Dos personas pueden haber vivido exactamente la misma discusión y años después recordar frases, colores o incluso el orden de los hechos de manera diferente. Para la psicología, esto no significa necesariamente que alguna esté inventando: la memoria reconstruye cada recuerdo y, durante ese proceso, algunos detalles pueden modificarse, mezclarse o completarse con información adquirida posteriormente.
La diferencia es importante porque solemos imaginar nuestros recuerdos como archivos: ocurrió algo, quedó almacenado y después simplemente lo recuperamos. El cerebro no funciona exactamente así.
Recordar se parece menos a reproducir un video de lo que creemos
Cuando recuperamos una experiencia episódica, diferentes características del acontecimiento vuelven a combinarse para reconstruirlo. Una revisión reciente de la Royal Society explica que los fragmentos del episodio se reensamblan durante la recuperación junto con conocimientos que ya poseemos.
Eso puede producir situaciones muy cotidianas.
Recordamos perfectamente una cena, pero dudamos de quién estaba sentado enfrente. Estamos convencidos de que alguien utilizó determinada frase durante una discusión, aunque quizá estamos incorporando algo que dijo posteriormente. O visualizamos una habitación con un objeto que normalmente estaba allí, aunque ese día pudo haber faltado.
La sensación de estar recordando no garantiza que cada detalle sea exacto.
Lo que ocurre después también puede entrar en el recuerdo
Uno de los fenómenos más estudiados es el llamado efecto de desinformación.
En experimentos clásicos, las personas observaban un acontecimiento y después recibían información incorrecta sobre algún detalle. Al preguntarles posteriormente qué habían visto, esa nueva información podía aparecer incorporada en sus respuestas sobre el episodio original.
Esto ayuda a entender por qué conversar repetidamente sobre una experiencia puede complicar después la separación entre lo que vimos originalmente y aquello que supimos más tarde.
Incluso la manera de formular una pregunta puede influir. Los conocidos experimentos de Elizabeth Loftus y John Palmer mostraron que cambiar el verbo utilizado para preguntar por un choque modificaba las estimaciones posteriores de los participantes y podía influir en lo que decían recordar.
Dos recuerdos diferentes no significan automáticamente que alguien mienta
Este punto es fundamental.
Que la memoria sea reconstructiva no significa que todos nuestros recuerdos sean falsos ni que resulte imposible conocer qué ocurrió. La evidencia muestra vulnerabilidad a determinadas distorsiones, no que cualquier recuerdo pueda descartarse como incorrecto.
Tampoco permite determinar cuál de dos personas tiene razón únicamente por cuánta seguridad demuestra cada una.
Desde la psicología, un recuerdo puede conservar correctamente el núcleo de una experiencia y equivocarse en algunos detalles. Por eso podemos estar genuinamente convencidos de que una escena ocurrió de determinada manera sin estar intentando engañar a nadie: cada vez que recordamos, reconstruimos una experiencia; no apretamos “play” sobre una grabación intacta del pasado.