28 de octubre de 2026 - 00:35

Paso Cristo Redentor: El modelo de la inacción como acción

El Cristo Redentor necesita una política de Estado que trascienda los cambios de gobierno y comprenda que la integración fronteriza es una herramienta de desarrollo, competitividad y cooperación regional. La pregunta ya no es cuánto representa el paso para ambos países, sino por qué su importancia estratégica todavía no se traduce en una gestión acorde con esa dimensión.

    El Paso Internacional Cristo Redentor continúa sin expresar plenamente la importancia estratégica que representa para Argentina, Chile y, particularmente, para Mendoza. Los problemas de infraestructura, las contingencias climáticas, las demoras en los controles y las dificultades de coordinación entre organismos siguen condicionando el funcionamiento de uno de los principales corredores del comercio exterior argentino hacia el Pacífico.

    Sin embargo, reducir esta realidad a una cuestión climática o de infraestructura sería desconocer el problema de fondo: la ausencia de una conducción integral capaz de transformar los intereses compartidos en decisiones concretas.

    Más de quince años después del Tratado de Maipú de Integración y Cooperación entre Argentina y Chile, la pregunta resulta inevitable: ¿por qué una relación bilateral que reconoce la importancia de la integración todavía encuentra tantas dificultades para consolidar una gestión fronteriza eficiente, previsible y coordinada?

    La inacción también es una decisión. Cuando los gobiernos postergan reformas, las instituciones se acostumbran a administrar problemas recurrentes y los compromisos no se traducen en resultados, el sistema termina reproduciendo sus propias limitaciones.

    El primer desafío es político y estratégico. Argentina y Chile deben superar las percepciones negativas que condicionan la relación bilateral y comprender que la cooperación fronteriza no puede depender de las afinidades entre los gobiernos de turno. Los intereses nacionales no desaparecen por las diferencias políticas, ni la integración debe quedar subordinada a ellas.

    El Cristo Redentor no es solamente un paso de montaña. Es una conexión fundamental para el transporte de cargas, el comercio exterior, el turismo y la vinculación de las economías regionales con los mercados internacionales. Su funcionamiento repercute directamente sobre los costos logísticos, la competitividad y la previsibilidad de las operaciones comerciales.

    El segundo desafío consiste en abandonar una gestión predominantemente reactiva. Los cierres por nevadas, las acumulaciones de camiones y las demoras operativas requieren protocolos que contemplen anticipación meteorológica, administración de playas de espera, información en tiempo real, coordinación de reaperturas y recuperación progresiva de la circulación.

    La frontera inteligente no consiste en reducir controles esenciales, sino en hacerlos más eficientes mediante tecnología, digitalización documental, intercambio anticipado de información y procedimientos coordinados. La seguridad, las competencias aduaneras, los controles migratorios y sanitarios deben integrarse en una operación que reduzca tiempos innecesarios sin debilitar las funciones del Estado.

    Pero la tecnología no puede reemplazar la conducción institucional.

    El tercer desafío es determinar quién coordina efectivamente el sistema. La intervención de organismos nacionales y provinciales, junto con las autoridades chilenas, resulta indispensable. Sin embargo, la multiplicidad de competencias no debe convertirse en una dispersión de responsabilidades.

    Es necesario fortalecer una instancia permanente de gestión integral, con funciones definidas, capacidad de planificación y mecanismos de evaluación. Sobre la base de las competencias legales vigentes, Argentina y Chile deben avanzar hacia una administración integrada de frontera que articule a los organismos, establezca procedimientos comunes y permita evaluar el funcionamiento del paso como un sistema único.

    En este proceso, Mendoza tiene un papel central. Su Gobierno debe dejar de actuar únicamente frente a las consecuencias de los cierres y asumir una iniciativa política sostenida ante la Nación y Chile. La provincia necesita una agenda propia, sustentada en información técnica, propuestas presupuestarias y objetivos concretos.

    El cuarto desafío es pasar de los anuncios a los indicadores. Sin indicadores, no hay evaluación; sin evaluación, resulta difícil identificar responsabilidades y corregir deficiencias.

    Por eso, los gobiernos nacionales de Argentina y Chile, con una participación activa de Mendoza, deberían acordar un plan binacional de gestión del Cristo Redentor, con metas anuales, responsables institucionales, un cronograma de ejecución, un programa de inversiones y un protocolo integral de contingencias. Una evaluación inicial, con resultados publicados en un plazo de 90 días, permitiría establecer una línea de base, identificar los principales obstáculos y ordenar las prioridades.

    No se trata de crear nuevas estructuras burocráticas ni de multiplicar reuniones. Se trata de lograr que las instituciones existentes produzcan resultados verificables y que cada compromiso tenga un responsable.

    El Cristo Redentor necesita una política de Estado que trascienda los cambios de gobierno y comprenda que la integración fronteriza es una herramienta de desarrollo, competitividad y cooperación regional.

    La pregunta ya no es cuánto representa el paso para ambos países, sino por qué su importancia estratégica todavía no se traduce en una gestión acorde con esa dimensión.

    Argentina y Chile tienen intereses suficientes para avanzar. Mendoza tiene razones económicas y geográficas para exigirlo. Lo que falta es transformar esos intereses en decisiones, las decisiones en políticas y las políticas en resultados.

    Porque, en una frontera estratégica, la inacción no significa permanecer inmóvil: significa permitir que los problemas se perpetúen, que las oportunidades se pierdan y que la integración continúe siendo una promesa pendiente.

    * El autor es Comandante mayor (RE) de Gendarmería.

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