En Mendoza, el café dejó de ser sólo una bebida para convertirse en una experiencia. Con el boom del consumo de café de especialidad, también nacieron nuevas formas de llevarlo al público. Una de ellas es el café móvil, una propuesta que combina calidad y cercanía en las calles del Centro mendocino y que se ha consolidado entre los clientes. En plazas estratégicas de la provincia, tres proyectos lo demuestran: El Triciclo Café, Hefesto Café y Ethiopia BaristaBike.
Lejos de lo improvisado, estos puestos sobre ruedas apuestan por el café bien hecho y una atención personalizada. Sus creadores son baristas formados, apasionados, que decidieron transformar plazas públicas en puntos de encuentro donde se sirve calidad al paso.
Calidad sobre ruedas
La tendencia arrancó con fuerza en la plaza San Martín. Desde 2021, Lautaro Vignoni, creador de El Triciclo, fue pionero en la modalidad en Mendoza. “Quería romper con la idea de que el café para llevar no era buena opción. Mendoza tenía esa barrera”, cuenta. Su propuesta combina eficiencia, calidad y cercanía: “En un minuto te llevás tu café. No hay que pasar por mozos, ni esperar”.
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Lo que empezó como una idea arriesgada, hoy es un punto de encuentro para quienes buscan buen café sin perder tiempo.
En Maipú, Emiliano Devita, creador de Hefesto Café, apostó por instalarse en la Plaza 12 de Febrero. Su historia empezó con un carrito de supermercado, termos y mucha convicción. “No teníamos plata para abrir una cafetería, pero sí estrategia y convicción, algún día vamos a tener nuestro local” afirmó Emiliano sobre sus comienzos. Mientras tanto, transforma cada jornada en una experiencia con café de especialidad y hasta una bebida propia que creó para el Mundial del Café: el Ferrero Rocher, una receta de autor que ya está patentada.
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Emiliano Devita comenzó con un carrito de supermercado y termos; hoy su carro ofrece café de especialidad y bebidas de autor como el Ferrero Rocher.
Y en plaza España, Fernando Javier González y su hijo armaron Ethiopia BaristaBike, una bicicleta reciclada en un 80% que, con el tiempo y mucho oficio, se convirtió en la cafetería móvil más equipada de la Argentina. “Tenemos bacha, calefacción, refrigeración, todo dentro de la bici. Nos propusimos armar algo distinto. Y lo logramos”, asegura Fernando, que también es chef, pastelero y barista. Su concepto nació post pandemia con una idea clara: ofrecer una experiencia sensorial, al aire libre y de alta calidad.
“La diferencia está en la atención personalizada. Nosotros le damos al cliente lo que necesita, no lo que queremos vender. Mientras preparamos su café, le contamos lo que está tomando, su origen, sus notas. Es una forma de enseñar y de disfrutar”, relata Fernando.
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Una bici reciclada se convirtió en un proyecto familiar combina barismo, pastelería casera y mucha pasión.
Lo móvil como herramienta
En El Triciclo, la movilidad fue una decisión estratégica. “Quisimos estar fijos para que el público nos encuentre siempre. No hay mozos ni caja: es contacto directo”, dice Lautaro. En Hefesto, en cambio, fue una necesidad. “No podíamos pagar un local. El carro fue el punto de partida, después todo fue creciendo”, recuerda Emiliano.
Para Ethiopia BaristaBike, en plena pospandemia, fue también una forma de reconectar con la ciudad. “Estar en la calle, entre árboles, sin el ruido de platos ni máquinas, cambia todo. Y los clientes lo sienten”, cuenta Fernando. Su bici no solo es una cafetería, también una pastelería: elaboran los productos en base a pruebas y degustaciones propias. Entre los favoritos, el naranja latte creado por ellos.
Baristas de plaza: cercanía y comunidad
Más allá de servir café, estos emprendedores se convierten en referentes. “Nosotros les contamos a los clientes qué están tomando, de dónde viene el grano, qué notas tiene. Queremos que vivan una experiencia”, dice Emiliano.
Fernando coincide: “Calibrás la máquina todo el día, pero lo mejor es enseñar: explicarle a la gente cómo se diferencia un buen café de uno torrado. Eso genera cultura”.
En El Triciclo, incluso ofrecen lo que nombran como "café pendiente": un sistema en el que cualquier cliente puede pagar una bebida para alguien en situación de calle.
En Ethiopia, los clientes frecuentes van desde oficinistas hasta turistas internacionales. “Muchos italianos llegan buscando un espresso de verdad… y se sorprenden de encontrarlo en una bici en plena plaza”.
¿Qué los diferencia?
La diferencia clave no está sólo en las ruedas, sino en el estándar. Todos trabajan con maquinaria profesional, café de especialidad certificado y formación constante. “No es lo mismo que un café de termo a 500 pesos. Lo nuestro es calidad, con conciencia”, afirma Lautaro.
En cuanto a productos, Hefesto apuesta por lo funcional: pastelería saludable pensada para acompañar el café. Ethiopia, por su parte, innova constantemente: “Trabajamos con productos de temporada y renovamos la carta. Nuestro servicio es único, no se puede copiar”, afirma Fernando.
Emprender desde cero
Los tres baristas coinciden en algo: emprender no es fácil. “Hay momentos muy duros. Pero es tuyo, y es una prueba que hay que vivir”, dice Emiliano, y deja una frase que lo inspira: "Los barcos están más seguros en el puerto, pero no es para eso que se construyeron."
Lautaro suma: “Muchos se quedan con la idea. Mi consejo es tirarse a la pileta. Si no sale, aprendés. Pero al menos lo intentaste”.
Y Fernando, con décadas de experiencia en atención al público y formación en gastronomía, agrega: “Nunca hay que perder la esperanza. Estudiá, formate, pero hacelo único. Lo tuyo tiene que ser algo que no se pueda copiar”.
El café de especialidad no solo transformó la forma de tomar café en Mendoza, también reconvirtió plazas en espacios de encuentro, saber y disfrute. Estos proyectos demuestran que no se necesita un local tradicional para crear algo valioso.