En el Refugio de Diego saben de luchas. No es una lucha cualquiera; es una batalla cuesta arriba contra el abandono, el sufrimiento y el menosprecio de muchos frente a tantas vidas de animales que quedan a su suerte en calles hostiles. Y para afrontarlo, hace falta empatía y el sustento de la solidaridad.
Desde hace un cuarto de siglo, este espacio ubicado en Corralitos, Guaymallén, ofrece contención, abrigo, alimento y cura a perros y gatos que llegan heridos, atropellados tras perder su hogar o convertidos en abuelitos con enfermedades a cuestas. Actualmente, el predio alberga a más de 230 animales entre perros y gatos para los que buscan familia.
Crisis económica: necesitan $6 millones mensuales para funcionar, con $3 millones destinados a veterinaria, y buscan 1.000 donaciones de $1.000.
Sin embargo, sostener este amor desinteresado tiene un costo económico altísimo que hoy cuesta horrores solventar, especialmente en tiempos donde los bolsillos se aprietan y las ayudas escasean. Necesitan unos 6 millones de pesos mensuales solo para funcionar, contemplando servicios, impuestos, seguros y unos 3 millones destinados exclusivamente a las cuentas de la veterinaria. Por ahora, les está faltando un millón para cubrir lo urgente de la deuda y por eso apuntan a encontrar 1.000 personas solidarias que puedan donar mil pesos, lo que para una buena parte de la gente no le implicaría un impacto fuerte, pero que para esta comunidad, sería algo enorme.
El trabajo de rescatar perros y gatos
“El refugio rescata animales en situación de vulnerabilidad, los cura, los castra, los vacuna, los pone en condiciones para dar en adopción. La idea es que seamos el vínculo, el puente para que consigan a su familia”, relató a Los Andes Mariana Vega, una de las referentes de la comunidad.
Pero hay ciertos casos que son un desafío: “Muchos de esos animales llegan de adultos muy mayores o con patologías crónicas. Entonces, la adopción se dificulta. son perritos que generalmente quedan a vivir el resto de sus años en el refugio. Algunos llegan con más de 10 años, hay otros con patologías crónicas que tienen 7 u 8, entonces, tienen una supervivencia de unos 5 o 6 años más por delante y es difícil porque tienen características y condiciones especiales en alimentación y cuidados”, relató. Para esos animalitos buscan padrinos que ayuden a solventar esos costos mensuales.
Contó que es habitual que la gente prefiera cachorros y los adultos vayan quedando. Sin embargo marcó una diferencia en este tipo de adopciones: “La gente entiende que el cachorrito se va a adaptar más fácilmente a la vida de la familia y muchas veces no es así”, señala.
Formas de ayudar al Refugio de Diego: se puede colaborar con donaciones monetarias, apadrinamiento, donación de materiales o difusión en redes sociales.
Mencionó que, si es un perro, cuando es adulto ya se sabe el tamaño que va a tener, mientras que, por el contrario, cuando son cachorros, muchas veces esto puede ser una sorpresa y esto hace que, cuando son más grandes de lo que se esperaba, después se dificulte tenerlos en determinadas viviendas.
Otra diferencia que marcó es que los cachorros demandan más atención y la necesidad de una mayor educación, ya que son más inquietos mientras que con el adulto se disminuyen incluso las roturas tan habituales en los pequeños.
“Entonces nos pasa que hay perritos que van a estar eternamente con nosotros y cuesta un poquito más que la gente empatice con esos casos”, acotó. Actualmente son 10 los voluntarios que sostienen el trabajo diario, a ellos se suman otros que van con menos periodicidad: quizás una vez por semana, cada dos, una vez al mes o cuando pueden. Cada par de manos cuenta.
El golpe de la crisis y las enfermedades
La situación se agravó drásticamente en las últimas semanas debido a factores climáticos y económicos. Tal como detalló Mariana, la combinación de días nublados, humedad y terreno mojado disparó los casos de enfermedades virales.
“Entre septiembre y octubre tuvimos 8 cachorros con parvo de diferentes camadas que fueron a diario a la vete por más de 25 días para salvarlos. Eso incluye hemogramas semanales, sueros y medicación diaria. Perdimos a Magui y nos rompió el corazón. Los demás la siguen peleando”, relató con dolor.
El impacto de las lluvias en el Refugio de Diego, donde rescatan, curan y buscan familia para perros y gatos abandonados.
A esto se le suma una cruda realidad social: en épocas de crisis se incrementa exponencialmente el abandono. “La gente deja de cumplir con lo básico, como vacunar, por cuidar el bolsillo para otros gastos. Y a veces, por relocalización o mudanzas a departamentos, dejan al animal abandonado en la puerta de la casa donde vivieron”, advirtió Mariana. Se suma el abandono por otras circunstancias, como no poder o querer cuidarlos o perras y gatas en gestación. Para tener una noción, un día de internación no baja de los 200.000 pesos, una consulta puede costar 40.000 pesos, mientras que la dosis de vacuna en veterinaria ronda los 35.000 pesos.
Cómo ayudar: no todo es dinero
Frente a este panorama crítico, el refugio lanzó una campaña urgente con un objetivo muy acotado pero vital: “Necesitamos que sólo 1.000 personas más donen 1.000 pesos para cancelar las cuentas del mes pasado”, es el pedido de estos voluntarios que abrazan la vida no humana y sus derechos. Con lo recaudado hasta ahora pudieron cubrir una parte, pero el saldo pendiente sigue siendo una amenaza.
No obstante, la ayuda no se reduce únicamente al aporte monetario. Existen múltiples formas de sumar un granito de arena para sostener esta noble tarea. Una opción es ser padrinos: actualmente tienen 75 padrinos, personas que colaboran mensualmente con lo que cada bolsillo puede, mil, cinco mil, diez mil pesos y más según el caso. Su objetivo es alcanzar los 100 padrinos activos antes de que termine el año para contar con un ingreso fijo previsible. Los aportes son totalmente voluntarios y de montos simbólicos.
Rescate animal: el Refugio de Diego en Mendoza lleva 25 años de lucha contra el abandono, albergando a más de 230 animales.
Pero también hay quienes colaboran con el “saber hacer”, gente con oficios que ofrece mano de obra y sus herramientas para hacer o reparar casitas y otras mejoras. Mariana contó que eso vale muchísimo para ellos y que se necesitan personas con habilidades en soldadura, carpintería o metalurgia.
Hay otra cosa de gran valor para ellos: la donación de materiales. Quizás cosas que están en la casa de alguien sin uso, restos de materiales de una obra y hasta objetos que quizás son un desecho para otros. Mencionó palets en desuso y las lonas que se usan para los carteles y que cuando están viejas se descartan, pero que para ellos son un insumo crucial para cubrir las casitas y más en época de tantas lluvias. Además, dijo que, aunque sea una donación eventual, para ellos puede significar un cambio fundamental. Reciben ladrillos, ladrillones, palos, telas romboidales y lonas. También es de mucha utilidad la ayuda de personas que se dedican a cortar el pelo de los perritos. En esta época de más calor suelen ir varias veces.
Otra forma de apoyar es la difusión, compartir las publicaciones y la labor del refugio en redes sociales para que más gente los conozca y se sume a ayudar.
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