27 de octubre de 2026 - 10:19

Si naciste entre 1950 y 1969, la psicología explica por qué tu infancia pudo hacerte más resiliente

Investigaciones en psicología vinculan la falta de sobreprotección y el juego libre sin supervisión con el desarrollo de la resiliencia en la adultez.

Diversos análisis en psicología determinaron que las personas nacidas entre los años 1950 y 1960 no se incorporaron al mercado laboral a temprana edad por vocación profesional, sino impulsadas por la necesidad económica de sus familias y por la estructura social dominante a mediados del siglo XX.

En aquella época, la idea de la vocación casi no existía para la mayoría de los jóvenes. El acceso a la educación secundaria representaba un privilegio reservado para sectores de mayores recursos, mientras que en las áreas rurales los niños colaboraban en las tareas agrícolas, ganaderas o en pequeños comercios familiares desde la infancia.

¿Cómo se forjó la resiliencia de quienes nacieron entre 1950 y 1969?

Pese a originarse en un contexto de privaciones, la obligada inserción laboral temprana generó en estas generaciones una cultura de esfuerzo, adaptabilidad y conocimiento claro sobre sus propias capacidades. Esta fortaleza emocional suele explicarse mediante la metáfora de la resistencia vegetal: “Imagina un roble fuerte y rígido frente a un vendaval; su dureza puede hacer que se quiebre si el viento es demasiado fuerte. Ahora imagina un junco; se dobla, toca el suelo, parece vencido, pero cuando el viento cesa, recupera su verticalidad”.

El escenario laboral de la época también estuvo atravesado por una marcada desigualdad de género. Muchas mujeres no contaban con la posibilidad de elegir un desarrollo profesional, ya que las normas sociales vigentes orientaban su rol de manera exclusiva al cuidado del hogar o a empleos marcadamente restringidos.

¿Qué papel tuvo el juego libre en la resiliencia de la infancia de los 50 y 60?

Junto con la urgencia económica, la infancia de los años 50 y 60 se caracterizó por la abundancia de tiempo sin supervisión de adultos, juegos en la vía pública y la resolución autónoma de conflictos. Un estudio publicado en The Journal of Pediatrics por Peter Gray, David Lancy y David Bjorklund sostiene que la reducción del juego independiente en las generaciones actuales se vincula con un deterioro en su bienestar psicológico.

La capacidad de afrontar la incertidumbre se relaciona con el aprendizaje progresivo del autocontrol desde los primeros años. Desde la Fundación Orienta precisaron al respecto: “El nivel de tolerancia a la frustración en parte es innato, pero también es susceptible de aprendizaje”. Las dinámicas familiares de aquellos años, carentes de sobreprotección, dotaron a esas cohortes de una mayor seguridad interna para desenvolverse ante la adversidad.

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