4 de diciembre de 2012 - 23:45

La pobreza tiene más y más caras

Bajo la nieve que cae por primera vez este invierno, una larga fila, en la que hay mujeres, desempleados, inmigrantes, espera a entrar al centro de acogida de Cáritas en Burgos, en el norte de España, mostrando el amplio espectro de una pobreza galopante.

En el local situado en los bajos de la sede de esta organización asistencial católica, las mujeres buscan en las estanterías ropa de abrigo que se llevarán por unos euros.

“Estoy aquí por el frío”, murmura Carmen Pérez, una empleada de hogar, de 52 años, cubierta con un gran gorro de lana, mientras toma una bolsa con su preciado abrigo, que ha elegido porque “abriga mucho”.

Desde hace un año, con sus ingresos de 800 euros mensuales, su marido y tres hijos de 20, 24 y 28 años, todos albañiles desempleados, y un alquiler de 400 euros, se ha convertido en una habitual de esta tienda.

“Aquí, si no tienes nada, te lo dan gratis”, aseguró, afirmando que “hoy me han regalado una bufanda”.

En la recepción, la gente sin hogar espera su turno, esperando conseguir una plaza en este albergue de 40 camas, instalado en un antiguo edificio de piedra renovado, cerca del corazón histórico de esta ciudad de 170.000 habitantes.

“Desde enero, hemos alojado ya a 1.100 personas, tantas como en todo el año 2011”, explica David Alonso, uno de los encargados de los sin techo.

En un momento en que el desempleo supera el 25%, las organizaciones humanitarias se están alarmando por la progresión de la pobreza, pero también por el perfil de los nuevos peticionarios de ayuda. 12,7 millones de personas, en este país de 47 millones de habitantes, estaban en 2011 en peligro de pobreza o exclusión, según un estudio europeo.

“La crisis está afectando a personas que estaban en una situación estable, de la clase media”, subraya David Polo, que también trabaja con los sin techo, y que considera que “no hay nadie hoy en España que no se haya visto tocado por la crisis, menos los muy, muy ricos”.

En la calle, “la media de edad es más baja, de unos 35 a 40 años; antes esa media era entre 40 y 50 años. Este año también hemos visto un aumento significativo de mujeres”, añade David Alonso: 12% de las 1.100 personas acogidas, frente al 9% el pasado año.

En el comedor social cercano del centro San Vicente de Paul, Javier Santos pasará unas largas horas con sus compañeros, sentado a la mesa, frente a la televisión que sirve para matar el tiempo.

“Vengo a tomar un café, porque no tengo ningún lugar para tomar un café”, dice este desempleado de 34 años.

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