Entrar en una casa y saber hacia dónde dirigirse casi sin pensarlo es una experiencia cotidiana que suele pasar desapercibida. Sin embargo, no todas las casas generan la misma facilidad para orientarse. En algunas, cada habitación parece reconocible de inmediato; en otras, desplazarse de una estancia a otra requiere un pequeño esfuerzo mental.
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Esta diferencia no depende necesariamente del tamaño de la vivienda ni de lo compleja que sea su distribución. También puede estar relacionada con las referencias visuales que ofrece el espacio.
Verónica Martín, experta en biointeriorismo y creación de espacios adaptados a personas neuroatípicas, explica que el cerebro necesita determinadas señales para interpretar el entorno y ubicarse en él con mayor facilidad.
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Las referencias visuales ayudan a reconocer cada espacio
Cuando una vivienda ofrece elementos que permiten diferenciar sus zonas, la orientación puede resultar más intuitiva. Una estancia con un color particular, una iluminación diferente o determinados materiales puede funcionar como una referencia que ayuda a identificarla rápidamente.
En cambio, cuando todas las puertas son iguales, los pasillos tienen una apariencia uniforme y apenas existen elementos que distingan unas zonas de otras, puede aumentar el esfuerzo necesario para reconocer dónde estamos.
La propuesta del biointeriorismo no consiste en llenar la vivienda de objetos o señales. El objetivo es incorporar referencias suficientes para que cada espacio tenga una identidad visual reconocible.
Decoración de interiores de casas modernas
Cómo aplicar este principio en casa
La iluminación, los colores, los materiales y la decoración pueden utilizarse para organizar visualmente una vivienda.
No es necesario transformar cada habitación por completo. Pequeñas diferencias pueden servir para crear puntos de referencia: una pared con un tono distinto, una lámpara característica, un material específico o un elemento decorativo asociado a una determinada zona.
Estas señales permiten establecer una especie de mapa visual de la vivienda. Con el tiempo, el cerebro puede asociar determinados elementos con cada estancia y reconocerla con mayor rapidez.
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El diseño también influye en el bienestar
Este planteamiento forma parte de algunos principios del diseño de interiores centrado en el bienestar y del neurointeriorismo, que prestan atención a la manera en que las personas perciben y experimentan los espacios.
Desde esta perspectiva, una vivienda no se diseña únicamente para que resulte atractiva. También puede organizarse para facilitar actividades cotidianas y reducir estímulos innecesarios o dificultades de orientación.
La iluminación, la distribución, los materiales, el color y los elementos decorativos cumplen así una función que va más allá de la estética: ayudan a estructurar visualmente el entorno.