10 de enero de 2015 - 00:00

Seis millones de musulmanes miran con miedo el futuro

Tras la masacre terrorista, la segunda comunidad del país quedó atrapada entre un Islam fanático y una ultraderecha xenófoba. Llamado a la unidad.

Un día después de la barbarie y con la república en duelo, los seis millones de musulmanes de Francia viven con miedo al futuro. La masacre de la revista satírica Charlie Hebdo ha reactivado los sentimientos de sospecha, de desconfianza de una parte de la opinión pública que cada día ejerce una laicidad más militante, con un Islam donde los yihadistas de la guerra santa o los wahabitas son una extrema minoría, que no puede ser confundida ni asimilada al conjunto que practica la fe.

Desde los musulmanes rasos hasta las organizaciones que los representan como el Consejo Francés del Culto Musulmán (CFCM), la preocupación crece ante la aparición de un Islam fanático y de los islamofóbicos, que podrían aprovecharse de la masacre de los periodistas de Charlie Hebdo para lanzar una campaña de odio contra la segunda comunidad de Francia. Se necesitará templanza, inteligencia, diferenciación y cohesión social para escapar de esta trampa, que los terroristas islámicos radicales le han tendido a los propios musulmanes y a la democracia en Francia.

El CFCM llamó a los musulmanes a la “más grande vigilancia frente a las eventuales manipulaciones de grupos con visiones extremistas, cualquiera que sean”.

El teólogo musulmán Tariq Ramadan, que también enseña en la universidad de Oxford, fue quien llegó más profundo en sus críticas. “No es el Profeta quien fue vengado. Es nuestra religión, nuestros valores y nuestros principios islámicos los que han sido traicionados y heridos”.

En su interpretación, Ramadan puso el dedo en la llaga. El debate que viene para los musulmanes de Francia es el Islam que practican, su cohesión religiosa y la aceptación de los valores republicanos en una país laico y que ha prohibido el velo islámico por ley. Una Francia que se volverá fanáticamente laica y con los republicanos valores como estandarte frente al Islam radical.

El próximo capítulo para los franceses será la cohesión nacional y cómo establecer un vínculo con la comunidad musulmana sin sospechas, agravios o mal entendidos después de esta masacre. Si se equivocan, puede ser una peligrosa tragedia. Los musulmanes deberán aceptar la ironía, la irreverencia de Charlie Hebdo y la ola que la masacre va a producir en defensa de la libertad de expresión y de la ironía que hizo de estos humanistas humoristas asesinados una marca desde mayo del 68. Aunque estén en desacuerdo con las caricaturas de Mahoma, deberán aceptar el derecho a que a otros les guste y las miren o que su religión sea tomada con irreverencia y con humor, como cualquier otra. O con la misma impertinencia que utilizan con los políticos.

El presidente François Hollande llamó a la unidad nacional sin eufemismos. Y lo consiguió: allí estuvieron desde el centrista François Bayrou hasta el izquierdista Jean Luc Melenchon más los ex presidentes octogenarios Jacques Chirac y Valery Giscard D'Estaing en el teléfono.

En el diálogo, Hollande insistió con un punto: impedir “la amalgama”, no confundir a los musulmanes con los islamistas radicales para evitar el riesgo de una implosión social, que ya conoció Francia en el 2005 cuando los suburbios estallaron bajo el gobierno de Nicolás

Sarkozy.
Fue Sarkozy quien la mencionó públicamente después de que él satanizó a esta comunidad en su campaña electoral. "Yo llamo a toda Francia a rechazar la tentación de la amalgama y presentar un frente unido frente al terrorismo, la barbarie y los asesinos. El gobierno debe tomar medidas fuertes contra el terrorismo.

Nuestra formación política sostendrá sin reservas todas las iniciativas del gobierno en ese sentido”, dijo el ex jefe de Estado conservador, que consiguió votos del Frente Nacional agitando propuestas ultraderechistas y xenófobas.

Bayrou, un centrista que es amigo personal de Hollande y líder del Modem, llamó a “cerrar los codos”. El ex primer ministro de la UMP, Alain Juppe anunció que “es la nación entera la que debe unirse y movilizarse. En este momento todas las divergencias o las críticas deben borrarse detrás de la sangre fría y el coraje”. Los ojos de Francia están en el Frente Nacional, que hasta ahora crecía en las encuestas ante el deterioro de la popularidad del presidente socialista, que se ha comportado con inmensa dignidad en su peor crisis. Su líder, Marine Le Pen dijo: “Los franceses de todos los orígenes no aceptaremos aquellos que atenten contra nuestras vidas y nuestras libertades”.

Como no quiere ser acusada de favorecer sus posiciones antiislámicas, en plena crisis tras la masacre en Charlie Hebdo, ella rechazó “toda amalgama” entre “nuestros compatriotas musulmanes unidos a nuestra nación y sus valores y aquellos que creen poder matar por el Islam”. Según ella, “hay una guerra abierta entre el terrorismo y las democracias”.

El riesgo en Francia es que la masacre de 12 humoristas lleve a la extrema derecha xenófoba a agitar las aguas e indiscriminadamente atacar la identidad de los musulmanes, su vínculo con la república, su integración y el dilema entre la religión y los valores del país. Un movimiento anti Islam ampliado en Francia, en estas condiciones, similar al alemán de Pegida que esta movilizado en Dresden, puede ser extremadamente peligroso para la convivencia entre los franceses.

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