Discreto y determinado, el juez José Castro se ha forjado una imagen de trabajador infatigable, pero también ha sido blanco de críticas durante la investigación, en la que ha decretado la declaración judicial de la hija del rey de España.
Discreto y determinado, el juez José Castro se ha forjado una imagen de trabajador infatigable, pero también ha sido blanco de críticas durante la investigación, en la que ha decretado la declaración judicial de la hija del rey de España.
A sus 68 años, Castro es conocido por su lenguaje directo, que aplica tanto a los pequeños delincuentes que comparecen ante él en su sala de instrucción de Palma de Mallorca, como a sus más famosos "imputados".
Veterano de la judicatura, no ha dudado en aplicar su habitual ironía a su más ilustre imputada hasta ahora: la infanta Cristina, hija del rey Juan Carlos y, a sus 48 años, primer miembro de la familia real en ser imputada judicialmente.
Habrían bastado unos folios, pero el juez Castro dedicó 227 páginas a fundamentar la imputación, llegando casi a ironizar sobre la justificación de algunas facturas atribuidas a la infanta y su esposo, Iñaki Urdangarín, de 46 años.