Los residentes de un idílico pueblo del estado de Connecticut se encontraban ayer sumidos en el horror a raíz de la masacre de 20 niños pequeños y 6 adultos. La matanza se produjo en menos de 20 minutos a partir de las 9.30 del viernes, cuando Adam Lanza estacionó su coche en el parking de la escuela.
Los acontecimientos posteriores siguen siendo confusos. Aunque The New York Times sostiene que el autor de los disparos no tuvo dificultades para superar todas las medidas de seguridad de la escuela porque la directora, Dawn Hochsprung, le abrió la puerta, la policía, por el contrario, sostuvo ayer que ingresó a la fuerza.
Munido de dos pistolas automáticas y dos fusiles de asalto como los que usan las tropas estadounidenses en Afganistán, Lanza concentró su locura asesina en dos clases, en la que la mayoría de las 20 víctimas tenía entre 5 y diez años. La Policía fue advertida “alrededor de las 9.30”. “Policías de servicio y de franco” llegaron inmediatamente al lugar, según un comunicado de las fuerzas del orden.
La noticia se expandió rápidamente entre los padres de los cerca de 700 niños que asistían a esa escuela, muchos de los cuales se precipitaron al lugar para recuperar a sus hijos, provocando una larga fila de vehículos en los accesos.
Equipos de intervención ingresaron a la escuela rompiendo numerosas ventanas, controlando pieza por pieza del establecimiento y comenzaron a evacuar a los niños.
El cuerpo sin vida de Adam Lanza fue encontrado a las 9.50, según CNN. Al parecer se suicidó. La matanza no había durado más de 20 minutos.
Todas las víctimas fueron identificadas, informó Paul Vance. “La investigación se realizó durante toda la noche. Nuestro objetivo era identificar a todas las víctimas para aliviar a las familias. Nuestros policías trabajaron toda la noche”, dijo a la cadena CBS.
Horas después de la matanza, centenares de personas se reunieron para una vigilia en la iglesia de Newtown, cuya capacidad se vio totalmente colmada, y muchos debieron quedar fuera.
El portavoz policial Vance dijo que sólo uno de los heridos había sobrevivido e indicó que el autor de los disparos había estado inusualmente preciso y metódico a la hora de abrir fuego.
“Pensé que todos íbamos a morir”, declaró una maestra a la cadena ABC, a la que narró que se mantuvo escondida con sus alumnos en el baño.
Un joven estudiante dijo a la cadena de televisión WCBS que pudo escuchar los disparos, pero que no sabía de dónde venían. “Estaba en el gimnasio en ese momento... escuchamos varios ‘bangs’ y pensamos que era el guardia tirando cosas. Escuchamos gritos”, dijo.
“Entonces entró la policía. ‘¿Está aquí?’ Y él salió corriendo. Entonces alguien gritó ‘¡vayan a un lugar seguro!’ y nos metimos en un armario del gimnasio y nos quedamos allí por un rato”, dijo mientras llegaban sus estupefactos padres. “Entonces la policía golpeó la puerta”, ‘estamos evacuando a la gente’. Salimos corriendo”, agregó.
De todas las masacres en campus universitarios y escuelas de Estados Unidos, el saldo en número de víctimas de este episodio sólo fue superado por la de la Universidad Técnica de Virginia en 2007, en la que fueron asesinadas 32 personas.