Luego de que la pandemia mundial por el Covid-19 finalizara se generó una controversia a nivel país en relación al trabajo: ¿presencial, desde la casa u opción híbrida? El debate nació cuando la gran mayoría comenzó a afirmar que “llevar a cabo las tareas desde el hogar era más efectivo en todo sentido posible”.
Sin embargo, las empresas, pymes e industrias eligieron por volver a la presencialidad absoluta, para no perder el vínculo comunicativo y ofrecer el servicio normal. Desde allí, la discusión y polémica volvió a encenderse: ahora, exigir estar presente en el trabajo está derivando en una fuerte pérdida femenina.
Especialistas advierten que, ante la falta de flexibilidad, muchas trabajadoras no encuentran alternativas y optan directamente por renunciar. En caso de ser obligadas a “presencialidad 100%”, gran parte decide poner la carta de renuncia sobre la mesa del jefe.
Según la periodista Marysol Antón, esta tendencia se profundizó en los últimos meses, especialmente en aquellas compañías que retomaron el esquema presencial sin opciones intermedias. Y aunque no es un fenómeno nuevo, afectó con mayor intensidad a las mujeres por la carga extra que enfrentan fuera del ámbito laboral.
La doble jornada y la desventaja de género
Expertas en recursos humanos y psicología laboral coinciden en que la presión por volver al esquema rígido afecta a las mujeres por tres motivos principales:
- Tareas de Cuidado: Son las principales responsables de las tareas de cuidado y domésticas, lo que genera una “doble jornada laboral” imposible de sostener sin flexibilidad.
- Pérdida de Oportunidades: Carolina Villanueva (Grow) asegura que las mujeres están “perdiendo más oportunidades de desarrollo a nivel laboral”, ya que los jefes tienden a “preferir y recomendar más a personas que les ven la cara en el día a día”.
- Agotamiento Sistémico: La psicóloga Analía Tarasiewicz afirma que muchas mujeres renuncian por “agotamiento sistémico”, ya que el modelo presencial rígido no contempla los tiempos reales de la vida.
Flexibilidad como condición básica
El problema no es solo de género, sino generacional. El 48% de los trabajadores argentinos afirma que no aceptaría un trabajo que no les brindara flexibilidad.
Rocío Robledo (WeWork) aconseja que las políticas de retorno deben ser flexibles y adaptarse a las necesidades de cada grupo, porque cuando esto no sucede, muchas mujeres “se vean en la necesidad de ajustar su desarrollo profesional, ya sea cambiando de sector, reduciendo su carga horaria o, en algunos casos, renunciando”.