En las veredas de Marinaleda se pueden ver personas que caminan sin prisa, salvo los que hacen ejercicios por el parque público de deportes; se pueden observar adolescentes sentados en los bancos de la Avenida de la Libertad, que hablan de cosas de adolescentes; gente grande que se acerca a uno de los tres bares del pueblo a beber una caña y conversar; jornaleros del campo reunidos en el Sindicato Obreros del Campo...
Hasta sorprenderse al notar que existen calles con los nombres del “Che” Guevara o Salvador Allende. Una señora que barre la vereda de su pequeña tienda; autos que pasan a velocidad media, aceras contorneadas por naranjos en fruto.
Al amanecer, se puede oír el cacareo de los gallos mezclado con el aroma a campo que aflora de la tierra de donde brotan habas y alcachofas. Se puede ver de todo, se puede oír de todo y oler mucho. Pero es imposible ver o escuchar u oler a un policía. Sencillamente porque el pueblo no cuenta con agentes del orden.
Desde hace 34 años, cuando Izquierda Unida ganó las elecciones municipales, el pueblo andaluz Marinaleda no tiene policías. “Antes de eso, casi no había polis y los pocos que teníamos no servían demasiado. Apenas si se dedicaban a hacer multas de tránsito”, según cuenta la concejala oficialista Gloria Prieto Buendía (33), quien trabaja ad honorem, como los restantes 10 concejales del pueblo.
Si se ingresa a una de las
páginas web del ayuntamiento
en cuestión, llama la atención la presencia de una suerte de carta con seis ítems sobre qué pasa con el presupuesto en esa pequeña comarca andaluza. En la misiva, en el punto 6, dice:
“Que no existe cuerpo de policía local, no existiendo ningún funcionario de ese cuerpo y, por tanto, tampoco existe el cargo de jefe de Policía local”. La aclaración viene a cuento debido a una polémica que estalló en España hacia agosto del año pasado acerca del modo de gobierno con que cuenta el pueblo comandado desde 1979 por el alcalde Juan Manuel Sánchez Gordillo (62), un profesor de Historia que ha ganado sucesivamente las nueve elecciones desde aquel año.
El hombre - “polémico” para la derecha y “luchador” para la izquierda- tomó como primera medida al acceder al poder prescindir de todo elemento policial vinculado con su ayuntamiento, aún a costa de desobedecer una ley nacional que indica que tiene que haber efectivos municipales en sitios donde vivan más de 2.000 habitantes. “Es fácil, acá no hay delincuencia”, soltó con seguridad Sánchez Gordillo en una nota dada al programa de tevé argentino “Caiga Quien Caiga” el año pasado.
“Los efectivos eran pocos y fueron obligados a entregar sus armas. Luego se les dio la opción de acceder al ayuntamiento para que hicieran tareas administrativas. De ellos sólo quedó uno que ya está jubilado”, rememora Gloria Prieto Buendía, concejal de IU en Marinaleda desde 2011.
Aunque no estén del todo seguros, en el ayuntamiento de ese pueblo andaluz tienen para sí que son los únicos en España que no cuentan con policías propios. Sólo los agentes de la Guardia Civil (la fuerza policial española con jurisdicción en todo el territorio nacional) son quienes aparecen de tanto en tanto por las calles tranquilas y prolijas de ese pueblo socialista español.
Ideología
Para comprender más el fenómeno, sólo basta pasar un rato por el despacho de Sánchez Gordillo (que no cuenta con seguridad y está siempre abierto al público) para observar los cuadros del Che Guevara, las referencias a la Venezuela de Chávez y los afiches a favor de la lucha Palestina que cuelgan en las paredes de la oficina.
“Toda fuerza militarizada que dependa de un estado burgués está destinada, como fin último, a defender los derechos de ese tipo de estado. Y ataca y reprime a los mismos: a los pobres y los campesinos”, según ha dicho el mismo Sánchez Gordillo en más de una ocasión ante la prensa. Y el hombre actúa en consecuencia. “Si utilizas los recursos del Estado para ir contra las personas que mantienen ese Estado el hecho se convierte en una contradicción ideológica. Nosotros no tenemos policías por eso”, indican los funcionarios del ayuntamiento.
Si en Marinaleda se comete un robo, se llama a la Guardia Civil, si hay un choque interviene urbanismo del ayuntamiento. Si alguien pierde su DNI debe ir también al ayuntamiento. Tampoco hay jueces ni fiscales allí: “Es un pueblo muy chico, no los necesitamos; prácticamente no hay robos acá, donde nos conocemos todos y todos nos tratamos como vecinos”, saca cuentas la concejala Buendía.
La posibilidad de que bandas delictivas foráneas lleguen a Marinaleda a cometer delitos es escasa, un poco debido a que no hay demasiados caminos para llegar. Y de hecho no se registran sucesos policiales en ese sitio de la Andalucía profunda donde no hay bancos (sólo la Caja Rural), ni financieras, ni supermercados ni nada que tiente a alguien seducido por el delito.
Es curioso -y hasta agradable- estar por horas y días en un sitio donde no se ve a ninguna persona con uniforme castrense. Del mismo modo que llama la atención la ausencia de grandes contrastes sociales: no hay casas fastuosas ni las llamadas viviendas precarias. Otro tanto sucede con los autos ya que las arterias de Marinaleda no son surcadas por vehículos de alta gama ni tampoco por autos destartalados: hay una suerte de uniformidad automotriz.
La ausencia de uniformados no es tomada como una ventaja para los jóvenes del pueblo. No se los ve, por caso, comandando sus autos a altas velocidades, lo que “es propio de la rebeldía capitalista”, opina Gloria. Ni tampoco se conocen grandes desmanes entre jóvenes en “Jesa”, la única discoteca del pueblo. Es como si se autorregularan. No hay violencia en esos jóvenes nacidos y criados en ese micromundo utópico y marxista donde la mayoría de ellos no ha visto nunca en vivo a un efectivo policial.
Economía
Antonio Porte, conocido en el pueblo como “El Sastre”, es un jubilado que arrienda algunas de las habitaciones de su casa a los turistas que llegan al pueblo más que nada atraídos por conocer el “Edén comunista de España”, tal como definió a Marinaleda el periódico The New York Times. Es que el pueblo no cuenta con hoteles ni residenciales.
Porte, de 62 años, observa en la ausencia de policías una especie de ahorro a la hora de pagar sus tasas municipales, las que además son de las más bajas de España. “Sabemos que con esto de no tener policía se ahorran unos 350 mil euros al año que de otro modo se gastarían en sueldos, vehículos y todo lo que conlleva mantener una fuerza de esas características. Además está claro que acá no hacen falta policías; esa plata se gasta en cosas que sirvan más como la salud y las viviendas. Y tal vez el hecho de que el gobierno municipal no fomente las diferencias sociales, haga que acá en el pueblo, no se formen delincuentes”.
Es por eso que la bandera de Marinaleda lleva los colores rojo, blanco y verde que hacen referencia a la lucha, la paz y la esperanza respectivamente. El escudo, pintado de los mismos colores, no cuenta con una corona ya que eso remitiría a una referencia monárquica. En el escudo se lee la leyenda “Marinaleda: una utopía hacia la paz”.
El color azul , vinculado a todos los uniformes de fuerzas policiales españolas y también del mundo, no encontró sitio en estos símbolos en los que se resume lo que algunos lugareños definen como “rebeldía andaluza”.