Una pandemia silenciosa. En 2025, 5.209 personas se quitaron la vida en Argentina: un 22,6% más que en 2024 y la cifra más alta de la serie oficial, según el Sistema Nacional de Información Criminal del Ministerio de Seguridad de la Nación. Son más de 14 personas por día.
La tasa llegó a 11,8 casos cada 100.000 habitantes, por encima del promedio mundial informado por la Organización Mundial de la Salud, de alrededor de 9. En el mundo, el suicidio es la tercera causa de muerte entre las personas de 15 a 29 años. En la Argentina, las tasas más altas se concentran entre los 15 y 24 años, según el Ministerio de Salud de la Nación.
Mendoza no es ajena a esta realidad. Los intentos de suicidio registrados en la provincia entre enero y mediados de julio de 2026 superaron los del mismo período de los dos años anteriores, según el Sistema Integrado de Información Sanitaria Argentino.
La provincia está haciendo esfuerzos para responder. Su programa de prevención trabaja en territorio junto a merenderos, clubes y uniones vecinales. A su vez, el Ministerio de Seguridad y Justicia, junto con la Dirección Provincial de Salud Mental, impulsa un plan para capacitar y acompañar a los 9.200 efectivos de la Policía de Mendoza.
Detrás de cada número hay una familia y una comunidad. Y la pregunta nos alcanza a todos: ¿qué estamos haciendo, cada día, para cuidar nuestra mente?
La mente no es una isla
Nunca se habló tanto de salud mental como ahora. Y es una buena noticia. Poder nombrar la ansiedad, el agotamiento o la tristeza sin que sean necesariamente un tabú abre puertas que durante mucho tiempo permanecieron cerradas.
Pero existe un riesgo en esa conversación: pensar la mente como un compartimento aislado, como si pudiera mantenerse saludable mientras el cuerpo está exhausto, el sueño está alterado, la alimentación es desordenada y los vínculos nos desgastan.
La salud mental no es una isla. Es parte de algo más amplio que muchas veces olvidamos: la salud integral.
Svastha: estar en uno mismo
En sánscrito existe una palabra que solemos traducir como “salud”: svastha. La traducción, sin embargo, se queda corta. Sva significa “uno mismo” y stha, “establecido”. Estar sano, en este sentido, es estar asentado en uno mismo.
El Ayurveda, la antigua ciencia de la vida de la India, describe a la persona svastha como aquella cuyo cuerpo está en equilibrio, cuya digestión funciona adecuadamente y cuya mente, sus sentidos y su espíritu se encuentran serenos.
Desde esta mirada, lo físico y lo mental no son territorios separados, sino partes de un mismo tejido. La salud incluye lo que comemos, cómo dormimos, nuestros hábitos cotidianos, los vínculos que construimos y hasta la manera en que respiramos. La salud mental es una de sus expresiones, no un territorio aparte.
Gurudev Sri Sri Ravi Shankar, fundador de El Arte de Vivir, lo resume así: “La salud no es solamente ausencia de enfermedad. Es la dinámica expresión de la vida”.
Meditación y respiración
Dos herramientas atraviesan esta mirada integral: la respiración y la meditación . Hoy ya no pertenecen únicamente al terreno de las tradiciones antiguas: existe un creciente cuerpo de investigaciones científicas sobre sus posibles beneficios.
“La respiración tiene un gran secreto para ofrecer”, sostiene Gurudev. Cada emoción tiene su propio ritmo respiratorio y, desde esta perspectiva, aprender a regular la respiración puede ayudar también a regular aquello que sentimos.
La meditación, por su parte, cuenta con evidencia científica. Un metaanálisis de la Universidad Johns Hopkins, publicado en JAMA Internal Medicine en 2014, revisó 47 ensayos clínicos con 3.515 participantes y concluyó que los programas de meditación podían reducir de manera moderada los síntomas de ansiedad, depresión y dolor.
La respiración también ha sido objeto de investigación. El Sudarshan Kriya, una técnica rítmica enseñada por El Arte de Vivir, cuenta con más de 100 estudios científicos. Entre ellos, una investigación realizada en la Universidad de Pensilvania con pacientes con depresión mayor que no respondían completamente a la medicación encontró mejoras significativas en síntomas de depresión y ansiedad entre quienes incorporaron la práctica.
En 2024, un ensayo clínico con 129 médicos, publicado en JAMA Network Open, también registró reducciones de estrés, ansiedad y depresión frente a un grupo de control.
Hay, sin embargo, una aclaración fundamental: estas prácticas no reemplazan la atención profesional. Pueden complementarla como herramientas de prevención y cuidado cotidiano. Una vez aprendidas, son prácticas accesibles y pueden incorporarse a la rutina como parte de una estrategia más amplia de bienestar.
Volver a la raíz
Bienvenida sea, entonces, la conversación sobre salud mental. Pero ampliémosla. Preguntemos también cómo dormimos, qué comemos, cómo respiramos, con qué entornos nos relacionamos, qué hábitos elegimos y cuánto tiempo nos permitimos detenernos y estar en silencio.
Cuidar la salud mental también puede significar volver a mirar la vida como un todo. No se trata de reemplazar la medicina ni la atención profesional, sino de sumar herramientas para la prevención y el cuidado cotidiano.
La invitación es simple: aprender técnicas de respiración y meditación, como el SKY Meditation, y observar qué lugar ocupan el descanso, los hábitos y los vínculos en nuestra vida.
Son prácticas sencillas que, sostenidas en el tiempo, pueden ayudarnos a recuperar algo que los antiguos llamaron svastha: estar en casa, en uno mismo.