3 de mayo de 2014 - 21:18

El perfil de los candidatos

Varela, ultra católico

Juan Carlos Varela es un próspero fabricante de ron y ferviente católico de 50 años; la oveja descarriada del gobierno actual de Ricardo Martinelli, del que es al mismo tiempo vicepresidente y adversario. Esta sería la revancha de Varela, quien asegura que será un presidente con la “firmeza” del ex mandatario colombiano Álvaro Uribe y el “corazón” de la presidenta chilena, Michelle Bachelet.

Es un colaborador del Opus Dei y admirador del Papa Juan Pablo II, recientemente canonizado. “Su fe logró cambiar el mundo”, asegura este ingeniero industrial egresado del Instituto Tecnológico de Georgia (Estados Unidos). “Sólo soy un colaborador (del Opus), soy un pecador”, dijo.

Arias, la continuación

José Domingo Arias, candidato oficialista para hoy es un economista de 50 años y empresario textil de ropa interior femenina que promete “cambios”, aunque sus detractores lo tildan de “títere” de su mentor político, el mandatario Ricardo Martinelli. Arias, quien fue ministro de Vivienda y viceministro de Comercio Exterior del gobierno de Martinelli, es la carta que se juega Cambio Democrático (derecha) para continuar en el poder, en un país donde nunca ha repetido el partido en el gobierno desde el retorno a la democracia, luego de la invasión estadounidense de 1989. Sus críticos creen que Martinelli gobernará a través de Arias, cuya compañera de fórmula Marta Linares es la esposa del mandatario.

Navarro, un luchador

Juan Carlos Navarro es un ambientalista de 52 años que gobernó la comuna capitalina, opositor moderado de la administración de Ricardo Martinelli, a la que tilda de “gobierno de locos”. Con su promesa de “mano dura” a la inseguridad y de bajar el costo de vida, Navarro, secretario general del opositor Partido Revolucionario Democrático (PRD, socialdemócrata), aspira a alcanzar la presidencia después de varios años de turbulencias en su partido, fracturado tras la derrota electoral de 2009. Tenaz y perseverante, este opositor que fue bautizado hace unos años en una charca por indígenas de la etnia Emberá-Wounaan como "arriero de la montaña", no descansó hasta obtener el control del partido.

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