Hay una escena que cada vez se repite más, año a año: salir a la calle, buscar una sombra, tomar agua, mojarse la cara y aun así sentir que el cuerpo no baja un cambio. No es solo “mucho calor”. A veces, lo que falla no es la paciencia: es el mecanismo con el que el cuerpo intenta enfriarse.
Ahí empieza el problema de verdad, porque una ola de calor no se vuelve peligrosa solo por el número que marca el termómetro, sino por la combinación de temperatura, humedad, radiación y tiempo de exposición.
Durante años se repitió que el límite crítico para la supervivencia humana era soportar seis horas a una temperatura de bulbo húmedo de 35 °C. Ese número se volvió referencia mundial.
No habrá forma de resistirlo expertos advierten que las olas de calor que vienen serán cada vez peores (1)
Pero el nuevo trabajo, liderado por Sarah Perkins-Kirkpatrick y colegas, muestra que ese techo quedó corto para describir el riesgo real: con el modelo fisiológico HEAT-Lim, los umbrales peligrosos aparecen antes, en condiciones más frescas y también más secas de lo que se pensaba.
Y el margen empeora con la edad, según los expertos, porque las personas mayores tienen una respuesta de sudoración más reducida.
Olas de calor y cuerpo humano: por qué el umbral ya no alcanza
El punto más incómodo de esta investigación es que no habla de un futuro lejano. Analizó episodios extremos en La Meca en 2024, Bangkok en 2024, Phoenix en 2023, Mount Isa en 2019, Larkana en 2015 y Sevilla en 2003.
En todos detectó superación de umbrales no sobrevivibles para adultos mayores expuestos al aire libre y al sol directo. En Phoenix 2023 y Larkana 2015, incluso hubo momentos en que ni la sombra alcanzaba para proteger a personas mayores durante una exposición prolongada.
Eso cambia bastante la forma de leer una alerta meteorológica. Muchas veces una persona piensa: “si no llegamos a tal temperatura extrema, no debería ser tan grave”. Pero el cuerpo no procesa el calor como una cifra aislada.
La Organización Mundial de la Salud explica que el daño depende de la dificultad para eliminar calor interno, de la humedad, del poco viento, de la radiación térmica, de la ropa y del calor que llega desde el ambiente.
Cuando esa combinación se descontrola, sube el riesgo de agotamiento, golpe de calor, estrés cardíaco y daño renal agudo.
Qué vio el estudio en seis ciudades y por qué preocupa
Uno de los casos más duros fue Larkana, en Pakistán. Allí el estudio detectó bloques de seis horas por encima del límite de supervivencia para personas mayores al sol, otro período no sobrevivible incluso para mayores que buscaban sombra y, además, una ventana de 18 horas en la que también hubo riesgo para adultos jóvenes expuestos al sol directo.
En Mecca, Phoenix y Larkana, las condiciones peligrosas se repitieron durante gran parte de los días del evento, algo que los autores vinculan con la magnitud de la mortalidad reportada y también con posibles muertes no registradas.
La otra señal fuerte es que el problema no se reduce al calor húmedo. El artículo remarca que las condiciones letales pueden darse bastante por debajo de los 35 °C de bulbo húmedo y que el riesgo se amplía también en escenarios muy calurosos y secos, sobre todo cuando hay sol directo.
No habrá forma de resistirlo expertos advierten que las olas de calor que vienen serán cada vez peores (3)
Esa es una diferencia clave, porque muchas coberturas siguen asociando el peligro extremo casi exclusivamente a la humedad, cuando en realidad el cuerpo puede colapsar también en ambientes secos si la exposición es intensa y sostenida.
Y lo que viene no tranquiliza. La Organización Meteorológica Mundial, en línea con el IPCC, sostiene que el cambio climático causado por la actividad humana ya aumentó la frecuencia e intensidad de las olas de calor desde la década de 1950 y que un mayor calentamiento seguirá empujando eventos más frecuentes e intensos.
La OMS agrega que estas olas no solo son más comunes: también son más largas, más severas y más peligrosas para poblaciones vulnerables, especialmente en ciudades mal preparadas y regiones tropicales o subtropicales.
Golpe de calor: señales, errores comunes y qué conviene hacer
Acá aparece la parte más concreta para la vida cotidiana, porque el error más común es esperar demasiado. El calor extremo no siempre da una segunda oportunidad.
La OMS recuerda que las muertes y hospitalizaciones asociadas a estos episodios suelen ocurrir el mismo día o en los días inmediatos, por lo que la reacción tiene que ser rápida. Otro error frecuente es creer que alcanza con “aguantar adentro”. Si la vivienda acumula calor y no ventila de noche, el cuerpo tampoco descansa.
Lo más sensato, en una alerta seria, es correr la rutina antes de que el cuerpo empiece a fallar: evitar salir o hacer esfuerzo en las horas más bravas, buscar sombra, pasar aunque sea dos o tres horas en un lugar fresco, tomar agua de manera regular, usar ropa liviana, refrescar la piel con ducha o paños húmedos y revisar de cerca a mayores de 65 años, personas con enfermedades cardíacas, pulmonares o renales, personas con discapacidad y quienes viven solos.