Las avellanas aportan grasas, fibra y vitamina E, mientras que el cacao contiene antioxidantes y minerales. Al hacer la receta de una crema en casa, se puede adaptar el dulzor, aunque sigue siendo una preparación de alto aporte energético que conviene consumir con moderación.
Ingredientes
Detalles de la receta
Cómo hacer crema de cacao y avellanas casera paso a paso
1. Triturá las avellanas
Procesá las avellanas tostadas hasta obtener un granulado fino. Para conseguir una crema más suave, seguí triturando hasta que se forme una pasta. Colocalas en un bol.
2. Incorporá el azúcar
Agregá el azúcar y mezclá. Podés reducir la cantidad o directamente omitirla si preferís una preparación menos dulce.
3. Mezclá los ingredientes secos
Sumá el cacao amargo y la leche en polvo. Integrá bien todos los ingredientes con una cuchara o espátula para evitar que queden grumos.
4. Agregá el agua y cociná
Incorporá el agua de a poco mientras mezclás hasta obtener una preparación homogénea.
Colocá el bol sobre una olla con agua caliente, sin que toque el agua, y cociná a baño María durante unos 5 minutos. Remové constantemente para evitar que la crema se pegue o se formen grumos.
5. Dejá enfriar
Pasá la crema a un frasco limpio y dejala enfriar antes de consumirla. Al enfriarse, puede adquirir una consistencia más espesa.
El origen de la crema de cacao y avellanas
La combinación de cacao y avellanas tiene su origen en el Piamonte, una región del norte de Italia. A principios del siglo XIX, la escasez y el elevado precio del cacao llevaron a los chocolateros de Turín a mezclarlo con avellanas, un fruto seco abundante en la zona.
De esa combinación surgió el gianduja, una preparación que dio origen a las cremas de cacao y avellanas que se comercializan actualmente.
Consejos para lograr una crema suave y conservarla
-
Para una textura más cremosa: triturá las avellanas hasta obtener una pasta fina.
Para evitar grumos: incorporá el agua gradualmente y mezclá de manera constante.
Para controlar la consistencia: usá leche en polvo en lugar de leche líquida, ya que esta última puede dejar la preparación demasiado fluida.
Para conservarla: guardala en un frasco limpio y bien cerrado, en la heladera. Como contiene agua y leche en polvo, consumila en pocos días y descartala si presenta cambios de olor, aspecto o textura.