8 de octubre de 2026 - 17:10

Victor Algra, veterinario: "A diferencia de los perros, los gatos pueden sentir dolor sin que nos demos cuenta porque ocultan sus molestias; aprender a interpretar sus gestos es clave"

Un estudio internacional con más de 1.200 cuidadores comprobó que es posible reconocer el malestar felino analizando cinco cambios clave en la cara.

A diferencia de los caninos, los gatos mantienen una tendencia evolutiva a disimular sus dolencias para evitar mostrar debilidad frente a posibles depredadores o rivales. Esta conducta dificulta detectar si sufren un problema de salud, ya que pueden continuar comiendo, desplazándose e interactuando cotidianamente sin emitir un solo maullido de queja ni mostrar cojeras evidentes.

Frente a este obstáculo clínico, la medicina veterinaria moderna recurre a herramientas de observación facial. Una de las más reconocidas es la Feline Grimace Scale, desarrollada por investigadores de la Universidad de Montreal, la cual permite diferenciar con precisión entre animales sanos y aquellos que padecen dolor agudo.

Los cinco puntos de la cara que revelan dolor

Para interpretar la cara del animal, el veterinario Víctor Algra detalla que hay que prestar atención a cinco rasgos anatómicos específicos. Las orejas, que en estado relajado apuntan erguidas hacia adelante, tienden a separarse y girar hacia los lados ante una molestia. En los ojos, la presencia de malestar provoca un estrechamiento orbital progresivo que los hace lucir entrecerrados.

El origen de esta respuesta responde a mecanismos musculares y de supervivencia. Al experimentar malestar físico, la tensión muscular altera el contorno del hocico, perdiendo su redondez habitual. Además, las vibrisas o bigotes, que normalmente caen de forma curva y lateral, se proyectan rectas hacia adelante. La postura de la cabeza completa la evaluación: cuando el gato siente malestar, suele bajar la cabeza por debajo de la línea de sus hombros y permanecer apático.

Cuándo consultar al especialista

A pesar de la precisión de esta escala, avalada por instituciones como la Universidad Complutense de Madrid, su uso no reemplaza un diagnóstico profesional. Estas observaciones permiten detectar la presencia de malestar, pero no determinar su causa. Ante cambios persistentes en el rostro o la postura, resulta fundamental acudir al veterinario antes de que la afección avance.

LAS MAS LEIDAS