5 de octubre de 2026 - 20:29

Nutricionista contó en Aconcagua Radio por qué no podemos seguir con la agricultura convencional en Argentina

La nutricionista Lorena Narpe analizó en su columna semanal un estudio realizado en Argentina que detectó residuos de glifosato y otros plaguicidas en muestras biológicas.Además, advirtió sobre los riesgos del modelo agrícola convencional y brindó recomendaciones para reducir la exposición a estos tóxicos.

Lorena Narpe, licenciada en nutrición analizó en su columna "Nutrición y Bienestar" semanal de Aconcagua Radio un estudio realizado en Argentina que puso bajo lupa la exposición de la población a los agroquímicos. Además, comentó que se detectaron residuos de glifosato y otros herbicidas en muestras biológicas de personas analizadas.

Un estudio reveló que el 86% de los argentinos presenta residuos de plaguicidas en su organismo. Lorena Narpe analizó los riesgos del modelo agrícola convencional, las trabas políticas a la regulación y las pautas de consumo consciente para reducir la exposición a tóxicos.

El veneno invisible en el plato cotidiano

La presencia de agrotóxicos en los alimentos dejó de ser un debate abstracto para convertirse en una preocupación de salud pública directa. La difusión de los datos del proyecto Sprint (SustainablE PRotection In TRansition), impulsado en el país por científicas del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), encendió las alarmas: en un muestreo realizado sobre 73 personas en Argentina, se hallaron rastros de glifosato y otros herbicidas en orina, materia fecal y sangre humana. La cifra resulta categórica: aproximadamente el 86% de la población argentina porta residuos de glifosato en su cuerpo.

Durante su columna habitual de "Nutrición y Bienestar" la licenciada Narpe abordó la gravedad de estos hallazgos y el contraste entre las normativas locales y los estándares internacionales de protección ambiental.

"Hemos recolectado resultados donde hay restos de glifosatos, sobre todo, y otros herbicidas en orina, materia fecal y sangre en personas en Argentina. A raíz de ello, desde hace un tiempo nos cuestionamos un dilema: ¿por qué en otros países, como en la Unión Europea, están prohibidos y acá no llegamos a esos estándares del primer mundo?", planteó la especialista.

La especialista remarcó que las tensiones políticas y comerciales que perpetúan el uso masivo de estos insumos en el campo argentino, donde existen alrededor de 100 plaguicidas y herbicidas, en la Unión Europea se encuentran terminantemente prohibidos.

"Singenta, que es el creador del glifosato —el plaguicida de uso más extendido—, tiene protección política para seguir usándolo", afirmó el conductor durante el programa, a lo que Narpe coincidió resaltando la necesidad de repensar urgentemente el modelo productivo: "Ya no puede más seguir la agricultura convencional. Es el momento de pensar en otros modelos agroecológicos y en la agricultura regenerativa, que aparte de cuidar el alimento, cuida la biología del suelo".

Músculo político, desregulación y vacíos de control

La problemática no abarca únicamente a la producción frutihortícola de consumo directo, sino que se extiende a los monocultivos de mayor escala, como la soja, el maíz y el trigo, que luego ingresan como insumos a la industria de alimentos ultraprocesados.

El retroceso en las regulaciones ambientales y la desarticulación de organismos nacionales de fiscalización fueron señalados como factores agravantes. Un caso paradigmático fue la situación de la provincia de Misiones, donde se dio marcha atrás a la legislación que prohibía progresivamente el glifosato en los cultivos de yerba mate, en coincidencia con la pérdida de competencias regulatorias e institucionales de entes de control.

"Se ve la alimentación como un negocio y no desde la perspectiva de la salud. Lamentablemente, uno como nutricionista está inmerso en esto porque la recomendación profesional siempre va a ser consumir frutas y verduras por sus fitoquímicos y nutrientes, pero nos encontramos con esta realidad", advirtió la licenciada Narpe.

Impacto en la salud: disruptores hormonales y la advertencia de la OMS

Los efectos de la acumulación de agrotóxicos en el cuerpo humano han sido objeto de controversia científica, condicionada en parte por la escasez de financiamiento para investigaciones independientes de largo plazo. Sin embargo, los antecedentes internacionales son contundentes: en 2015, la Organización Mundial de la Salud (OMS), a través de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), clasificó al glifosato como "probablemente cancerígeno para seres humanos", tras comprobarse su carcinogenicidad en estudios con animales.

Además de su potencial oncogénico, Narpe recordó que estos compuestos químicos funcionan como disruptores hormonales, alterando el sistema endocrino incluso en dosis pequeñas pero continuadas.

"Todos estos compuestos actúan como disruptores hormonales. Y no hay que pensar solamente en las frutas y verduras, sino también en los granos. En Argentina donde más se utiliza el glifosato es en los monocultivos como la soja, el maíz y el trigo, que forman parte de una cantidad enorme de alimentos procesados. Este tipo de agrotóxicos está en casi todo", explicó la nutricionista.

De la tierra al consumidor: ¿Qué acciones individuales y colectivas se pueden tomar?

Frente a la imposibilidad de eliminar completamente los residuos mediante el lavado convencional con agua o bicarbonato de sodio —dado que muchos de estos agroquímicos poseen propiedades sistémicas y penetran los tejidos del vegetal—, la especialista compartió recomendaciones prácticas para mitigar los riesgos en el hogar:

  • Lavar y pelar los vegetales: Aunque la cáscara concentra una porción valiosa de fibra dietaria, la recomendación actual ante productos de origen convencional es pelarlos minuciosamente.

    "Antes se decía que alcanzaba con sumergirlos en agua con bicarbonato de sodio, pero la verdad es que queda bastante residuo. Una de las recomendaciones principales es pelar los vegetales: comer sin piel el tomate, la manzana, la pera, por más que ahí esté la fibra", aconsejó Narpe.

  • Consumo de productos orgánicos y de estación: La nutricionista citó investigaciones que demuestran que reemplazar la dieta convencional por alimentos orgánicos durante solo dos semanas logra reducir hasta en un 90% la excreción urbana de glifosato en orina.

  • Revalorizar las marcas de la naturaleza: Desconfiar de la "perfección estética" industrial. Las frutas excesivamente abrillantadas o de tamaño desmedido suelen contener capas de ceras sintéticas y altos aportes de fertilizantes químicos.

    "Cuando elegís la frutilla más grande o perfecta a la vista, generalmente hay una mano de algún fertilizante o químico, porque la naturaleza no es así de perfecta. Encontrar un pequeño insecto o gusanito en una verdura no está mal; al contrario, demuestra que ese alimento tiene menos veneno", argumentó.

  • Fomento de la agroecología y huertas familiares: Apoyar ferias locales de productores a consumidores (como los mercados agroecológicos de cercanía en plazas o municipios) y promover el cultivo propio, instalando árboles frutales y huertas domésticas.

"Como consumidores tenemos el derecho a exigir una alimentación inocua y reglamentaciones más estrictas. Al elegir comprar en mercados agroecológicos y consumir de estación, estamos generando una demanda concreta que ayuda a cambiar el modelo productivo", concluyó Lorena Narpe.

Escucha la nota completa acá y podés escuchar la radio en vivo en www.aconcaguaradio.com

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