El té de jengibre y canela se consolidó como un recurso para el bienestar digestivo avalado por organismos internacionales. Estudios científicos identificaron compuestos activos en ambas plantas que aceleraron el vaciado gástrico y redujeron la inflamación abdominal. Sin embargo, las autoridades sanitarias emitieron advertencias estrictas sobre la dosificación y la selección botánica.
El National Institutes of Health (NIH) señaló que los gingeroles y shogaoles del jengibre impactaron positivamente en la digestión. Estos componentes favorecieron la motilidad gástrica y ayudaron a modular procesos inflamatorios de forma documentada. Por su parte, la canela de Ceilán aportó aceites esenciales como el cinamaldehído, cuya acción carminativa fue validada por las farmacopeas oficiales de varios países.
Por qué la canela Cassia puede dañar el hígado
El consumo de esta bebida no estuvo exento de riesgos significativos. Las autoridades internacionales subrayaron que el uso de la canela Cassia, habitual en el comercio, expuso al organismo a niveles elevados de cumarina. Esta sustancia se asoció con cuadros de toxicidad hepática y efectos anticoagulantes peligrosos para el ser humano. Por ello, la European Medicines Agency (EMA) recomendó exclusivamente la variedad Ceilán para infusiones frecuentes.
Las advertencias se extendieron también a las interacciones medicamentosas. El jengibre y la canela potenciaron el efecto de fármacos anticoagulantes, lo que incrementó la probabilidad de sufrir hemorragias en pacientes bajo tratamiento. Asimismo, estas plantas afectaron la presión arterial y los niveles de glucosa, por lo que su consumo requirió supervisión en personas con enfermedades crónicas, embarazadas y menores de edad.
Cómo preparar el té de jengibre con canela de forma segura
La preparación de la infusión siguió directrices técnicas específicas para garantizar su seguridad. Los manuales de fitoterapia indicaron el uso de hasta 15 gramos de jengibre fresco o 2 gramos de seco por cada litro de agua. La decocción se mantuvo a fuego bajo por un periodo de cinco a diez minutos. Tras esto, se dejó reposar la mezcla tapada para concentrar los aceites esenciales antes de proceder a servirla.
La Mayo Clinic aclaró que la mayor parte de la evidencia provino de extractos concentrados y no de infusiones caseras. Por ello, se calificó la bebida como una estrategia tradicional complementaria y no como un sustituto de tratamientos médicos convencionales. El límite de consumo se fijó en un máximo de tres tazas diarias, ingeridas preferentemente antes o después de las comidas principales.