Semana Santa: la historia del Calvario de Mendoza, gente sepultada y la evolución de la tierra sagrada
La historia del Calvario: orígenes, los muertos enterrados allí, remodelación y todos los detalles de la zona más concurrida para Semana Santa en Mendoza.
Calvario, postal de encuentro y reflexión para Semana Santa
El artista plástico especializado en arte sacro y uno de los mayores conocedores del patrimonio religioso mendocino, Ricardo Cubisino Richardi, repasa en diálogo con Los Andes la historia de este espacio sagrado, mientras su recorrido atraviesa las distintas etapas de un territorio donde, tras el terremoto de 1861 en Mendoza, se enterraba a los difuntos en el sitio. Porque siempre fue considerada "tierra santa".
Los orígenes de la mano del fraile franciscano José Aimón, su nacimiento en paralelo a la Iglesia de la Carrodilla, la reconstrucción tras el sismo y las curiosidades históricas del lugar: todo en este informe especial y audiovisual de Los Andes.
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Cuando la Carrodilla era campo abierto
Según explica Cubisino Richardi, para entender el Calvario, primero hay que entender la iglesia de la Carrodilla. Porque ambos nacieron juntos. Y ese nacimiento lleva un nombre propio: el del fray José Aimón, fraile franciscano español que llegó a Mendoza en la década de 1840, después de haber pasado por Santa Fe y por la iglesia de San Lorenzo.
Cuando Aimón llegó a esta zona, esto no era la Carrodilla que hoy conocemos. Era campo, un rincón rural de la villa de San Vicente -actual Godoy Cruz- marcado por un antiguo solar habitado por la familia Solanillas. Allí, en medio de un descampado, la gente se reunía a rezar al atardecer.
Aimón, profundamente devoto de la Pasión de Cristo, decidió que ese era el sitio indicado para levantar un Calvario. Y así lo hizo. El primero fue rústico, hecho con adobe y caña, apenas una capilla pequeña y algunas imágenes sagradas, como el Señor de la Salud, un Cristo articulado, Santa María Magdalena y San Juan Bautista. Las estaciones del Vía Crucis tampoco estaban donde están actualmente, sino del lado de la calle, marcadas en hornacinas precarias.
Pese a la humildad del espacio, rápidamente se convirtió en un punto de devoción popular.
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El terremoto de 1861, el hito que cambió la fe mendocina
El terremoto del 20 de marzo de 1861 marcó un antes y un después. Mendoza entera colapsó: capillas, casas, edificios públicos. Fue un miércoles santo y la ciudad se vino abajo. Entre los incendios provocados por lámparas caídas y los derrumbes, murieron miles de personas.
La población, desesperada, buscó dónde refugiarse , al llegar a la Carrodilla, ocurrió algo que la gente interpretó como milagro: la iglesia y la capilla del Calvario seguían en pie.
A partir de allí, este lugar empezó a ser considerado tierra santa. La gente que llegó escapando del desastre traía heridos, y muchos fallecían en el camino. Ellos fueron enterrados a los pies de las estaciones del Calvario.
Por eso, además de espacio de devoción, el Calvario siempre fue también un “campo santo”. No se sabe cuántas personas descansan allí, pero sí que muchos enterramientos corresponden a víctimas del terremoto.
En 1861, la Carrodilla era un rincón apartado de la ciudad. Pero también se convirtió en un lugar de salvación.
antiguo calvario de la carrodilla
Antiguo Calvario de la Carrodilla
Fogones, vigilias y caminatas nocturnas: las primeras tradiciones de Semana Santa
Después del terremoto, se consolidó una costumbre que perdura hasta hoy: acompañar al Señor de la Salud desde la noche del Jueves Santo hasta la mañana del Viernes Santo.
Venía gente de toda la provincia; acampaban, encendían fogones, tomaban mate en silencio (solo mate, porque debían ayunar) y pasaban la noche acompañando al Cristo preso. Era una vigilia popular, intensa y profundamente emotiva, que transformó al Calvario en un símbolo espiritual para los mendocinos.
El Vía Crucis, explica Cubisino, es una tradición nacida en Tierra Santa que luego se expandió al mundo. Al recorrerlo, se medita la Pasión de Cristo y se revive la historia de la salvación.
Calvario de la Carrodilla
Calvario de la Carrodilla en Semana Santa.
Archivo de Ricardo Cubisino Richardi.
La gran remodelación de 1950
El antiguo Calvario de adobe sobrevivió hasta comienzos del siglo XX. Pero fue en la década de 1950 cuando se produjo la gran transformación. El arquitecto Daniel Ramos Correa amplió la explanada, reorganizó las estaciones y diseñó el sector de las tres cruces, con un Cristo crucificado y un sepulcro nuevo construido en piedra bola.
El nuevo Calvario fue inaugurado un Domingo de Ramos y bendecido por monseñor Alfonso María Buteler, segundo obispo de Mendoza. Desde entonces, el lugar adquirió su fisonomía actual.
Las imágenes también forman parte del patrimonio recuperado. En 2013, bajo la iniciativa del padre Antonio Marianelli, comenzó un proyecto de revalorización de todas las imágenes históricas. Hasta entonces solo el Señor de la Salud permanecía expuesto todo el año; las demás aparecían únicamente en Semana Santa. Hoy todas están en la capilla, destinadas a la veneración pública.
La tradición del “encuentro” también es central: el Jueves Santo, Jesús salía por una calle y la Virgen por otra hasta encontrarse. De allí nace la advocación Nuestra Señora del Encuentro.
La historia del Cristo Huarpe
Uno de los relatos más impactantes que comparte Cubisino es el del Cristo Huarpe. Aunque no fue hecho por huarpes, recibió ese nombre por haber estado en la zona de Laguna del Guanacache. Se trata de un Cristo jesuítico de enorme valor patrimonial.
Permaneció años en el Museo de la Carrodilla, hasta que fue trasladado al seminario por pedido de monseñor Cándido Rubiolo.
Cristo Huarpe calvario de la Carrodilla
Para el nuevo Calvario se hizo una réplica, basada en un calco del original. Ese mismo escultor creó el Cristo Yacente que hoy descansa en el sepulcro. La historia tiene un capítulo sorprendente: monseñor José Américo Orsali ordenó quemar la imagen por considerarla “desproporcionada”.
“Por suerte uno de los sacerdotes lo escondió en la sacristía. Gracias a ese gesto, la imagen se salvó”, enfatiza Cubisino.
Jueves Santo en el Calvario de Godoy Cruz
Jueves Santo en el Calvario de Godoy Cruz
Daniel Caballero
Adobe, columnas y campanas que hablan en la iglesia de la Carrodilla
La iglesia de la Carrodilla actual combina restos del templo primitivo con reconstrucciones posteriores al sismo de 1861. Solo se salvaron las paredes laterales; lo demás fue reconstruido con arcos y columnas que aún pueden verse.
El campanario también fue levantado nuevamente, con dos campanas nuevas que llevan nombres: Santa Elena y San Julio. Las tejas del techo, curiosamente, son más antiguas que la iglesia: pertenecieron al Hospital San Antonio, de época sanmartiniana.
Además de fundar el Calvario, fray Aimón fue clave en la construcción de la iglesia de la Carrodilla y fundó otros tres calvarios en el país. Murió en Catamarca. Y su muerte estuvo acompañada de un hecho singular.
“Cuando Aimón falleció, las campanas de la Carrodilla sonaron solas. Es el lenguaje de las campanas: cuando llaman al muerto, suenan graves, una vez y paran. Nadie entendía qué ocurría hasta que llegó la noticia”, recuerda Cubisino.
Jueves Santo en el Calvario de Godoy Cruz
Jueves Santo en el Calvario de Godoy Cruz
Daniel Caballero
Los murales y la memoria visual de Mendoza
El conjunto de altos relieves que rodea el lugar narra la historia de la Virgen de la Carrodilla y de la iglesia. Si se los une, forman el mapa de Mendoza. En ellos aparece incluso el campanario original, de madera y aguja gótica.
Otro mural esencial es el de la Virgen de los Viñedos, obra de Hugo Leites, donde se representa a una monja dominica, recordando la presencia de estas hermanas en la antigua casa de los Solanillas, donde dirigían una escuela.
El mural final retrata la coronación de la Virgen de la Carrodilla en 1938, ceremonia realizada precisamente en el Calvario, con miles de fieles acompañando la imagen.