El platero argentino Juan Carlos Pallarols habló en "Tiempo Real" programa de Aconcagua Radio sobre la finalización de la creación de un cáliz y una patena destinados al Papa León XIV, en una obra colectiva que recorrió distintas provincias y reunió a cientos de personas. Las piezas fueron realizadas con plata y materiales provenientes de conflictos bélicos.
En el silencio de su taller en San Telmo, donde el eco de los martillos resuena con la fuerza de una tradición centenaria, el platero dio los toques finales a una obra de trascendencia universal. Se trata de un cáliz y una patena de carácter federal y colectivo destinados al Papa León XIV.
Son piezas que en conjunto pesan apenas un kilogramo pero cargan con el peso de la historia: han sido forjadas con material bélico de conflictos como Malvinas y el Oriente Medio, transformando el horror del plomo en un símbolo de fe que ha recorrido cada rincón de la Argentina.
Transforma metal de Malvinas en un cáliz de la paz para el Papa.
Captura de video de Youtube
Un proceso federal y colectivo: el cáliz del pueblo
Para Pallarols, que prefiere la humildad del término "platero" por sobre cualquier otro título rimbombante, esta obra no es suya, sino de todos. Durante más de un año, el orfebre ha custodiado un proceso donde la técnica litúrgica se funde con la voluntad popular. "Mientras que el cáliz es la copa consagrada para el vino, la patena —que ya descansa terminada y reluciente en su baño de oro— es el plato destinado al pan del sacrificio", comentó Pallarols.
El carácter "federal" de la obra no es una metáfora. Pallarols ha llevado el metal por las provincias de Chaco, Corrientes y Córdoba, entre muchas otras, permitiendo que ciudadanos de a pie se conviertan en artesanos por un instante. Cada golpe de cincel, cada marca en el metal, es un deseo de paz grabado a fuego.
"El dibujo se fue transformando con la colaboración siempre de gente, recorriendo todas las provincias y haciéndolo entre todos", explicó el artista, subrayando que "la obra final es el resultado de un diseño vivo que se nutrió del encuentro en plazas y centros culturales".
Del horror de la guerra a la construcción de la paz
La materialidad de estas piezas encierra una paradoja conmovedora. Si bien la copa del cáliz es de plata pura, el resto del cuerpo y la patena dorada nacieron de la "fundición de despojos de muerte", subrayo el platero.
Se trata de material bélico proveniente de la Guerra de Malvinas y de los persistentes conflictos en Israel y Palestina. "Este metal fue recolectado por todo el mundo por un brigadier retirado de la Fuerza Aérea, quien me lo entregó para que el fuego hiciera su labor de alquimia: convertir la destrucción en arte sacro", explicó Pallarols.
"Esta decisión no es puramente estética; es una toma de posición política y ética ante un mundo convulsionado", sentenció. Frente a los discursos de poder y las dinámicas económicas que sostienen los conflictos armados, el platero opone la creación colectiva.
"Lo que yo trato es de que la gente piense y sienta que la guerra es un mal negocio. Tenemos que trabajar para la paz, y la única solución posible en el mundo es que no haya más guerras", acotó el platero.
Una obra sin fronteras religiosas
El taller de Pallarols es un espacio de puertas abiertas donde la fe no pide documentos de identidad ni certificados de bautismo. En el "libro de mensajes" que acompaña al cáliz, la pluralidad es abrumadora: desde firmas que ocupan una página entera con reflexiones profundas hasta simples sellos de quienes solo pudieron dejar su nombre.
La universalidad de la obra ha atraído a figuras tan dispares como el legendario guitarrista de Guns N' Roses, Slash, quien grabó un dibujo y un mensaje en inglés en el metal. Asimismo, creyentes musulmanes han plasmado sus oraciones en árabe, demostrando que el anhelo de paz es un lenguaje común.
"Aprendí a rezar en hebreo y en árabe para poder leer el Corán. O sea, yo creo que la fe no tiene patria", reflexionó Pallarols. Un hombre que, pese a ser un católico practicante, entiende la espiritualidad como "un puente y no como un muro".
La curiosidad de San Telmo: Rivadavia en el "exilio" del baño
Entrar al atelier de San Telmo es sumergirse en un museo de la argentinidad, pero también en el ingenio y las convicciones de su dueño. Entre reliquias y herramientas, destaca una anécdota que suele arrancar sonrisas a los visitantes: la ubicación de la partida de nacimiento original de Bernardino Rivadavia. El documento no ocupa un lugar de honor, sino que cuelga en las paredes del baño.
La justificación de Pallarols es tan firme como un golpe de martillo: su admiración por el General José de San Martín es incompatible con la figura de quien, desde el poder, le dio la espalda al libertador.
"Porque una persona que le negó favores y le cerró las puertas al General San Martín no merece más que eso", sentenció el platero. Ante la sugerencia de que Rivadavia pudo haber hecho algo bueno por el país, Pallarols remató con ingenio: "Que yo todavía no conozco".
El legado de Juan Carlos Pallarols no reside únicamente en la perfección técnica del oro y la plata, sino en su capacidad para interpretar el sentir de un pueblo.
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