Latinoamérica para los latinoamericanos

Los sucesos de Venezuela muestran la incapacidad de Latinoamérica para enfrentar y solucionar sin intervención estadounidense situaciones como la del régimen tiránico de Chávez y Maduro, en un claro retroceso a la ola democratizadora iniciada en los ochenta.

Adolf Hitler sostenía la necesidad de obtener para Alemania “espacio vital”, porque su territorio era insuficiente para albergar a los alemanes. Con la derrota, Alemania perdió un tercio de superficie. Su compañero de fechorías, Mussolini, invadió y anexó estados independientes como el Imperio Abisinio y el reino de Albania. En Asia, Japón anexó el reino de Corea y creo un estado títere en Manchuria.

Estos hechos ocurrieron en la primera mitad del siglo XX. Otros fueron la anexión de Austria por los nazis y Checoeslovaquia y la invasión a Polonia que inicia la segunda guerra y el reparto con Stalin, repitiendo los tres repartos del reino polaco en el siglo XVIII con la participación de Prusia, Austria y Rusia.

A estas tropelías se buscó poner fin con la derrota de las potencias totalitarias en 1945 y evitando los errores posteriores a la primera guerra mundial cuando se hundió la economía de los vencidos, como denunciara Keynes en su notable trabajo “Las Consecuencias Económicas de la Paz”, escrito en 1919. El plan Marshall fue la contracara de los desaciertos del Tratado de Versalles.

Hoy vemos una regresión a esos tiempos. Rusia sigue siendo el país más extenso del mundo con más de diecisiete millones de km2. Sin embargo, el intelectual que influye en Putin con sus ideas nacionalistas, Aleksandr Dugin, dice que Rusia para ser una gran potencia debe anexar a Ucrania. El problema de Rusia es una economía apenas superior a la de España e inferior a la de Italia, con una densidad poblacional que no llega a diez habitantes por km2. Lo único que tiene es capacidad nuclear. Es llamativo el desconocimiento del círculo cercano al presidente Trump que la considera por encima de Europa.

Los Estados Unidos, la potencia que influyó para diseñar el sistema multilateral y terminar con las adquisiciones territoriales por la fuerza, amenaza a Canadá, Groenlandia y Panamá con la anexión. Groenlandia y Canadá son países aliados en la OTAN y en el caso de Canadá con una relación especial ya que su jefe de estado es el rey Carlos III. La hostilidad a la Unión Europea y en especial a los que son gobernados por dirigentes de tradición democrática liberal muestra al partido republicano colonizado por el populismo.

Es que. aunque nuestro presidente no se entere distraido con sus cruzadas contra socialistas, hoy el problema es de democracia o autocracia. Y la autocracia es por definición antiliberal, Como lo son los nostálgicos del franquismo o el autócrata que gobierna Hungría como peón de Putin para erosionar a las democracias europeas, en una coincidencia con Trump.

Peter Thiel, el inversor alemán que financia al vicepresidente Vance, propone sin disimulo que la democracia debe ser sustituida por el gobierno de las corporaciones tecnológicas. “No necesito el derecho internacional”, ha dicho Trump “pues estoy limitado por mi propia moralidad”; falta que diga “L État,c´est moi” como Luis XIV, en otra afirmación autocrática.

Los sucesos de Venezuela muestran la incapacidad de Latinoamérica para enfrentar y solucionar sin intervención estadounidense situaciones como la del régimen tiránico de Chávez y Maduro, en un claro retroceso a la ola democratizadora iniciada en los ochenta. La dirigencia debería aprender de una frase del presidente Yrigoyen cuando le cuestionaban las intervenciones federales: “las autonomías son de los pueblos, no de los gobiernos”

El principio de no intervención viene de los aportes al derecho internacional de estadistas argentinos como Carlos Calvo quien sostuvo que los extranjeros deben recibir el mismo trato que los nacionales y que los estados no pueden recurrir a intervenciones armadas para el cobro de deudas o para reclamaciones en favor de sus nacionales. Es la conocida doctrina Calvo. Bernardo de Irigoyen, canciller de Avellaneda tuvo que lidiar en el conflicto entre el banco de Londres y el gobierno de Santa Fe enfrentando la amenaza de bombardear Rosario por una cañonera inglesa. Impuso entonces el criterio que las sociedades comerciales extranjeras no tienen derecho a la protección diplomática, debiendo someterse a la legislación nacional. Yrigoyen rechazó las intimaciones argumentando que las sociedades extranjeras no son personas físicas careciendo de nacionalidad. La postura firme del canciller de Avellaneda se impuso sentando un precedente de respeto a los intereses nacionales.

En la segunda presidencia del general Roca, cuando una coalición europea ataca puertos venezolanos y toman sus aduanas ante la mora de su deuda externa, se elabora la doctrina conocida por su canciller Luis María Drago, que niega el derecho de cobrar deudas soberanas por la fuerza militar. Este planteo se incorpora al derecho internacional consolidando la doctrina Calvo.

En esta lista no puede faltar Saavedra Lamas, el canciller del presidente Agustín P. Justo que en las conferencias de Montevideo y Buenos Aires logra que los Estados Unidos acepten el principio de no intervención y la soberanía de los estados.

Los funcionarios del gobierno actual no pueden desconocer esta historia y evitar sobreactuaciones pues está claro que a Trump no le interesa la democracia sino los negocios petroleros, como el papelón de declarar narco terrorista al cartel de los soles inexistente, ahora, según el secretario de Justicia de los Estados Unidos.

* El autor es presidente de la Academia Argentina de la Historia.

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