8 de septiembre de 2026 - 12:35

Según la psicología, quienes devuelven el carrito a su lugar en el estacionamiento del supermercado pueden no estar siendo solo ordenados, sino demostrando responsabilidad colectiva

Reponer voluntariamente un carrito cuando hacerlo supone una pequeña molestia es compatible con respetar una norma.

Devolver el carrito del supermercado parece un gesto mínimo, de esos que rara vez reciben reconocimiento y cuya omisión difícilmente implique un castigo. Precisamente por eso, la psicología social lo considera un buen ejemplo para entender cómo funcionan las normas sociales, la cooperación y las pequeñas decisiones que afectan a otras personas.

Eso no significa que exista un test psicológico capaz de determinar la personalidad de alguien por lo que hace con el carrito.

La llamada “teoría del carrito de compras”, popularizada en internet, no es una prueba científica de que alguien sea buena o mala persona.

Sin embargo, investigaciones sobre normas sociales permiten explicar por qué devolverlo puede reflejar algo más que simple orden.

Una pequeña incomodidad personal a cambio de un beneficio compartido

Después de guardar las compras en el auto, devolver el carrito exige invertir unos segundos y caminar algunos metros, aunque nadie esté obligando activamente a hacerlo.

Desde la perspectiva de la psicología social, ese tipo de conducta encaja con las denominadas normas injuntivas: comportamientos que una comunidad considera apropiados aunque no exista una sanción inmediata.

Los trabajos clásicos de Robert Cialdini y otros investigadores demostraron que las personas modifican su comportamiento según lo que perciben que los demás hacen y consideran correcto.

Devolver el carrito puede interpretarse, entonces, como aceptar un pequeño costo individual para mantener un espacio que utilizan muchas personas: evita bloquear lugares de estacionamiento, disminuye la posibilidad de que un carro quede atravesado y facilita el trabajo colectivo del lugar.

Qué descubrió un experimento que utilizó carritos abandonados

Hay incluso un estudio de campo en el que los carritos sin devolver fueron utilizados deliberadamente como señal de desorden.

En una investigación publicada en Science, Kees Keizer, Siegwart Lindenberg y Linda Steg realizaron seis experimentos sobre cómo las violaciones visibles de una norma podían influir sobre otras conductas. Uno de ellos se hizo en el estacionamiento de un supermercado.

Cuando el lugar estaba ordenado y no había carritos abandonados, el 30% de los participantes tiró al suelo un volante que había encontrado en su auto. Cuando los investigadores dejaron cuatro carritos sin devolver, esa proporción aumentó al 58%.

El experimento no demuestra que quienes abandonan carritos sean irresponsables en todos los ámbitos. Lo que sí sugiere es que el respeto o incumplimiento visible de una norma puede influir sobre el comportamiento colectivo.

El gesto también comunica qué tipo de conducta es normal

Este mecanismo ayuda a explicar por qué importa lo que parece insignificante. Si una persona llega a un estacionamiento y encuentra todos los carritos correctamente ubicados, recibe una señal descriptiva: en ese lugar, devolverlos parece ser lo habitual.

Si, en cambio, hay carros repartidos por todas partes, la señal cambia. Los estudios sobre normas sociales muestran que observar que otros incumplen reglas puede reducir la motivación para cumplirlas, incluso cuando se trata de normas diferentes.

Ese efecto tampoco es absoluto. La conducta puede depender del apuro, una discapacidad, estar atendiendo a un chico, las condiciones meteorológicas, la distancia al corral de carritos o muchas otras circunstancias. Una sola decisión no permite diagnosticar empatía, civismo ni personalidad.

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