15 de febrero de 2026 - 14:55

Según la psicología, las personas mayores de 70 que dejan de preocuparse desarrollan estrategias de felicidad

A medida que envejecen, los adultos mayores dejan de preocuparse por lo trivial y concentran su energía en lo que realmente aporta bienestar.

A simple vista, puede parecer que los adultos mayores pierden interés por ciertos aspectos de la vida: dejan de competir por reconocimiento social, desatienden comparaciones constantes y muestran menor preocupación por lo que otros piensan. Sin embargo, según la psicología del desarrollo, esto no es apatía, sino un proceso adaptativo saludable que refleja madurez emocional.

La teoría de la selectividad socioemocional, formulada por la psicóloga Laura Carstensen, sostiene que cuando la percepción del tiempo vital se reduce, las personas eligen invertir su energía en experiencias y relaciones que aportan satisfacción emocional inmediata, dejando de lado aquello que consume recursos sin generar valor real. “La edad madura no elimina intereses, los redefine”, explica Carstensen, señalando que priorizar lo esencial es una estrategia de bienestar, no desinterés.

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El efecto de positividad y la reorganización emocional

Otra manifestación relevante es el efecto de positividad, que hace que los adultos mayores enfoquen su atención en estímulos positivos y minimicen el impacto de información negativa o conflictiva. Esta estrategia cognitiva ayuda a regular emociones y reducir el estrés, permitiendo vivir de manera más plena y estable.

Además, esta reorganización emocional se refleja en los vínculos sociales. Muchos adultos mayores reducen sus círculos de amistades, no por aislamiento, sino para concentrarse en relaciones profundas y significativas. La prioridad ya no está en cantidad de contactos, sino en calidad y apoyo mutuo, reforzando vínculos que aportan bienestar y satisfacción.

Prioridades cotidianas y bienestar

El cambio en prioridades afecta distintas áreas de la vida diaria. Por ejemplo, decisiones profesionales o financieras se vuelven más selectivas; se opta por proyectos y actividades que aporten sentido, en lugar de perseguir expectativas externas. La reorganización emocional también influye en el ocio: se busca disfrutar de momentos significativos, como tiempo con la familia, viajes cortos o hobbies que generan satisfacción inmediata, dejando de lado compromisos que no aportan valor.

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Según la psicóloga clínica Sonia Herrera, “a medida que envejecemos, aprendemos a identificar lo que realmente nos aporta felicidad y a descartar lo que solo genera desgaste. No es apatía, es autoconciencia práctica”. Este enfoque permite a los adultos mayores mantener una vida activa y emocionalmente rica, reduciendo conflictos innecesarios y aumentando la resiliencia frente a pérdidas y cambios.

Diferenciar adaptación saludable de riesgos clínicos

Aunque priorizar lo significativo es saludable, los expertos destacan la importancia de diferenciarlo de problemas clínicos como la depresión tardía, que puede surgir en personas mayores y manifestarse con síntomas sutiles. La clave está en observar si la reducción de preocupaciones se acompaña de aislamiento extremo, pérdida de interés por todo o descuido de la salud, signos que requieren atención profesional.

Asimismo, la sociedad a menudo interpreta esta reorganización emocional como apatía, reforzando estereotipos de envejecimiento o edadismo, lo que puede generar presión injusta sobre los adultos mayores y subestimar la riqueza de su experiencia emocional.

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