En 2014, Jennifer Walker y su marido llegaron a un refugio de Illinois sin intención concreta de adoptar otro animal. Allí conocieron a tres cachorros de Chihuahua que habían sido encontrados dentro de una caja en un contenedor de basura y que, en ese momento, estaban realizando su control veterinario de las seis semanas.
Una de ellas se llamaba Rose. Jennifer quedó especialmente conectada con la pequeña y, cuando finalmente estuvo disponible para adopción, volvió a buscarla. Poco después pasó a llamarse Ivy, por un personaje de la serie británica “Downton Abbey”.
Una entrenadora vio algo especial cuando todavía era cachorra
Ivy comenzó rápidamente clases de obediencia en Forest City Dog Training Club. Allí ocurrió el giro que terminaría definiendo buena parte de sus primeros años: una instructora que además trabajaba con perros de terapia observó que tenía condiciones para ese tipo de actividad.
Jennifer decidió continuar el entrenamiento. Ivy obtuvo primero certificaciones vinculadas con comportamiento y convivencia, entre ellas Canine Good Citizen y Advanced CGC, antes de comenzar sus visitas.
Su tamaño era una ventaja particular. A eso se sumaban un temperamento amistoso, curiosidad y facilidad para relacionarse con desconocidos, características que la hicieron apta para trabajar en un ambiente hospitalario.
Durante tres años visitó pacientes y trabajadores de un hospital
Entre 2016 y 2019, Ivy realizó visitas como perra de terapia en el OSF Saint Anthony Medical Center. Allí interactuaba tanto con pacientes como con integrantes del personal sanitario.
El objetivo de estas visitas no era reemplazar tratamientos médicos. Los perros de terapia participan de programas de acompañamiento y bienestar, ofreciendo interacción y contacto dentro de entornos controlados.
Hubo, además, una decisión especialmente significativa por parte de su cuidadora. En 2019 Jennifer empezó a advertir que Ivy ya no disfrutaba de aquellas visitas como antes: mostraba menos participación y su lenguaje corporal había cambiado.
En lugar de obligarla a continuar, decidió buscarle una nueva actividad. Fue entonces cuando comenzó otra etapa completamente diferente.
De acompañar pacientes a convertirse en una atleta con más de 40 títulos
Ivy empezó a participar en agility, Fast CAT y competencias de trucos. El cambio resultó extraordinariamente exitoso.
Según el American Kennel Club, acumuló más de 40 títulos entre terapia y deportes caninos y aprendió alrededor de 50 trucos. También se convirtió en el primer Chihuahua en conseguir un título FCAT de 1.000 puntos y llegó a alcanzar 18,5 millas por hora —casi 30 km/h— en una carrera de 100 yardas.
En noviembre de 2022 obtuvo además su primer título de Master Agility Champion, uno de los logros más destacados de su trayectoria deportiva.