Un equipo internacional de investigadores descubrió una notable correlación entre los niveles de felicidad de las poblaciones y la presencia de gatos domésticos tras analizar datos públicos de 93 países, un patrón que reveló mayor bienestar en las naciones con más felinos pero una tendencia opuesta ante el parásito que transmiten.
La investigación, publicada en la revista científica PLOS One, estuvo liderada por el biólogo Javier I. Borráz-León, del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz en México. El trabajo cruzó estadísticas internacionales para evaluar la densidad de gatos domésticos y la incidencia de la infección por Toxoplasma gondii.
¿Qué relación hay entre los gatos, la felicidad y la toxoplasmosis en 93 países?
El cruce de datos arrojó un resultado dual: mientras que los países con mayor número de gatos registraron índices de felicidad más elevados, aquellas poblaciones con mayor prevalencia de la infección parasitaria presentaron niveles de bienestar significativamente más bajos.
Frente al hallazgo, los autores evitaron conclusiones deterministas y fijaron su postura en un comunicado conjunto: “No podemos afirmar que tener más gatos haga a la gente más feliz, ni que el parásito la haga menos feliz, pero los patrones son lo suficientemente interesantes como para merecer un estudio más profundo”.
El Toxoplasma gondii es un organismo unicelular o protista que suele ser albergado por felinos y tiene la capacidad de infectar a seres humanos provocando toxoplasmosis. Aunque en la mayoría de los casos resulta inofensivo, su presencia está sumamente extendida: en el norte de Europa, por ejemplo, el microorganismo alcanza entre el 10 y el 50 por ciento de la población.
¿Por qué los gatos se asocian a más felicidad y el parásito a menos bienestar?
Para explicar por qué la presencia de gatos se asocia a mayor felicidad mientras que el parásito felino marca la tendencia inversa, los especialistas plantearon varios factores determinantes. En primer término, advirtieron la distorsión generada por naciones puntuales, como ocurrió con China, que registró índices de felicidad relativamente altos a pesar de poseer una densidad de gatos menor que la mayoría de los países evaluados.
Asimismo, los investigadores remarcaron que el contagio del parásito no depende exclusivamente del contacto con gatos, sino que también se produce mediante el consumo de carne poco cocida. A su vez, incidió la variable socioeconómica: en las naciones con mayores ingresos, las familias tienen más felinos domésticos y costean consultas veterinarias periódicas que limitan la transmisión.
Como siguiente paso en su línea de trabajo, el equipo internacional proyectó nuevas investigaciones orientadas a realizar comparaciones directas entre individuos con mascotas y personas sin animales a su cargo, buscando determinar el alcance real de la convivencia en la salud emocional cotidiana.