Hay un aumento de los suicidios y un incremento de los cuadros de salud mental que están dando cuenta de un alto nivel de sufrimiento en amplios sectores de la sociedad
Las tasas provinciales de suicidio consumado por cada 100.000 habitantes pasaron de 8,1 en 2023 a 11,7 en 2024 y 12,1 el año pasado.
La problemática puede presentarse a cualquier edad, pero en particular desde el área de Salud Mental de Mendoza destacan que la franja de mayor incidencia es la que va entre los 30 y los 39 años; sin embargo, lo que está generando más preocupación es el incremento entre los adolescentes, incluso con algunos casos esporádicos de niños en Mendoza. Entre ellos, es alarmante la cantidad de casos de autolesiones que llegan a los servicios de atención.
Un informe de la organización Vinculat con información oficial, marcó cuánto es mayoritaria la incidencia entre los varones: en 2025, 191 suicidios correspondieron a varones (77%) y 57 a mujeres (23%). La mitad de los casos ocurrió en personas de hasta 38 años.
2- Qué puede influir en que una persona piense en el suicidio
Al analizar probables detonantes, Manuel Vilapriño, director de Salud Mental de Mendoza, señaló que las enfermedades mentales comprometen el funcionamiento global de la persona a partir de un "estrés agudo o crónico" que dispara una genética preexistente. Incluso, al evaluar la franja de 30 a 39 años, el funcionario planteó como hipótesis epidemiológica que podría tratarse de trastornos iniciados en la adolescencia (entre los 15 y 25 años) que persistieron en el tiempo sin el tratamiento adecuado. Pero también lo atribuyó a cuadros graves que, ante un factor estresante muy importante a nivel familiar o laboral, terminan desencadenando la conducta suicida.
Prevención activa: Preguntar directamente sobre pensamientos suicidas y escuchar sin juzgar son pasos cruciales para ofrecer ayuda profesional.
“Detrás de estos datos hay algo que ninguna estadística puede dimensionar: el dolor de una muerte. Hablar de suicidio no significa buscar culpables ni encontrar explicaciones simples para una realidad compleja. Significa, en cambio, intentar llegar antes, reconocer el sufrimiento y generar espacios donde una persona pueda decir que no está bien”, advierte Vinculat que ofreció el aporte de la médica psiquiatra Ana Laura Fava, sobre las señales de alerta y la importancia de animarnos a preguntar, escuchar y acompañar.
3- El adios al mito de que es mejor no hablar de suicidio
Durante mucho tiempo estuvo instalada la concepción de que era mejor no hablar del suicidio, no dar detalles y, por ello, cuando se debia hacer, se apelaba a eufemismos. Este paradigma cambió para dar lugar a todo lo contrario: de esto sí se habla y es necesario y urgente hacerlo. Así, el tema pasó a ser parte de la agenda de quienes trabajan en salud mental, lo que llevó a generar más espacios de atención, más conversación y más información. De hecho, hasta hace un tiempo no había siquiera datos estadísticos que permitieran conocer el escenario al respecto. Actualmente, se ha logrado una sistematización que permite orientar las estrategias en salud.
Lo mismo pasa al interior de los grupos y las familias: la salud mental es algo de lo que se puede hablar y el suicidio es parte. “Preguntar de manera directa y cuidadosa sobre el suicidio no aumenta el riesgo ni “induce” a una persona a suicidarse. Por el contrario, puede abrir un espacio de escucha para que alguien pueda expresar un sufrimiento que hasta ese momento no estaba pudiendo expresar o mantenía en silencio”, resaltó Fava.
“Lo importante -agregó- es cómo se aborda y no tener miedo a preguntar. No se trata de interrogar ni de juzgar, sino de preguntar, escuchar, validar el sufrimiento de la persona y buscar ayuda profesional”.
4- Cómo hablar sobre suicido
¿Preguntarle a alguien sobre el suicidio les mete esa idea en la cabeza? El Instituto de Salud Mental de Estados Unidos toma la posta con esta pregunta tan frecuente y responde rotundamente: no. “Diversos estudios han demostrado que preguntar a las personas sobre pensamientos y conductas suicidas no ocasiona ni aumenta estos pensamientos. Preguntarle a alguien directamente: "¿Estás pensando en suicidarte?" puede ser la mejor manera de identificar a alguien en riesgo de suicidio”.
Luego responde otra inquietud habitual: ¿"Amenazan" las personas con suicidarse para llamar la atención? En ese sentido explica que los pensamientos o las acciones suicidas son un signo de angustia extrema y un indicador de que alguien necesita ayuda. “Hablar de querer suicidarse no es una respuesta usual al estrés. Toda conversación sobre el suicidio debe tomarse en serio y requiere atención inmediata”, subraya.
Y en este punto hay acuerdo absoluto: uno de los criterios fundamentales es evitar juzgar a las personas con pensamientos suicidas, lo cual aplica a cualquier situación de salud mental (y, por qué no, a la vida en general).
“Parte del estigma que pesa sobre el tema del suicidio se debe a que con demasiada frecuencia se asocia al suicidio con la locura, la enfermedad mental, la debilidad de carácter, cobardía o la inestabilidad emocional. Nada de todo esto es así, cualquiera de nosotros podría tener pensamientos suicidas frente a situaciones desesperantes en su vida. Por eso, debemos ser más comprensivos y no seguir alimentando el silencio con juicios apresurados y casi siempre falsos”, plantea la organización Hablemos de Suicidio.
5- Suicidio: ¿a qué estar atentos?
Una de las dificultades es que muchas señales pueden confundirse con una “mala etapa”, especialmente durante la adolescencia. Primero y principalmente hay que entender que la adolescencia tiene características particulares: es una etapa de muchos cambios a nivel psíquico, emocional y físico, advierte Fava.
“Hay que prestar atención a cambios importantes y persistentes en el comportamiento: aislamiento, pérdida de interés por actividades habituales, alteraciones marcadas del sueño o del apetito, descenso repentino del rendimiento académico o laboral, abandono de vínculos y tendencia al aislamiento, irritabilidad, desesperanza, sentimientos de culpa o de ser una carga para los demás, aumento del consumo de alcohol u otras sustancias, conductas impulsivas o de riesgo y autolesiones”, enumeró.
Pero sobre todo dijo determinante que ninguna señal por sí sola permite afirmar que existe riesgo suicida: “Lo que debe alertarnos es la combinación de señales, su intensidad, su aparición reciente y, especialmente, la presencia de pensamientos de muerte o suicidio”.
Prevención activa del suicidio: preguntar directamente sobre pensamientos suicidas y escuchar sin juzgar son pasos cruciales para ofrecer ayuda profesional. Imagen ilustrativa creada con IA
Se debe prestar atención a ciertas frases como: “No quiero seguir viviendo”, “Ojalá pudiera desaparecer”, “Todos estarían mejor sin mí”, “No encuentro ninguna salida”, “Ya no puedo más”, “No tiene sentido seguir” o “Me siento una carga para los demás”.
La especialista hizo hincapié en que, incluso cuando se dicen en tono de broma, nunca hay que minimizar estas frases. No significa que toda persona que diga algo así tenga intención suicida, pero sí constituye una oportunidad para acercarse y preguntar cómo está realmente.
6- Cuáles pueden ser las señales de alerta ante el riesgo de suicidio
El instituto estadounidense ofrece un detallado listado de signos de advertencia de que alguien puede estar en riesgo inmediato de intentar suicidarse:
- Hablar de querer morir o desear matarse.
- Hablar de sentirse vacío o desesperado, o de no tener motivos para vivir.
- Hablar de sentirse atrapado o pensar que no hay ninguna solución.
- Sentir un dolor físico o emocional insoportable.
- Hablar de ser una carga para los demás.
- Alejarse de familiares y amigos.
- Regalar posesiones importantes.
- Decir adiós a amigos y familiares.
- Poner sus asuntos en orden, como hacer un testamento.
- Asumir grandes riesgos que podrían resultar en la muerte, como conducir extremadamente rápido.
- Hablar o pensar en la muerte con frecuencia.
Otros signos de advertencia graves de que alguien puede estar en riesgo de intentar suicidarse incluyen:
- Mostrar cambios extremos en el estado de ánimo, pasando repentinamente de estar muy triste a sentirse muy tranquilo o feliz.
- Hacer planes o buscar formas de suicidarse, como buscar métodos letales en línea, acumular pastillas o comprar un arma.
- Hablar de sentirse muy culpable o avergonzado.
- Consumir alcohol o drogas con más frecuencia.
- Mostrarse ansioso o agitado.
- Cambiar los hábitos alimenticios o de sueño.
- Mostrar furia o hablar de buscar venganza.
7- Puede haber señales invisibles de que alguien piensa en el suicidio
Pero Fava advirtió que no todas las personas con riesgo suicida presentan un malestar evidente. Dijo que algunas pueden continuar trabajando, estudiando, socializando e incluso mostrarse especialmente tranquilas o alegres. “Los motivos pueden ser varios: en la actualidad vivimos en modo automático, desconectados de nosotros mismos y no siempre registramos lo que sentimos o lo que nos pasa. Otras personas sienten vergüenza o temor de preocupar a los demás, o han decidido no comunicar sus pensamientos”, expresó.
También puede ocurrir que, después de un período de gran angustia, una persona se muestre repentinamente más tranquila o alegre. Ese cambio no debería interpretarse automáticamente como una mejoría, especialmente si coincide con otros indicadores de riesgo.
Es fundamental entender que el suicidio o el intento de suicidio son la punta de un iceberg: de fondo existe una problemática o enfermedad relacionada con la salud mental.
8-Qué cosas ayudan y cuáles conviene evitar ante el riesgo de suicidio
Desde Vinculat señala que lo primero es acercarse y escuchar sin juzgar, sin intentar resolver inmediatamente el problema y sin minimizar lo que la persona está viviendo.
Es importante preguntar directamente si está pensando en morir o en suicidarse, tomarse tiempo para la escucha, y si la respuesta es afirmativa, pedir ayuda urgente.
Una de las premisas básicas ante la sospecha de la intención de hacerlo es no dejar sola a la persona y comunicarse con el área adecuada para pedir ayuda, que puede ser el 911 o el Centro de Ayuda al Suicida.
Fava dijo que conviene evitar frases como “tenés que poner de tu parte”, “es un cambio de actitud”, “hay gente que está peor”, “pensá en tu familia”, “eso es una locura” o “lo hacés para llamar la atención”. Aunque se digan con buena intención, pueden aumentar la culpa y hacer que la persona deje de hablar.
“En prevención del suicidio, la clave está en preguntar, escuchar, acompañar y pedir ayuda profesional”, remarcó.
9-¿Hay una época del año en que hay más predisposición al suicidio?
Al respecto, Fava dijo que existe evidencia de variaciones estacionales en las conductas suicidas, pero es importante no simplificar esto. En algunos países y poblaciones se observa un incremento durante los cambios estacionales, como otoño y primavera. Sin embargo, se trata de un fenómeno complejo en el que influyen distintos factores relacionados con la luminosidad, los ritmos circadianos, el sueño, la temperatura, la actividad social y otros factores ambientales y psicosociales.
Además, estos patrones pueden variar según el país, la edad y otros factores. Por eso, desde la prevención, es más importante identificar a las personas en situación de vulnerabilidad durante todo el año que asociar el riesgo exclusivamente con una determinada estación.