30 de septiembre de 2026 - 19:35

Protector solar en primavera: por qué deberías usarlo antes del verano y cuáles son sus beneficios

Los dermatólogos advierten que los meses de primavera también pueden provocar quemaduras y favorecer el envejecimiento.

Cuando pensamos en comprar protector solar, solemos hacerlo justo antes de las vacaciones. La llegada del verano, los días de playa y las actividades al aire libre nos recuerdan que necesitamos renovar la crema solar que quizá llevamos meses guardada en un cajón.

Sin embargo, esperar al verano para empezar a proteger la piel puede ser un error. La exposición a la radiación ultravioleta comienza a ser relevante mucho antes de las vacaciones, especialmente durante la primavera, cuando aumentan las horas de luz y pasamos más tiempo al aire libre.

Aunque marzo y abril no suelen asociarse con el bronceado, la piel puede recibir una cantidad importante de radiación ultravioleta durante esta época. Además, después de los meses de invierno, la piel todavía no se ha adaptado a una exposición solar más intensa.

“Vemos quemaduras solares en primavera, y no son raras, especialmente en los primeros días de sol intenso”, explica la doctora Monserrat Fernández Guarino, fundadora de Madriderma y directora del Grupo de Investigación de Dermatología, Fotobiología y Cáncer de Piel de la UAX.

La especialista señala que existe además un factor que suele pasar desapercibido: después del invierno, la piel no presenta el bronceado previo ni el engrosamiento del estrato córneo asociado a una exposición solar progresiva. Por ello, puede ser más vulnerable frente a la radiación ultravioleta.

El sol de primavera también puede provocar quemaduras

La radiación solar no se limita a la luz visible. Dentro de su espectro se encuentran los rayos ultravioleta UVA y UVB, capaces de producir alteraciones en las células de la piel.

Cuando la radiación ultravioleta alcanza la piel, puede generar radicales libres y estrés oxidativo. Como consecuencia, se activan procesos inflamatorios y moléculas capaces de degradar componentes fundamentales de la estructura cutánea, entre ellos el colágeno y la elastina.

El resultado no se limita a una quemadura después de pasar demasiado tiempo al sol. La exposición acumulada también está relacionada con el fotoenvejecimiento y con la aparición de arrugas, pérdida de elasticidad y manchas. Además, la exposición excesiva a la radiación ultravioleta constituye uno de los principales factores de riesgo para desarrollar cáncer de piel.

Por este motivo, la fotoprotección no debería reservarse exclusivamente para la playa o la piscina. La idea de que el sol de primavera no quema porque las temperaturas todavía son moderadas puede generar una falsa sensación de seguridad.

“La idea de que el sol no quema en primavera es sencillamente falsa”, advierte Fernández Guarino. La radiación ultravioleta, especialmente la UVB, puede alcanzar una intensidad suficiente para producir daño cutáneo durante esta estación.

La temperatura no indica el nivel de radiación ultravioleta

Uno de los principales problemas de la fotoprotección durante la primavera es que el tiempo puede resultar engañoso.

Un día de 20 grados, con temperaturas agradables y una ligera brisa, no genera la misma percepción de peligro que una jornada calurosa de verano. Sin embargo, la temperatura y la intensidad de la radiación ultravioleta son fenómenos diferentes.

Esto significa que no hace falta sentir calor para que la piel esté expuesta a los rayos UVA y UVB. De hecho, las condiciones agradables de la primavera pueden favorecer que permanezcamos durante más tiempo al aire libre sin darnos cuenta de cuánto tiempo llevamos expuestos.

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