Cuando una pérdida económica puede producirse hoy o dentro de varios años, la edad parece influir en cuánto peso se le asigna a ese costo futuro. Un estudio publicado en The Journals of Gerontology: Series B encontró que los participantes mayores tendían a desvalorizar menos las pérdidas monetarias demoradas que los adultos jóvenes, lo que los llevaba a tomar decisiones orientadas a minimizar costos de largo plazo.
La investigación fue realizada por especialistas vinculados con el Departamento de Ciencias Psicológicas y del Cerebro de Washington University in St. Louis. Participaron 594 adultos de entre 20 y 80 años, con distintos niveles de ingresos.
Qué significa “darle más importancia” a una pérdida futura
El experimento utilizó un concepto conocido como descuento temporal.
En términos simples, las personas suelen considerar menos importante un costo cuanto más lejos está en el tiempo. Pagar una determinada suma dentro de varios años puede sentirse menos doloroso hoy que desembolsar una cantidad menor inmediatamente.
Los investigadores presentaron pérdidas hipotéticas de USD 150, USD 2.500 y USD 30.000, con demoras que iban desde un mes hasta diez años. A partir de las elecciones realizadas, pudieron calcular cuánto disminuía psicológicamente el peso de una pérdida cuando se alejaba hacia el futuro.
Los adultos mayores mostraron un descuento menos pronunciado. En otras palabras, seguían otorgándole bastante importancia a una pérdida aunque estuviera proyectada varios años hacia adelante.
La diferencia aumentó hasta los 65 años y después se estabilizó
Este punto permite precisar el resultado. El análisis encontró que la tendencia a descontar menos las pérdidas futuras fue disminuyendo progresivamente entre aproximadamente los 35 y los 65 años. Después de los 65, el comportamiento se mantuvo relativamente estable hasta los 80.
Por eso, no sería exacto afirmar que al cumplir 65 años ocurre un cambio repentino en la manera de pensar.
Los datos sugieren más bien una evolución gradual durante la adultez, que alcanza una meseta alrededor de esa edad.
Tampoco significa que cada persona de 70 años vaya a tomar mejores decisiones financieras que alguien de 25. El estudio analiza tendencias promedio de un grupo, no permite predecir el comportamiento individual.
Cuando había USD 30.000 en juego, la edad importaba más
Otro resultado llamativo apareció al modificar la magnitud de la pérdida. Las diferencias por edad fueron mucho menores cuando las cantidades involucradas eran pequeñas.
En cambio, cuanto mayor era la pérdida futura, más visible se volvía la diferencia entre los participantes jóvenes y mayores.
Eso podría ayudar a explicar por qué investigaciones anteriores no siempre habían encontrado una relación clara entre edad y descuento de pérdidas: muchos experimentos habían trabajado con cantidades económicas relativamente reducidas.
El ingreso también tuvo un efecto. Entre los participantes de 35 años o más, aquellos con ingresos elevados tendían a descontar todavía menos las pérdidas futuras que quienes tenían ingresos bajos. Entre los más jóvenes, en cambio, esa relación no apareció.
No es exactamente lo mismo que “tenerle más miedo a perder dinero”
Los autores investigaron decisiones intertemporales, no simplemente aversión a las pérdidas.
Una persona puede ser muy sensible a perder dinero y, al mismo tiempo, considerar que un costo lejano importa mucho menos que uno inmediato. Son fenómenos relacionados con la toma de decisiones económicas, pero no son conceptos equivalentes.
La conclusión más precisa del trabajo es que, en este experimento, los adultos mayores mantuvieron más presente el valor de las pérdidas económicas futuras, especialmente cuando las cifras eran importantes.