El bullying y el odio se trasladaron a las redes sociales tras la pandemia

Durante la cuarentena creció el uso de aplicaciones desde donde los violentos ejercen su abuso, incluso con extorsiones y amenazas. Desde la DGE dicen que no hay más casos sino que tienen más difusión

El bullying y el odio se trasladaron a las redes sociales tras la pandemia

El bullying, en sus diversas manifestaciones, siempre encuentra la forma de hacerse presente en una sociedad que muchas veces no logra hacerle frente. Ahora pareciera que el método elegido por algunos de los adolescentes de las escuelas mendocinas son las redes sociales, un ámbito en el que muchos de ellos pasan varias horas del día.

Hace unos días se conoció el caso del colegio ISEP, de Godoy Cruz. La alarma se activó a partir de mensajes violentos en redes sociales (Secreto.site), donde una persona anónima, con el apodo “Bardoo”, indicaba que el pasado lunes 30 de mayo sus compañeros “sufrirán las consecuencias” porque se había cansado de que le hicieran bullying en la secundaria ubicada en calle Perito Moreno 497.

También hay casos de otras escuelas en donde a través de Instagram o de Telegram, por nombrar algunas redes sociales, se agrede desde cuentas anónimas a compañeros. En estos casos, quien ejerce la violencia suele brindar información de carácter privado – a veces inventada y sólo con el fin de difamar- o bien, compartir fotos sin el consentimiento de quien la protagoniza.

En la provincia existió el programa “Mendoza libre de bullying” que el gobierno escolar generó para dar apoyo a las instituciones escolares y darle herramientas a los equipos directivos, a los servicios de orientación, docentes padres y estudiantes y que, en conjunto, se pudiera prevenir la problemática para que cada escuela pudiera decir de sí misma que estaba “libre de bullying”.

Sin embargo, el programa se discontinuó y se han mediatizado muchos casos en los últimos días.

Escuelas en alerta

Fabricio Meza (16) y Tomás Monzo (17), de la escuela José Vicente Zapata, de Ciudad, integran el equipo del proyecto “Escuelas en alerta” de la que participan otros tres colegios: Adolfo Pérez Esquivel, Joaquín Lavado y José Dávila. “Nos anotamos voluntariamente y a partir de una preocupación porque se dan muchos casos de bullying en la escuela. Así que decidimos ponernos en campaña. Más que nada porque ha tenido un impacto muy grande la pandemia y todo lo que vino después”, dijeron los estudiantes.

Según contaron, notan el bullying en lo verbal y lo físico. Pero también han identificado la violencia psicológica entre compañeros. Respecto a las redes sociales, indicaron que han notado el ciberbullying. “Se crean perfiles falsos en las redes y comienzan a difamar con información falsa. Creemos que para que esto pase es que las personas que hacen bullying tienen problemas con sus familias. Por eso creemos que lo principal es ayudar a esa persona con sus familiares. Ver qué está pasando”, comentaron los jóvenes que integran este equipo junto a otros ocho compañeros.

También contaron que desde la escuela se dan charlas y se los intenta convencer de que tarde o temprano el bullying se sufre en carne propia. También proyectan videos informativos representados por pares en donde se evidencia el acoso escolar.

“Creemos que hay que meterse en la problemática. Hay que ser varios contra el que hace bullying. Por eso queremos que sea desde nosotros que salgan las charlas para que llegue más”, explicaron. Agregaron que la pandemia agravó los problemas de este tipo por el tiempo que los estudiantes pasaron con sus familias en donde se intensificaron problemáticas latentes que luego los chicos reproducen con sus pares.

“Falta más apoyo entre los compañeros. Todo tiene solución, el tema es buscar la manera de que esto se corte en todas partes, no sólo en la escuela. Porque puede darse el bullying en otro ámbito. Hay que seguir trabajando en la contención”, remarcaron.

Un reflejo de la vida offline

La licenciada en psicología Carolina Bogado indicó que lo que está sucediendo es causa y consecuencia del impacto de la pandemia y el aislamiento. “Con el aumento de lo virtual, aumentó el uso de las redes sociales como herramienta. Esto, acompañado de la crisis económica que afecta la salud mental de las personas y el ámbito cotidiano. Como consecuencia, todo esto se ve reflejado en la escuela y la casa porque es donde más tiempo están los chicos. Y, por ende, todo lo que sucede en las redes es reflejo de la vida offline”, dijo la especialista en salud mental.

Por otra parte, indicó que debe entenderse que si nos centramos solamente en las personas que acosan se podrá observar que la mayoría son personas que sufren. Porque una persona que crece en contexto de amor y cuidado en general no es propiciador de bullying. “En general adolescentes violentos provienen de contextos violentos”, indicó.

Haciendo referencia a las escuelas, Bogado señaló que es fundamental conocer qué herramientas usan los estudiantes y en ese sentido, los adultos deben capacitarse, estar al tanto y saber qué es lo que se usa y por dónde se informan.

“Paralelamente, hay que fomentar el diálogo desde chicos con ellos. Porque llega un momento en que los adolescentes conocen y saben qué tecnologías usan pero los padres no. Y lo hacen en ámbitos donde la línea es muy delgada entre la privacidad que necesitan tener, el permiso que tienen para usarlas, y el control que se necesita ejercer. Y en esto, todo es más fácil si hay confianza”, finalizó Bogado.

Más bullying, estrés y fobias

Claudio Peña, director de la escuela Vicente Zapata y miembro de la Asociación Profesional de Directores de Educación Media (Aprodeme), reconoció que han aumentado los casos de esta problemática luego de la pandemia, aunque también de estrés, fobias e intentos de suicidio. Ante esto, están trabajando desde la asociación para empoderar a los directivos para que luego estos lo bajen a su servicio de orientación y con los estudiantes.

“Creemos que es importante que los estudiantes trabajen con sus pares con un dispositivo en el formato de taller. Queremos acompañarlos para supervisar, pero es bueno que entre sus pares, dialogando, trabajen este tema. Les ayudamos a identificar víctima y victimario, pero también los observadores y sus actitudes ante el bullying y el ciberbullying. Todas esas conductas son las que se están trabajando”, reconoció Peña.

También dijo que, si bien el ciberbullying ocurre fuera de la escuela, donde más impacta es allí. “Tenemos que trabajar la responsabilidad del uso en las redes sociales. Porque el ciberbullying es tan o más grave que el bullying”, añadió el docente y anunció que el 15 de junio se realizará un taller desde Aprodeme para todos los directivos que quieran participar.

También informó que se trabaja en la escuela con docentes y preceptores, enfocando la temática hacia la detección temprana. “Una situación de violencia aislada no es bullying, eso explicamos y debemos comprender que para considerarlo debe ser sistemático. Con docentes y preceptores trabajamos la detección y luego la acción”, cerró.

Campaña de difusión

Para la DGE, la problemática del bullying no ha crecido sino que se mantiene en los niveles prepandemia. De todas formas, admitieron que tiene más visibilidad porque se han mediatizado casos concretos.

Miguel Conocente, de la Dirección de Orientación y Apoyo Interdisciplinario a las Trayectorias escolares (Doaite) indicó que en breve el Estado provincial (no sólo la DGE) lanzará una campaña para prevenir el acoso escolar. “Va a apuntar a tres públicos: los estudiantes, los docentes y los padres”, adelantó.

Y aclaró que si bien la Doaite trabaja con primaria y jardín, realizan asesoramiento a los Servicios de Orientación Escolar de las secundarias. “El año pasado dimos 840 talleres de prevención por la demanda de las escuelas y porque es parte de nuestra área de temáticas”, remarcó Conocente. Y cerró: “Estamos ayudando mucho a los SOE en estos casos y también a las escuelas privadas cuando ocurren casos de este tipo”.

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