Reflexiones sobre las afirmaciones de un político.

Miguel Ángel Pichetto entiende que no mantener mensualidades de privilegio (no corresponde llamarlas pensiones, ni jubilaciones) para los mandatarios salientes es no tener “ningún interés en defender la Argentina.” ¿Qué relación hay entre lo uno y lo otro? ¿En qué se ejerce la defensa de la Argentina al mantener las jubilaciones de privilegio de esos mandatarios?

Reflexiones sobre las afirmaciones de un político.

Las afirmaciones realizadas en el recinto del Congreso de la Nación por el político Miguel Ángel Pichetto merecen un análisis y necesarias reflexiones.

Lo primero que puede afirmarse es que el hombre ha sido honesto. Dijo lo que él entiende que es la verdad. Y eso tiene mérito en un ámbito que suele caracterizarse por la tergiversación, la mentira y el engaño.

Hecha esta aclaración, cuando pasamos a la lectura de sus dichos nos encontramos con frases que – sin dudas – ingresan en el terreno de la agresión.

Expreso Pichetto: “El que diseñó y pensó esto tiene una visión de la antipolítica muy perversa. Fundamentalmente cree que la política es para narcos, marginales y delincuentes, gente que no tiene ningún interés en defender la Argentina, y piensa que el presidente, cuando termina su mandato, tiene que ir a pedir trabajo a una fábrica. Eso es lo que piensa en su cabeza estúpida.

Léase con atención en qué lugar queda el hecho de trabajar en una fábrica. Algo que – como todos entendemos – es un trabajo correcto y meritorio. ¿Qué haríamos sin los trabajadores fabriles? Pero Pichetto entiende que eso es deshonroso e, inclusive, discriminatorio. ¿Cómo alguien, por el hecho de haber sido presidente o vicepresidente de la Nación, habrá de rebajarse a semejante cosa?

Por otro lado, no vacila en afirmar – sin fundamento alguno, por supuesto – que quien “diseñó o pensó esto…” tiene “cabeza estúpida.” Dicho de otro modo: “si no piensa como yo pienso es porque es un estúpido.” ¿No puede expresarse sin agredir al prójimo?

Vamos más al detalle, este legislador entiende que no mantener mensualidades de privilegio (no corresponde llamarlas pensiones, ni jubilaciones) para los mandatarios salientes es no tener “ningún interés en defender la Argentina.” ¿Qué relación hay entre lo uno y lo otro? ¿En qué se ejerce la defensa de la Argentina al mantener las jubilaciones de privilegio de esos mandatarios? Esto requeriría toda una explicación especial por parte del diputado.

Vayamos más lejos. Quien trabaja en una fábrica o cualquier otra actividad lo hace por tener la obligación de contar con el dinero necesario para su existencia y la de su familia. En cambio, dedicarse a la política es una elección personal que de ninguna manera puede compararse con un trabajo rentado. Es una elección tan personalísima que, podemos afirmar, nadie lo obligó a realizarla. Si lo que le interesaba era contar con un bienestar material personal, tendría que haber elegido otra actividad. No es responsabilidad del ciudadano el error en dicha elección.

Pero hay otra cuestión más delicada al analizar estas expresiones. Es el hecho de que Pichetto prejuzga que un presidente o vicepresidente saliente se convierte en un inútil para todo que, sin el privilegio de esa compensación dineraria, quedará exhausto y se lo verá solicitar limosna bajo un puente. Muy raro este punto de vista. Pues todo mandatario, de la nación que fuere, una vez cumplido su ciclo, suele ser alguien muy requerido en el campo privado. Sea en empresas, universidades y tantas otras posibilidades. Bill Clinton y Barack Obama son buenos ejemplos actuales de esto. ¿Por qué Picchetto entiende que no tendrían otra opción que ir a golpear las puertas de una fábrica? ¿Por qué su mente le hizo decir eso? ¿Acaso buscó transmitir que su idea es que los políticos son ineptos para ganarse el pan en la vida privada?

Buscando, de alguna manera, corregirse, el diputado envió un mensaje en las redes diciendo: “No he defendido las jubilaciones de privilegio. Si las pensiones del Presidente y vice cuando terminan su mandato, porque respeto y valoro las instituciones presidenciales.”

Inicia aquí con un juego de palabras. Conocedor de lo que provoca en la ciudadanía la expresión “jubilaciones de privilegio” pretender redefinir diciendo que son “pensiones.” Obvio que la cuestión no es el término que se utilice, sino la cantidad dineraria que ello implica. Tal vez, podríamos estar de acuerdo en que estos mandatarios percibieran lo mismo que el monto mínimo de un jubilado. Como figura simbólica, por supuesto. Luego, el mandatario saliente conocerá cómo ganar dinero en la actividad privada. ¿No es cierto?

Precisamente el respeto y la valoración a las instituciones presidenciales que este legislador proclama, es darles la confianza que, siendo personas capacitadas para conducir una nación, mucho más lo serán para conseguir recursos materiales con que vivir sus existencias tras haberse retirado de la política.

* El autor es doctor en Psicología Social, magister en Psicoanálisis, filósofo, historiador y escritor. e mail: alasheras@hotmail.com

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