28 de febrero de 2026 - 00:10

La obra de un grande defendida por nadie

El arquitecto Daniel Ramos Correas dejó sus ideas materializadas en piedra, hormigón y árboles. Nos identifican. Recibieron reconocimiento internacional. La Ciudad de Mendoza lo declaró “Ciudadano Ilustre”. Entre tantos homenajes, el menos frecuente ha sido la valoración y el respeto de su obra.

A esta altura del partido, no haría falta recalcar lo que significa para los mendocinos la obra del arquitecto Daniel Ramos Correas. No haría falta, pero parece que es necesario.

Pongamos un poco de contexto. A Don Daniel, uno de los primeros arquitectos de la provincia, le tocó desarrollar su profesión en una de esas épocas que nos han marcado la historia. Con todo lo bueno y lo malo que las marcas dejan.

Sus obras arquitectónicas han aportado el más alto nivel de calidad constructiva y han marcado la imagen y la identidad de nuestra ciudad. Las casas Arenas y López Frugoni, La Mercantil Andina, la Parroquia de San Nicolás, muchas casas, iglesias conocidas y otras que no lo son tanto, colegios, el asilo San Vicente de Paul, la Capilla del hotel de Villavicencio, son ejemplo de lo que su obra significa y por qué.

Su pensamiento urbanístico, menos reconocido a nivel general, fue vanguardista en su momento y lo sigue siendo. Está implícito en el Plan Regulador de 1941, donde dejó marcada su influencia. Los autores del plan así lo manifestaron, lo reconocieron y lo agradecieron.

Pero, sin lugar a dudas, su legado más trascendente para la cultura mendocina, para los que vivimos y disfrutamos de esos espacios que nos enorgullecen y generan la admiración de propios, de extraños y forman parte central de nuestra identidad provincial, es su obra paisajística. Durante los 6 años que estuvo al frente de la Dirección de Parques, Calles y Paseos (1938-1944), Ramos Correas marcó el antes y el después en esta ciudad. Y, por extensión, en la provincia toda.

En este valle arrinconado entre la cordillera y el desierto, unió lo que la geografía y las culturas superpuestas fueron aportando. Y en esa mezcolanza, supo despejar lo valioso, quitar lo excesivo y definió un estilo paisajístico propio para esta región seca del mundo. Americanista, andino, profundamente contemporáneo y entreverado con la base estética del paisajismo clásico europeo.

Para no abundar en explicaciones, dejo un fragmento de su nota de renuncia fechada el 7 de diciembre de 1943, motivada por una serie de injurias que tuvieron origen en el golpe de estado ocurrido ese año. “Dejo al juicio de mis comprovincianos, entre otras obras: la remodelación del Cerro de la Gloria, el Ofrendatorio, el nuevo Parque Zoológico, las mejoras del Parque General San Martín, el Teatro Infantil (Pulgarcito), el Gran Teatro al Aire Libre (Frank Romero Day), la Plaza Independencia, el proyecto y realización del Parque de San Rafael (Hipólito Yrigoyen) y mi contribución al Plan Regulador de la Ciudad”.

Por la dimensión de las obras que estaban en juego, retomó esa dirección el 12 de enero de 1944, y las dejó encaminadas antes de su renuncia definitiva un año después, el 12 de enero de 1945.

Ramos Correas asumió su función con un plan para el Parque General San Martín. Un documento extenso donde detalló con precisión los por qué estéticos, técnicos, simbólicos y culturales. Fue aprobado por la Legislatura Provincial. Esas obras se desarrollaron con un nivel de transparencia y austeridad digno de ser resaltado. Los documentos así lo certifican.

Recientemente, el gobierno provincial presentó un plan de obras para el parque, centrado en habilitar negocios gastronómicos. Los funcionarios responsables nada han dicho sobre patrimonio ambiental, paisajístico, estatuario, sistema de riego, administración, vivero y todo lo que se nos pueda ocurrir que vaya en beneficio del parque y no de los emprendimientos particulares. Por lo que se puede percibir, el irrepetible Parque General San Martín solo ha sido considerado como una escenografía turística para la gastronomía.

Diversas instituciones provinciales deberían involucrarse. Dar a conocer su juicio crítico sobre lo que se ha propuesto y puede alterar negativamente el espacio público. Hasta ahora, nada han dicho las tres facultades de arquitectura y sus respectivas cátedras de paisajismo. Supongo que deberían hacerlo. Deberían empujar la puerta y decir lo que se crea necesario que deba ser escuchado. Porque para eso están. Para generar juicios de valor en la opinión pública sobre aquellas áreas que son de su incumbencia.

Porque lo que habitualmente ha ocurrido es que, livianamente, se decidió, manipuló y distorsionó lo que se ha desconocido. Y lo que tuvo valor, se volvió vulgar y corriente.

Ramos Correas dejó sus ideas materializadas en piedra, hormigón y árboles. Nos identifican. Recibieron reconocimiento internacional. La Ciudad de Mendoza lo declaró “Ciudadano Ilustre”. Entre tantos homenajes, el menos frecuente ha sido la valoración y el respeto de su obra.

El autor es arquitecto. Escribió el libro “Espacios, formas y tramas del Oasis Norte de Mendoza” (Libro digital de descarga gratuita desde la plataforma Academia.edu).

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