Si hay algo que solemos no querer pedir en las pizzerías, pero en casa si comemos, es la fugazzeta rellena. Con su masa esponjosa, rebosante de queso derretido y coronada por una lluvia generosa de cebolla, esta joya pizzera tiene ese “no sé qué” que hace que siempre quieras volver a probarla.
Si querés imitar esta receta, debes saber que no alcanza con cebollas y queso arriba, ya que hay que dominar el arte del relleno, del punto justo del horno, de la masa que equilibra lo crujiente con lo aireado.
No hace falta ir a la pizzería para disfrutar de esta rica fugazzeta.
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La fugazzeta rellena es un invento bien argentino, un verdadero clásico nacido de la creatividad pizzera de Buenos Aires, que llegó a varias provincias. Su origen se remonta a principios del siglo XX, cuando Juan Banchero, hijo de un inmigrante italiano, creó esta versión.
A diferencia de la fugazza, que lleva cebolla sobre la masa sin queso, y de la fugazzeta común, que tiene una capa de queso entre la masa y la cebolla, la versión rellena va un paso más allá. Se arma sándwich.
Una base de masa, una capa abundante de queso, otra tapa de masa que cierra el relleno y, por encima, una cobertura de cebolla cortada bien fina y, si te gusta, un toque de orégano o pimienta. El resultado es una bomba de sabor y textura.