Durante la rutina es común ir al gimnasio, salir a correr o aumentar la exigencia física. Sin embargo, uno de los errores más frecuentes es creer que progresar depende de entrenar todos los días al máximo. La recuperación también es una parte fundamental del rendimiento físico.
La propuesta es incorporar descanso activo, una forma de movimiento suave que mejora la circulación, libera tensiones y favorece la movilidad sin someter al cuerpo a un esfuerzo intenso.
Según la entrenadora Stephanie Mansour, dedicar algunos días a actividades que resulten placenteras también tiene un impacto positivo en el bienestar mental y permite reconectar con las necesidades reales del cuerpo.
La rutina fortalece grandes grupos musculares, mejora la postura y ayuda a conservar masa muscular.
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Qué es el descanso activo
El descanso activo consiste en realizar ejercicios de bajo impacto y baja intensidad que estimulen el cuerpo sin generar una carga adicional sobre músculos y articulaciones.
Algunas opciones incluyen:
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Caminar a paso tranquilo.
Hacer una sesión de yoga o movilidad.
Estirar durante 15 a 20 minutos.
Utilizar un rodillo de espuma (foam roller).
Andar en bicicleta de forma recreativa.
El objetivo no es mejorar el rendimiento ese mismo día, sino facilitar la recuperación del entrenamiento previo.
Los 20 minutos de caminata pueden funcionar como un punto de partida y no como una regla universal.
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Los beneficios de incorporar días de recuperación
Favorece el crecimiento muscular
Cuando entrenás fuerza o hacés ejercicios intensos, las fibras musculares sufren pequeños desgarros. Es durante el descanso cuando el organismo las repara y fortalece, permitiendo desarrollar masa muscular y mejorar el rendimiento.
Mejora la circulación
El movimiento suave aumenta el flujo sanguíneo hacia los músculos, ayudando a disminuir la rigidez y favoreciendo el transporte de oxígeno y nutrientes necesarios para la recuperación.
Reduce el estrés físico y mental
Actividades como caminar o practicar yoga ayudan a relajar el sistema nervioso y disminuir la tensión acumulada, algo especialmente útil durante semanas de mucho trabajo o entrenamiento.
Disminuye el riesgo de lesiones
Entrenar de manera repetitiva sin darle tiempo al cuerpo para recuperarse aumenta las probabilidades de sufrir distensiones, tendinitis o desgarros. Incorporar jornadas de menor intensidad permite cuidar músculos, ligamentos y articulaciones.
Ayuda a sostener la constancia
Los días de recuperación también evitan el agotamiento psicológico. Al no sentir la obligación de entrenar al máximo los siete días de la semana, resulta más fácil mantener una rutina durante todo el año.
Cómo alimentarte en un día de descanso
La recuperación también depende de la nutrición. Aunque no entrenes, el cuerpo continúa reparando tejidos y reponiendo energía, por lo que no conviene eliminar comidas ni reducir drásticamente las calorías.
La nutricionista Natalie Rizzo recomienda priorizar preparaciones simples y equilibradas.
1. Simplificá las comidas
No hace falta cocinar recetas elaboradas. Un desayuno o merienda con yogur, frutas, avena y semillas, o un budín de chía preparado la noche anterior, aporta nutrientes con muy poco trabajo.
2. Cociná para que sobren porciones
Preparar una fuente al horno con pollo, salmón o tofu junto con verduras permite resolver dos comidas de una sola vez, algo ideal para los días laborales.
Una caminata corta puede ser el comienzo de un cambio más amplio en los hábitos cotidianos de una persona mayor.
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En los días de recuperación seguí incluyendo:
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Proteínas de calidad (carnes magras, huevos, legumbres o lácteos).
Carbohidratos ricos en fibra para reponer energía.
Grasas saludables como aceite de oliva, palta o frutos secos.
Frutas y verduras variadas por su aporte de vitaminas y antioxidantes.
Lejos de ser un retroceso, bajar la intensidad uno o dos días por semana puede ser la diferencia entre estancarte o seguir progresando de forma sostenida.