Durante años circuló una afirmación llamativa: los niños nacidos en septiembre serían más inteligentes que los nacidos durante otros meses. La frase nace de una investigación real, pero necesita una adaptación importante para Argentina. El resultado no depende de septiembre en sí, sino de qué alumnos son los mayores dentro de cada curso.
Un estudio realizado con datos educativos de Florida encontró que los nacidos en septiembre obtenían, en promedio, mejores resultados en pruebas escolares que los nacidos en agosto. La diferencia rondaba 0,2 desviaciones estándar y se mantenía durante buena parte de la escolaridad.
Por qué en Estados Unidos aparecía septiembre y en Argentina sería julio
La investigación no encontró ninguna ventaja biológica especial asociada con septiembre. Todo se explicaba por la fecha utilizada para determinar qué chicos ingresaban juntos a la escuela.
En Florida, ese sistema hacía que los nacidos en septiembre fueran los mayores de su curso, mientras que quienes habían nacido en agosto quedaban entre los más chicos. Una diferencia de prácticamente doce meses a los seis o siete años puede representar distintos niveles de maduración, atención y desarrollo.
En Argentina el calendario cambia. Para ingresar a primer grado, la normativa utilizada por el sistema educativo argentino establece que el niño debe tener seis años cumplidos al 30 de junio. La regla continúa apareciendo expresamente para el ciclo lectivo 2026 en el Servicio de Educación a Distancia oficial del Ministerio de Educación.
Por lo tanto, dentro de una cohorte escolar argentina, los nacidos a comienzos de julio del año anterior tienden a ser los de mayor edad, mientras que los nacidos hacia fines de junio son los más jóvenes.
Si el efecto observado por los investigadores se trasladara al sistema argentino, julio sería el equivalente local de septiembre en Florida.
Ser de los mayores del curso puede dar una ventaja inicial
Los investigadores analizaron una gran cantidad de alumnos y encontraron que la ventaja de la edad relativa persistía incluso al considerar factores como educación de la madre, pobreza, origen étnico, peso al nacer y características de la escuela.
Esto se conoce como efecto de edad relativa. Durante los primeros años, once meses pueden representar una diferencia apreciable en lenguaje, concentración, coordinación, capacidad para seguir consignas y adaptación a las rutinas escolares.
Además, algunas ventajas iniciales pueden retroalimentarse. Un chico que obtiene mejores resultados puede recibir más estímulo, mayor confianza o expectativas académicas diferentes, aunque eso no significa que la diferencia vaya a mantenerse inevitablemente durante toda la vida.
Nacer en julio no vuelve a un chico más inteligente
Este es el punto fundamental. El estudio midió principalmente rendimiento académico y desarrollo cognitivo dentro de un sistema educativo, no una inteligencia innata determinada por el mes de nacimiento.
Investigaciones realizadas en Reino Unido llegaron a conclusiones similares: los alumnos mayores dentro de su año escolar tendían a rendir mejor cuando todos eran evaluados simultáneamente, pero una parte importante de la diferencia se reducía al comparar chicos con edades equivalentes.