27 de octubre de 2026 - 10:10

Jess Aida, personal trainer: "Después de los 40, no basta con levantar pesas; también hay que entrenar la movilidad y la flexibilidad, el equilibrio y la resistencia cardiovascular"

La entrenadora explica por qué el entrenamiento de fuerza debe combinarse con otros ejercicios para conservar la agilidad, y la estabilidad.

Después de los 40 años, mantenerse activo requiere algo más que levantar pesas. La personal trainer Jess Aida sostiene que trabajar la fuerza es fundamental, pero también resulta necesario incorporar ejercicios de movilidad, flexibilidad, equilibrio, resistencia cardiovascular y potencia muscular. La combinación ayuda a conservar capacidades físicas que influyen directamente en la salud y las actividades cotidianas.

A medida que pasan los años, el cuerpo experimenta cambios que pueden afectar la masa muscular, la densidad ósea y la capacidad de movimiento. Por eso, la entrenadora propone una rutina que contemple distintas habilidades físicas, en lugar de concentrarse únicamente en desarrollar los músculos. El objetivo es mantener la energía, moverse con mayor seguridad y preservar la independencia durante más tiempo.

1. La fuerza es la base para mantener los músculos y proteger los huesos

El entrenamiento de fuerza sigue siendo uno de los pilares para cuidar el cuerpo después de los 40. Según explica Jess Aida en un video compartido en sus redes sociales, trabajar los músculos permite conservar masa muscular, contribuye a proteger los huesos y ayuda a sostener el metabolismo. También favorece la capacidad de realizar tareas cotidianas que requieren levantar, empujar o transportar objetos.

Para aprovechar sus beneficios, es importante adaptar los ejercicios a la condición física de cada persona y aumentar la dificultad de manera progresiva. Las pesas, las máquinas del gimnasio y los movimientos con el propio peso corporal son algunas de las alternativas disponibles. La clave no está en levantar la mayor carga posible, sino en entrenar con una técnica adecuada y mantener la constancia.

2. Movilidad y flexibilidad para moverse con mayor facilidad

La movilidad y la flexibilidad son otras dos capacidades que merecen atención. Permiten realizar movimientos con una amplitud adecuada y ayudan a desenvolverse con mayor comodidad al agacharse, girar el torso, levantar los brazos o caminar. Para la entrenadora, incorporarlas a la rutina contribuye a reducir la rigidez y cuidar las articulaciones.

Estos ejercicios pueden incluir movimientos articulares controlados, estiramientos y actividades que trabajen distintas partes del cuerpo. No hace falta dedicar una sesión completa todos los días, pero sí reservar un espacio para practicarlos con regularidad. La intensidad debe ajustarse a las posibilidades individuales, sin forzar posiciones que provoquen dolor o molestias.

3. Equilibrio y resistencia cardiovascular para cuidar la autonomía

El equilibrio es fundamental para mantener la estabilidad al caminar, cambiar de dirección o subir y bajar escalones. Jess Aida explica que entrenarlo también favorece la coordinación y el control corporal. Como parte de la rutina, pueden incorporarse ejercicios sencillos, como sostenerse sobre una pierna durante unos segundos, siempre con un apoyo cercano si hace falta.

La resistencia cardiovascular completa este trabajo. Caminar a paso rápido, andar en bicicleta o correr, cuando la condición física lo permite, son actividades que ayudan a mejorar la capacidad cardiorrespiratoria. La Organización Mundial de la Salud recomienda que los adultos realicen entre 150 y 300 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, o entre 75 y 150 minutos de actividad vigorosa, además de ejercicios de fortalecimiento muscular al menos dos días por semana.

4. Potencia muscular, el último pilar que destaca la entrenadora

La potencia muscular es la capacidad de producir fuerza con rapidez. Está presente en acciones habituales, como levantarse de una silla con agilidad, subir un escalón o reaccionar ante un tropiezo. Según Aida, trabajar esta habilidad permite conservar respuestas físicas importantes para desenvolverse con seguridad y mantener la capacidad de reacción.

Para incorporar ejercicios de potencia, la dificultad debe adaptarse al nivel de entrenamiento de cada persona. Los movimientos pueden practicarse primero de forma controlada y sin cargas elevadas, priorizando la técnica y la estabilidad. En personas con lesiones, dolor persistente o problemas de equilibrio, es conveniente consultar con un profesional para elegir las actividades adecuadas.

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