febrero de 2025.
"Desde ese día la vida es un tormento para nosotros. A veces uno piensa que sería más fácil no vivir, pero mi marido y yo quisimos seguir, hacernos fuertes, cuidar que esto no le pase a nuestra otra hija, Paulina”, expresa María José en alusión a la hermana mayor de Fausti.
En ese camino encontraron también una red de contención familiar y afectiva que, asegura, fue fundamental.
“Tuvimos una contención familiar y de amigos muy grande. No sabía que teníamos tanta gente linda y que nos acompañaba”, reconoce; y agradece.
María José y Diego saben que ninguna ley puede reparar la ausencia de su hijo. No obstante, decidieron transformar esa ausencia en una bandera concreta para que las escuelas de verano tengan reglas claras y que ningún padre tenga que atravesar lo que ellos están viviendo.
"No podemos esperar que a ninguno de los amiguitos de Faust le pase lo mismo, ni a nuestros sobrinos ni a nadie", cierran.
La investigación judicial por la muerte de Faustino Díaz Crimi continúa en la Justicia de Mendoza.
El niño murió el 5 de febrero de 2025 luego de sufrir un ahogamiento en una de las piletas del Marista Rugby Club, mientras asistía a la escuela de verano.
En septiembre de 2026, la Fiscalía de Homicidios amplió la acusación y sumó a dos personas a la investigación. De esta manera, son seis los imputados por homicidio culposo en la causa.
Los nuevos imputados se sumaron al encargado de la pileta, una profesora y dos monitores o auxiliares que ya estaban vinculados al expediente. La investigación busca determinar las responsabilidades relacionadas con las tareas de supervisión y cuidado de los chicos.