A los 75 años, Sharon Pol podría haberse quedado con una biografía más que suficiente. Había trabajado en educación, había dirigido organizaciones dedicadas a proteger a chicos víctimas de abuso y ya acumulaba una carrera académica que a cualquiera le alcanzaría para toda la vida. Pero en su caso pasó algo distinto y consiguió el récord.
Descubrió que todavía podía ir un paso más allá y decidió hacerlo. El resultado fue extraordinario: se convirtió en la persona con más títulos obtenidos en Louisiana State University, la histórica LSU de Baton Rouge, de Estados Unidos.
Una fanática de LSU que nunca dejó de aprender
Pol nació y vivió siempre en Baton Rouge, la ciudad donde late buena parte de la identidad de LSU. Según contó WAFB, su vínculo con la universidad venía desde hacía décadas y su pasión por estudiar había sido sembrada por sus padres, que la impulsaron a ir a la facultad. Su primer diploma llegó a comienzos de los años 70; el último, más de medio siglo después.
Tiene 75 años, volvió a estudiar por una razón insólita y rompió un récord histórico en la universidad (1)
Antes de romper el récord, Sharon ya tenía cinco títulos de LSU. En un texto publicado por la Asociación de Alumni de la universidad en 2020, ella misma repasó ese recorrido: una licenciatura en Educación Primaria, una maestría en Medios Educativos, una especialización en Educación, una maestría en Bibliotecología y un doctorado en Administración Educativa. Esa trayectoria la había convertido ya en una alumna fuera de serie mucho antes de su última decisión.
Joe Burrow, la chispa inesperada detrás del récord
Lo más llamativo de la historia llegó después. Sharon contó que su impulso final apareció cuando vio que Joe Burrow, el mariscal de campo estrella que llevó a LSU a la gloria deportiva, había obtenido una maestría en Artes Liberales mediante una modalidad online.
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Joe Burrow
Burrow efectivamente se graduó en diciembre de 2019 con un máster en Liberal Arts, según registros oficiales del programa deportivo de LSU.
Ese dato le despertó una idea tan simple como poderosa. Pol advirtió que ella compartía el lote de personas que habían llegado a cinco títulos en la universidad, pero entendió que, si sumaba uno más, podía quedar sola en la cima.
Entonces volvió a estudiar y completó justamente esa sexta credencial, una maestría en Artes Liberales, que la transformó en la egresada con más títulos en la historia de LSU.
Embed - Trailblazing LSU grad breaks record for earning the most degrees from university
Dicho de otro modo: una mujer de 73 años, ya con una carrera entera vivida y con el retiro a la vista, decidió regresar a la universidad porque detectó una oportunidad única y fue por ella. No volvió por obligación laboral ni por necesidad económica inmediata. Volvió porque seguía creyendo en el aprendizaje y porque vio un desafío casi irrepetible. Ahí está lo insólito y, al mismo tiempo, lo admirable de su decisión.
Seis títulos, servicio público y un mensaje claro
En total, WAFB detalló que Sharon Pol terminó con seis títulos de LSU: una licenciatura, tres maestrías, una credencial de educación superior y un doctorado. A lo largo de su vida profesional pasó por la docencia y también fue directora ejecutiva del Baton Rouge Children’s Advocacy Center, una tarea que ella describió como especialmente gratificante por su impacto en chicos que habían sufrido abusos.
Desde la propia universidad destacaron el valor simbólico de su caso. El provost Troy Blanchard señaló a WAFB que la historia de Pol representa de manera ejemplar la idea de aprendizaje a lo largo de toda la vida, sobre todo porque varias de sus titulaciones las cursó cuando el único camino posible era el presencial, mucho antes de que estudiar a distancia se volviera algo habitual.
Su frase final resume bastante bien todo lo que hizo. Sharon aconsejó a otros estudiantes que no se limiten a “tomar clases”, sino que elijan aprendizajes que realmente los mejoren como personas.
Hoy asegura que ya no piensa volver a estudiar y que esta vez sí terminó. Pero su caso ya quedó como algo más grande que una anécdota universitaria: es la prueba de que la curiosidad, cuando se sostiene durante décadas, también puede convertirse en una hazaña.