Días antes del aterrizaje del avión papal en este bastión asiático de la fe católica, los filipinos se toman selfies al lado de su foto de tamaño natural en iglesias y centros comerciales, y su rostro sonríe en carteles, camisas, galletas, monedas, jarras de café y toda clase de objetos de recuerdo.
Y no falta un “Papa Francisco, el musical”, en el cual aparece el Pontífice cantando parte de un tema de la banda pop One Direction.
Desde 1970, los filipinos han recibido a los pontífices con un frenesí que se suele reservar para las estrellas del rock. El difunto Juan Pablo II visitó el país dos veces. La visita de Francisco del 15 al 19 de enero, luego de su actual paso por Sri Lanka, promete atraer multitudes tan o más grandes, en parte porque el sufrido país deposita sus esperanzas en el futuro.
El jefe de la Iglesia Católica visitará la provincia oriental de Leyte, donde el tifón Haiyan dejó miles de muertos y arrasó aldeas enteras en noviembre de 2013.
Además, las frecuentes declaraciones del pontífice sobre la pobreza, la desigualdad y otros males sociales encuentran eco en este país pobre, donde la décima parte de la población trabaja en el extranjero para mantener a sus familias en casa.
La papamanía llega a las rutas, el ciberespacio y las ondas. En Manila, una compañía vende muñecos del papa Francisco. Camisetas, broches, carteles, llaveros y jarras con fotos del Pontífice sonriente se venden en tiendas, puestos callejeros y a través del internet. En la provincia norteña de Benguet, un artista fabricó muñecos que agitan un brazo y mueven la cabeza.
Una página web oficial tiene una cuenta regresiva hasta el arribo y ofrece abundantes detalles sobre su vida, incluso el hecho de que alguna vez trabajó como guardia en un club nocturno.