Hipertensión arterial: el consejo de un cardiólogo para bajar la presión sin medicamentos

La hipertensión arterial puede ser una patología silenciosa. Afecta a más de 1.280 millones de adultos en el mundo. Requiere de un control preventivo cada cinco años para evitar daños irreversibles.

La mayoría de las personas descubre que tiene presión arterial alta cuando ya es demasiado tarde. El cardiólogo y profesor Gorm Boje Jensen, quien ha dedicado su carrera a investigar la salud del corazón, advierte que la hipertensión arterial es un "elefante en la habitación" cuya causa exacta se desconoce en el 95% de los pacientes. Esta falta de síntomas iniciales convierte a la medición regular en la única herramienta eficaz de supervivencia.

Al medir la presión, lo que se registra es la fuerza con la que el ventrículo izquierdo se contrae para enviar sangre oxigenada a todo el cuerpo. Esta sangre ejerce una presión física contra las paredes de los vasos sanguíneos. Si existe demasiada resistencia en estos conductos, el corazón se ve obligado a realizar un esfuerzo extraordinario para mantener el flujo constante.

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El mecanismo del sobreesfuerzo: cuando el corazón se agota por entrenar de más

El músculo cardíaco responde a este estrés de una manera similar a la de un atleta en el gimnasio: ante una carga excesiva, el músculo se fortalece y aumenta su tamaño. Sin embargo, a diferencia de un bíceps, un corazón que se vuelve demasiado grueso termina por sobrecargarse y funcionar peor. Este proceso de hipertrofia muscular es el preludio de la insuficiencia cardíaca y aumenta drásticamente el riesgo de sufrir coágulos en el corazón o el cerebro.

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Este desgaste no se limita al sistema circulatorio central. La presión elevada daña progresivamente los vasos sanguíneos que irrigan otros órganos vitales. Los riñones son especialmente vulnerables a este flujo violento, lo que puede derivar en una insuficiencia renal crónica con el paso de los años. Es una cadena de daños estructurales que ocurre de forma invisible para el paciente, quien suele sentirse perfectamente sano mientras sus arterias sufren cambios degenerativos.

Los botones eficaces para regular la presión sin depender únicamente de fármacos

Aunque la medicina puede tratar la hipertensión, el control del tratamiento suele ser difícil y requiere supervisión constante. Por ello, la prevención se centra en lo que Jensen llama "botones eficaces", acciones cotidianas que modifican la respuesta del sistema nervioso y la elasticidad de los vasos. Mantenerse delgado y realizar ejercicio físico permite desactivar la tendencia biológica a la hipertensión, aunque no elimine por completo el riesgo genético o de edad.

El impacto de los hábitos es cuantificable y directo. En el caso del alcohol, existe una relación lineal con la presión arterial. Por ejemplo, una persona que consume más de 30 bebidas por semana tendrá una presión promedio de 10 a 12 mmHg más alta que alguien que no bebe. Si ese consumo se reduce a la mitad, la presión bajará proporcionalmente, demostrando que pequeños cambios en el estilo de vida ofrecen resultados inmediatos en los valores sistólicos y diastólicos.

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El enemigo silencioso: exceso oculto de sodio

Un factor poco mencionado pero crítico es el consumo de ciertos alimentos como el regaliz, que contiene sustancias similares a las hormonas que elevan la presión. Sin embargo, el principal enemigo sigue siendo la sal. La mayor parte de la ingesta de sodio no proviene del salero que usamos en la mesa, sino de los alimentos procesados donde la sal se utiliza para calibrar el sabor.

Para proteger el sistema cardiovascular, los expertos recomiendan las siguientes pautas diarias de consumo:

  • Las mujeres deben consumir menos de 6 gramos de sal al día.
  • Los hombres deben consumir menos de 7 gramos de sal al día.
  • Una cucharadita de sal equivale aproximadamente a 5 gramos.
  • La dieta promedio actual ronda los 10 gramos diarios, casi el doble de lo recomendado.
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La buena noticia es que el gusto por la sal se calibra. Al reducir su consumo de forma gradual, las papilas gustativas se adaptan y el paladar comienza a descubrir el sabor real de la comida sin necesidad de excesos. Junto a este hábito, la recomendación final del doctor Jensen es simple: todas las personas deberían medirse la presión al menos cada cinco años, en un ambiente de relax físico y mental, para no ser parte de ese 46% que convive con un riesgo mortal sin saberlo.

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