Los nacidos entre 1945 y 1965 desarrollaron una capacidad única para gestionar sus emociones debido a los prolongados períodos de incertidumbre que enfrentaron durante su juventud, según la psicología. Esta generación aprendió desde temprana edad a convivir con limitaciones reales, resolver problemas de forma autónoma y discernir qué situaciones merecían verdadera atención emocional.
La psicóloga Laura Carstensen, investigadora de la Universidad de Stanford, explica este comportamiento a través de la teoría de la seletividad socioemocional. Según este enfoque, cuando las personas perciben que el tiempo es limitado o viven en entornos inciertos, reorganizan de forma natural sus prioridades e invierten su energía emocional en aquello que les brinda bienestar tangible. En la práctica, esto se traduce en valorar los vínculos afectivos cercanos por encima del consumo o la acumulación de bienes materiales.
¿Qué costo oculto tiene la resiliencia de esta generación?
Sin embargo, la investigación psicológica aclara que esta capacidad de adaptación no surgió sin consecuencias para la salud mental. El mismo contexto histórico que fortaleció la resistencia de la generación baby boomer provocó que muchos de sus integrantes tendieran a normalizar el sufrimiento cotidiano y reprimieran sus sentimientos genuinos.
Esta conducta suele manifestarse en frases reiteradas como "en mi época las cosas eran peores". Si bien esta herramienta de relativización les permite conservar la perspectiva ante contextos adversos, en ocasiones genera barreras de empatía al abordar debates sobre el bienestar y la salud emocional con las generaciones más jóvenes.
¿Cómo se puede entrenar hoy la regulación emocional?
Los especialistas enfatizan que la resiliencia no constituye un atributo exclusivo de una época particular, sino una habilidad susceptible de ser aprendida y entrenada en cualquier etapa de la vida. Incluso en entornos modernos de mayor seguridad y previsibilidad, es posible estructurar hábitos que refuercen la estabilidad afectiva.
Para lograrlo, la psicología propone incorporar tres pautas concretas:
- Soportar pequeñas incomodidades diarias sin evitarlas.
- Postergar la gratificación inmediata.
- Asumir las frustraciones como instancias naturales del aprendizaje.
Analizar a los mayores sin romantizar sus privaciones permite comprender sus silencios y valorar su legado emocional sin caer en juicios apresurados.