¿Alguna vez sentiste que el fin de semana se te escapó entre las manos sin hacer nada que realmente te llene? Mirás redes, respondés mensajes y, al llegar el domingo a la noche, aparece esa sensación de vacío inexplicable. Hace dos mil años, Lucio Anneo Séneca, uno de los filósofos más poderosos de la Antigua Roma, ya tenía la respuesta.
Para este maestro del estoicismo, el bienestar no depende de la suerte, sino de la dirección. Su advertencia sigue más vigente que nunca: “Para quien no tiene un puerto al que llegar, ningún viento le es favorable”.
Según Séneca, el "viento" representa las situaciones que la vida te pone adelante: una crisis, un nuevo trabajo o un golpe de suerte. Si no tenés un propósito claro, ninguna de esas oportunidades te va a servir realmente.
El filósofo, que fue tutor del emperador Nerón y gobernó de facto el Imperio Romano, descubrió que solemos cometer un error fatal: vivimos deliberando sobre partes sueltas de nuestra rutina, pero casi nunca pensamos en la vida como un conjunto.
Él sostenía que la clave es buscar una "brújula íntima".No se trata de metas de éxito superficial, sino de decidir qué huella querés dejar. Sin ese puerto, cualquier circunstancia te arrastra y terminás perdiendo lo más valioso que tenés: tu tiempo.
Dejar de perder tiempo en lo urgente
Séneca solía decir: “No es que tengamos poco tiempo, es que perdemos mucho”. En la actualidad, esto se traduce en vivir en "piloto automático", priorizando lo urgente sobre lo importante.
Incluso estudios modernos con pacientes terminales confirman lo que el cordobés ya sabía hace milenios. La gente no se arrepiente de no haber trabajado más, sino de no haber pasado tiempo con sus afectos o de haber gastado energía en preocupaciones sin importancia.
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Séneca, filosofo romano.
Aplicar el estoicismo hoy no es ser frío, sino ser dueño de tu propia libertad. Es saber elegir tu puerto para que, cuando sople el viento, sepas exactamente hacia dónde navegar para ser feliz.