26 de noviembre de 2025 - 00:15

La paz debe ser por negociación, no por imposición

La historia diplomática reciente indica que la imposición de una paz en Ucrania que reniegue de la negociación entre los contendientes está destinada al fracaso. Y el presidente de EEUU, Donald Trump al dar un ultimátum a Ucrania, claramente pretende imponer una paz injusta conversada con Putin en vez de una justa acordada entre las dos partes en pugna.

El presidente Trump ha dado un ultimátum a Ucrania para que acepte su plan de paz negociado con Putin para poner fin a la guerra entre Kiev y Moscú. Básicamente el plan consiste, según trascendió, en reconocer la soberanía rusa de los territorios ocupados militarmente, el "Don Bass" y de la anexada península de Crimea y la prohibición de ingreso de Kiev a la OTAN. A cambio, se permite la incorporación de Ucrania a la UE y se le dan "garantías" de integridad territorial a futuro. De no aceptar se limitará la información de inteligencia y provisión de armas al país. Todo ello "negociado" sin el concurso de Ucrania.

Así planteada, la propuesta, más que una negociación, parece un "diktat", un dictado impuesto que los antecedentes de la historia diplomática reciente indica destinada al fracaso.

Un antecedente muy general es el propio "Tratado de Versalles de 1919", que impuso una paz deshonrosa a Alemania, que no había sido derrotada militarmente y le asignó la "responsabilidad de la guerra". Apremiada por la inestabilidad interna la República de Weimar se avino a firmar una paz no negociada. Ello, derivo en período de entreguerras muy convulso y un laboratorio de autoritarismo y fascismos y de derramamiento de sangre importante.

Pero particularmente, creemos que el antecedente más adecuado es el Tratado de Múnich de 1938, aquel por el cual, en los prolegómenos de la Segunda Guerra Mundial, Gran Bretaña y Francia muy debilitadas y para evitar una nueva conflagración mundial, cedieron a las demandas territoriales de Hitler, que ya se había anexado Austria (Anschluss), sobre Checoslovaquia. Concretamente le dieron la región de los Sudetes, de habla alemana y con un fuerte movimiento político separatista. Aquí tampoco Checoslovaquia fue invitada a la mesa de negociación. El apetito voraz de Hitler por el "espacio vital" no se sació, pronto ocupó Bohemia y Moravia y creó un estado títere en Eslovaquia. Después en septiembre de 1939, Hitler desencadenó la mayor carnicería de la historia.

Pero además el antecedente de Múnich es propicio porque reproduce la dinámica que se utilizó desde Moscú para hacerse con el control del Donbass y Crimea. Se alegó la violación de los DD.HH y el derecho a la autodeterminación de los rusos parlantes por parte del poder de Kiev (en aquella oportunidad por Checoslovaquia sobre los alemanes parlantes) y se alentó la secesión y la incorporación a Rusia - previo plebiscito amañado - Es una dinámica que se reproduce en otros lugares, como en Georgia (Osetia del Sur y Abjasia), Moldavia (Transnistria), etc.

En lo que hace particularmente a Ucrania, Rusia reconoció su soberanía y fronteras por el Tratado de Belavezha de 1991 (que puso fin a la URSS y creo la Comunidad de Estados Independientes). Asimismo, por el Memorándum de Budapest de 1994, por el que Rusia, EE.UU., Gran Bretaña -las potencias nucleares- garantizaban a Ucrania su integridad territorial y ayuda económica a cambio de la entrega a Moscú de su arsenal nuclear. Nada de ello se cumplió.

A aquellos antecedentes, no obstante, debemos incorporar algunas variables actuales. Aquella que indica que Rusia no podrá ser derrotada militarmente -aunque Ucrania ha demostrado una capacidad de resistencia asombrosa -; que los EE.UU. vuelcan en la imposición de la paz todo su supremacía militar y económica; que la Unión Europea puede prestar una ayuda militar y económica limitada a Kiev.

Particularmente debemos incorporar al análisis lo relativo al régimen político de Rusia, la personalidad de su líder y la búsqueda de la reconstrucción de todo el espacio de influencia postsoviético.

Aún más, el asunto pone a prueba la efectividad y vigencia de la diplomacia clásica por sobre la particular forma de abordar los asuntos internacionales por Trump: un estilo de negociación transaccional, efectista, errático, sin apego a principios o dogmas Solo interesa el "Make America great again".

Resulta obvio por lo dicho que ningún tratado internacional garantizará efectivamente la integridad territorial y soberanía de Ucrania y/o los compromisos asumidos. No se alcanzará la paz por el Derecho, sino que el Derecho formalizará una paz preexistente (ex post facto).

Es necesario sobre el terreno y la realidad una condición que no se mueva en el ámbito de la legitimidad, por los reparos jurídicos mencionados, sino en el plano de la efectividad u operatividad. Es necesario algún tipo de status quo consolidado y aceptado por las partes, basado en alguna forma de equilibrio de poder o mecanismo semejante, como "cese al fuego ", el despliegue de una fuerza militar internacional de interposición, etc.

La imposición está a un mar de distancia de la negociación. Por ello, creemos que, sin pretender otorgar a algún tipo de "fuerzas profundas en la historia", el carácter de inexorables, o relativizando las circunstancias actuales y novedosas y la particular impronta que le da al asunto el presidente Trump; la historia se puede repetir, como un "déjá vu" de otro fracaso diplomático.

* El autor es especialista en relaciones internacionales.

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