Día del Médico: origen y desafíos actuales más allá de los aplausos

En esta jornada se recuerda a Carlos Juan Finlay, médico cubano que descubrió datos claves para frenar el avance de una enfermedad que causó estragos. Acá su historia.

Celebrar el 3 de diciembre el Día del Médico fue una iniciativa argentina que data de 1953. En ese año el Dr. Remo Bergoglio (pariente del Papa Francisco) propuso homenajear a los colegas el día del nacimiento del Dr. Carlos Juan Finlay y Barrés, médico cubano que había postulado la trasmisión de la fiebre amarilla a través del mosquito.

La fiebre amarilla es una afección viral que a lo largo del siglo XIX había ocasionado varias epidemias en distintas partes del mundo ( incluyendo Buenos Aires en 1871) y era un grave problema sanitario entre los trabajadores que construían el Canal de Panamá.

Para investigar esta teoría,el gobierno norteamericano le encomendó al Dr. Walter Reed la organización de un equipo a fin de comprobar si el Aedes aegypti transmitía este virus. A tal fin un grupo de voluntarios que incluía médicos y enfermeras, firmaron un consentimiento informado donde aceptaban la participación, conscientes de que podían morir durante la experiencia. De hecho, varios de los voluntarios fallecieron a causa de la fiebre amarilla inoculada por el mosquito.

Entre los muertos estaba el capitán médico Jesse W. Lazear (colega y amigo del Dr.Reed) y la enfermera Clara Maass. El Dr. James Carroll padeció la enfermedad y pudo recuperarse, pero una complicación cardíaca secundaria a la fiebre amarilla le ocasionó la muerte 7 años más tarde.

Carlos Finlay fue testigo del trabajo de la comisión del Dr. Reed que confirmó su hipótesis y también presenció el final de la construcción del Canal de Panamá, en agosto de 1914. Falleció un año más tarde.

El 3 de diciembre recordamos a los médicos que estudian, investigan y educan. Es el día en que visualizamos su importancia, puesta de manifiesto en estos tiempos de pandemia.

Ser médico es entrega y realización, es el privilegio de trabajar en una noble profesión que implica cuidar, escuchar, contener y acompañar. Es estar junto al prójimo desde el primer momento hasta el último aliento. Es auxiliar a nacer, asistir a vivir y ayudar a bien morir. Ser médico es estar comprometido con el otro a punto de exponerse a peligros y aún la muerte, como lo hicieron estos médicos y los muchos trabajadores de la salud que han entregado su vida a lo largo de esta pandemia como el oftalmólogo chino Dr. Li Wenliang, el primero en alertar sobre el brote de COVID 19 .

La capacitación permanente y la actualización son la obligación de todo profesional de la salud que se precie de tal. Todo ese esfuerzo merece y necesita un reconocimiento más allá de los aplausos.

Es una cuestión de todos proteger a la medicina, porque toda relación humana implica reciprocidad, es un camino compartido.

Por tal razón, es que en este Día del Médico convocamos a pensar sobre los logros asistenciales y científicos que se han dado gracias a la capacidad de observación de doctores como Finlay, al talento organizativo como el del Dr. Reed y la entrega ilimitada de Lazear ó Maass.

Llegar adonde llegamos costó sangre, sudor y lágrimas, muchas lágrimas en todo sentido, y está en todos defenderla de excesos, de restricciones burocráticas, de desmanejos económicos y de falacias administrativas.

El Día del Médico, hoy más que nunca, no es solo del profesional, es un día para todos.

*El autor es médico oftalmólogo- Miembro de la Cámara Argentina de Medicina Oftalmológica (CAMEOF).

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