Gladys entregará una ofrenda al Papa León XIV durante la misa del 11 de noviembre en Luján.
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Por esto mismo es que, aún en la actualidad, buena parte de sus días transcurre en la parroquia del barrio San Martín. Allí Gladys colabora junto a Cáritas, acompañando a personas mayores que precisan de acompañamiento.
"Después de la pandemia vimos que muchos adultos mayores habían quedado muy desprotegidos, solitos en sus casas, con necesidades básicas sin cubrir", describe.
Así comenzó hace unos cinco años su trabajo solidario y comunitario. Junto a otros referentes de la comunidad -con quienes conformó su equipo de trabajo-, Gladys salió a buscar a esos adultos que estaban solos y que, muchas veces, ni siquiera tenían a quién pedirle ayuda.
El rol solidario y espiritual han acompañado desde siempre a Gladys Escudero.
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"El Papa Francisco decía que había que salir a buscarlos. Entonces vamos en búsqueda de los abuelos", cuenta, humilde y con un entusiasmo que contagia.
Actualmente, el grupo acompaña a 63 adultos mayores. Y hace poco fallecieron dos de las personas que acompañaban, y la voluntaria se emociona al recordarlos. "Una se encariña", dice, con la voz entrecortada.
El trabajo no se limita a entregar mercadería o cubrir alguna necesidad puntual. Hay también un vínculo que se construye con el tiempo y que incluye visitas, escucha, contención y acompañamiento espiritual.
Tienen un grupo de WhatsApp para organizarse, distribuyen las tareas y cuentan con tres ministros de Eucaristía que llevan la comunión a quienes no pueden acercarse a la parroquia.
"Nosotros hacemos un acompañamiento pastoral. Tratamos de comprenderlos, escucharlos, estar con ellos. También llevamos mercadería y, cuando hace falta, algunos medicamentos", explica Gladys Escudero. En ese sentido, agrega que muchas veces las necesidades tienen que ver con algo tan simple como que alguien se acuerde de tocar el timbre, preguntar cómo están o quedarse un rato conversando.
Rendirse nunca fue una opción: su propia lucha contra el cáncer
A principios de este año, a Gladys le diagnosticaron cáncer de mama. Fue el 12 de febrero, un día después de su cumpleaños y del Día de la Virgen de Lourdes.
"Me sorprendió, me dio un shock porque no lo esperaba. Pero mi decisión fue la de seguir para adelante, porque los abuelos me necesitan", explica la mujer, quien asegura que nunca se entregó ni dejó que el diagnóstico la alejara de aquello que considera importante.
Mientras Gladys atraviesa su propio tratamiento y enfrenta la enfermedad, sigue encontrando tiempo y energía para acompañar a otras personas que necesitan ayuda.
Claro que ella no se considera una heroína ni una persona indispensable. De hecho, cuando habla de su responsabilidad dentro del grupo, no deja de aclarar que no trabaja sola.
"Yo siempre digo que simplemente soy un referente, pero trabajamos como equipo", insiste.
Una familia que aprendió a trabajar en comunidad
La vocación solidaria de Gladys también tiene raíces familiares. Gladys cuenta que su esposo y sus hijos (un hombre y una mujer) conocen de cerca la realidad del barrio San Martín y que, a lo largo de los años, todos aprendieron la importancia de no olvidarse de dónde vienen, sus raíces.
Como profesora de Educación Física y en la parroquia del barrio San Martín, Gladys siempre ha estado disponible para ayudar y acompañar a quienes menos tienen.
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Con su marido trabajaron mucho junto al cura "Macuca" Llorens, quien encabezó la urbanización del barrio San Martín. Y fue el religioso quien le enseñó a la familia construir comunidad y a entender que las necesidades de los demás también son una responsabilidad colectiva.
La hija de Gladys es docente, y su hijo, oficial de la Policía. Ambos crecieron con la idea de que las raíces y la historia de una familia no deben olvidarse.
"Mi familia también es de la comunidad. Hemos tenido las mismas necesidades y hemos pasado por situaciones difíciles. Por eso tenemos el mismo razonamiento. Lo que somos es gracias a la comunidad", cuenta.
Su trayectoria como profesora de Educación Física también estuvo atravesada por esa mirada. Durante sus años en las escuelas del barrio, impulsó actividades deportivas y participó junto a sus alumnos en distintos eventos y competencias.
Para ella, el deporte era mucho más que una actividad recreativa. Se convirtió en una herramienta para abrir oportunidades y alejar a los chicos de situaciones de riesgo.
"Yo tuve un alumno que ganó un premio deportivo, y su hermano había muerto baleado durante un robo. El chico que iba a clases conmigo jamás tuvo un problema con nadie. Y sus padres siempre me lo agradecieron", cuenta.
Jornada Mundial de los Pobres, una fecha para compartir, escuchar y dar dignidad
La elección de Gladys para llevar la ofrenda durante la misa del Papa en Luján coincide con una fecha significativa para el trabajo que realiza. Y es que el domingo 15 de noviembre se celebrará la X Jornada Mundial de los Pobres, y será bajo el lema "El Señor es el refugio del pobre", precisamente elegido por el propio León XIV.
La jornada fue instituida por el Papa Francisco en 2016, con la intención de que toda la Iglesia dedicara un día especial a mirar de frente a las personas más postergadas y reconocerlas como parte central de la comunidad.
Este año, además, coincide con el octavo centenario de la muerte de San Francisco de Asís (1226-2026), una figura vinculada históricamente con la fraternidad, la austeridad y el servicio a los más necesitados.
En Mendoza, Cáritas y las parroquias preparan una actividad especial para el sábado 14 de noviembre. La propuesta es que las comunidades abran sus puertas y generen espacios de encuentro, escucha y fraternidad con personas que atraviesan distintas situaciones de pobreza.
Gentileza Cáritas Mendoza
La consigna será compartir un desayuno o una merienda. No solamente con quienes reciben acompañamiento habitualmente, sino también con voluntarios, sacerdotes y otros integrantes de cada comunidad.
Desde Cáritas Mendoza explicaron que la intención es ir más allá de la ayuda material. En ese sentido, destacaron, la jornada apunta a convertirse en un espacio de encuentro con los más necesitados y a escuchar lo que tienen para aportar.
"Queremos darles dignidad a las personas. El pobre es más rico que el que tiene dinero. Porque el que tiene dinero tiene solamente billetes; el carenciado está acostumbrado a vivir con afecto y siempre a ayudar. Y siempre el que da, recibe. Siempre hay que devolver lo que uno recibió", concluye Gladys Escudero.