9 de octubre de 2026 - 20:30

Dr. La Rosa, experto en longevidad: "Dormirte en dos minutos no es un superpoder, no es algo bueno"

Mantener horarios regulares y mejorar los hábitos nocturnos ayuda a favorecer el descanso y la recuperación.

Dormir bien es fundamental para la salud física, mental y emocional. Sin embargo, no alcanza con pasar varias horas en la cama: también importa la calidad del descanso, la regularidad de los horarios y la continuidad de las distintas fases del sueño.

Dormir poco, despertarse varias veces durante la noche o acostarse y levantarse a horas muy diferentes puede afectar el bienestar cotidiano. Además, la falta de descanso repercute en el rendimiento y la recuperación, y no existe un medicamento que pueda reemplazar las funciones esenciales del sueño.

Dormirse en dos minutos: una señal de alerta

El médico y profesor universitario Sebastián La Rosa, especialista en longevidad, advierte que quedarse dormido en apenas dos minutos no necesariamente es una señal positiva.

“Dormirte en dos minutos no es un superpoder, no es algo bueno”, explica. Según el especialista, puede ser un indicio de somnolencia excesiva y de una deuda de sueño que se fue acumulando con el tiempo.

La Rosa señala que dormirse en menos de ocho minutos puede asociarse con somnolencia patológica, de acuerdo con los criterios que menciona. La explicación es que cuanto más rápido se queda dormida una persona, mayor puede ser la presión de sueño acumulada.

Si alguien se duerme en uno o dos minutos todas las noches, necesita despertador por la mañana y, además, duerme más durante los fines de semana, la combinación de estas señales puede indicar que no está descansando lo suficiente.

¿Cuánto tiempo es normal tardar en dormirse?

Tardar demasiado en conciliar el sueño tampoco es lo ideal. Según La Rosa, un período aproximado de 15 a 20 minutos puede ser más favorable que quedarse dormido de inmediato o pasar mucho tiempo despierto en la cama.

El objetivo es lograr un descanso reparador sin acumular cansancio. Para eso, conviene prestar atención tanto a las horas de sueño como a los hábitos que forman parte de la rutina nocturna.

Hábitos para mejorar la calidad del sueño

Algunas modificaciones cotidianas pueden ayudar a preparar el cuerpo para dormir:

  • Mantener horarios regulares: acostarse y levantarse a horas similares contribuye a sostener el ritmo circadiano.
  • Reducir la actividad laboral por la noche: reservar tiempo para desconectarse ayuda a bajar el nivel de activación antes de acostarse.
  • Cenar temprano: evitar las comidas demasiado cercanas al horario de dormir puede favorecer el descanso.
  • Atenuar las luces: reducir progresivamente la iluminación prepara el ambiente para la noche.
  • Mantener una temperatura fresca: un dormitorio confortable favorece el sueño.
  • Evitar las pantallas: reemplazarlas por la lectura u otra actividad tranquila puede facilitar la transición al descanso.
  • Tomar una ducha caliente: hacerlo aproximadamente una hora antes de acostarse puede formar parte de una rutina relajante.

La regularidad también es importante durante los fines de semana. En definitiva, dormir bien no consiste solamente en quedarse dormido rápido, sino en descansar lo suficiente y sostener hábitos que permitan una recuperación adecuada.

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