Cumplir años no significa necesariamente perder la capacidad de realizar las actividades cotidianas con autonomía. Sin embargo, a partir de los 50 años comienzan a hacerse más evidentes algunos cambios y pruebas relacionados con la masa muscular, la fuerza y la resistencia física.
Harvard indicó la cantidad de pasos que deben caminar las mujeres para vivir más años.
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Por eso, los test de funcionalidad física se utilizan como una herramienta para obtener una imagen general de la condición del organismo. No se trata únicamente de saber cuánto peso puede levantar una persona o cuánto tiempo puede correr, sino de comprobar si conserva las capacidades necesarias para desenvolverse con facilidad en su vida diaria.
La entrenadora personal Alessandra Moreira Reis, doctora en Biomedicina y especializada en programas de actividad física para adultos mayores, señala diferentes pruebas que pueden servir como referencia para las personas de entre 50 y 59 años.
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La prueba de la silla para medir la fuerza de las piernas
Una de las pruebas más sencillas consiste en levantarse y sentarse de una silla durante 30 segundos. El ejercicio permite observar principalmente la fuerza y la resistencia del tren inferior, dos capacidades fundamentales para actividades tan habituales como subir escaleras, levantarse de un asiento o caminar.
Como referencia general, se plantea que una persona de alrededor de 50 años debería poder completar al menos 15 repeticiones en 30 segundos.
La prueba debe realizarse de manera controlada y con una silla estable. No se trata de hacer las repeticiones a cualquier velocidad, sino de comprobar que la persona puede levantarse y volver a sentarse utilizando principalmente la fuerza de sus piernas.
Un resultado bajo puede ser una señal para prestar mayor atención al entrenamiento de fuerza, especialmente si además existen dificultades para realizar movimientos cotidianos.
El equilibrio también es una señal de buena condición física
Otra capacidad importante es el equilibrio estático. Una forma sencilla de evaluarlo consiste en intentar mantenerse de pie sobre una sola pierna sin utilizar apoyos.
Como referencia, se menciona un objetivo cercano a los 37 segundos.
El equilibrio no depende únicamente de la fuerza de las piernas. También intervienen la coordinación, la movilidad y la capacidad del sistema nervioso para mantener estable el cuerpo.
Conservar esta capacidad resulta especialmente importante con el paso de los años, ya que un buen equilibrio ayuda a desenvolverse con mayor seguridad y puede contribuir a reducir el riesgo de determinadas caídas.
La resistencia permite saber cómo responde el cuerpo al esfuerzo
La capacidad aeróbica constituye otro de los componentes fundamentales de la condición física. Una de las pruebas utilizadas para valorarla es la caminata de seis minutos, en la que se observa cuánto puede caminar una persona durante ese período sin detenerse.
La intención no es competir ni alcanzar una velocidad máxima, sino comprobar la capacidad para mantener una actividad física continua durante varios minutos.
También existen pruebas destinadas a valorar la movilidad y agilidad, como levantarse de una silla, recorrer una distancia determinada y regresar. En este tipo de ejercicios, el tiempo empleado permite obtener información sobre la capacidad funcional de la persona.