Y sí, cada tanto la realidad irrumpe al desnudo para advertirnos que vivimos en piloto automático. Lo que dábamos por hecho ya no lo es y el sentido común ordena barajar y dar de nuevo. Quien esta vez vino a sacudirnos de una peligrosa modorra fue el mentado Súper Niño, ese fenómeno que, según nos alertan científicos y meteorólogos, se hará notar y cómo. Hablamos de esta variante intensa de El Niño que se caracteriza por un calentamiento de la temperatura superficial del agua en el Pacífico ecuatorial por encima del promedio histórico. Hasta ahí lo técnico.
El temible escenario que nos espera incluye un abundante menú de precipitaciones y nevadas, más humedad y tormentas, aunque también un escenario hídrico favorable para el riego. Dato fuerte que amerita una amplia serie de acciones para que el impacto sea menos nocivo de lo esperado.
El aspecto positivo de este niño empoderado es que logró que algunos (no todos) los municipios se desperezaran y se pusieran de cabeza a limpiar los cauces aluvionales, armar equipos para tareas especiales y, sobre todo, darse una política de prevención que hasta entonces sólo figuraba en los papeles o en la vaga teoría. Autoridades provinciales y municipales se sentaron a una misma mesa para activar planes integrales de mitigación. Habrá que ver si, más allá de la conveniente foto, lo hablado allí se plasmará realmente en acciones concretas. ¿Podrían decirnos sin que les tiemble la voz que durmamos sin frazada?, como solía decir Carlitos Balá para tranquilizar a su interlocutor.
Como ocurre con la noticia de cercanos y devastadores sismos, fue el temor el mejor impulso para pasar a la acción. A las reuniones de los distintos sectores públicos se le agregó convenientemente la puesta en marcha de protocolos específicos en instituciones educativas. Por caso, revisiones edilicias en más de 300 escuelas y pautas claras de suspensión temporal ante tormentas severas.
Los ciudadanos de a pie también pueden aportar lo suyo, desde lo más básico (como limpiar su acequia y desagües) hasta el control y arreglo preventivo de techos. Nadie será un mero espectador de lo que podría ocasionar el anunciado fenómeno. Si bien cada viento Zonda nos pone en guardia, está más que claro que siempre se va detrás de las consecuencias. El árbol que no se cortó a tiempo y mató a una persona es mucho más que azar; detrás hay una decisión que no se tomó a tiempo. La revisión de ejemplares que cumplieron su ciclo, el cableado en la vía pública que sigue siendo aéreo y las medidas desfasadas son un combo letal que, frente a este publicitado Súper Niño, resulta tan peligroso como imperdonable.
Mientras la naturaleza hace lo suyo, es decir actúa según sus propias leyes, el bebote meteorológico no hace más que desnudar nuestras históricas cuentas pendientes en materia de gestión de riesgos y prevención urbana. El verdadero desafío sigue estando del lado de quienes planifican la ciudad y de una sociedad, ese fundamental "nosotros", que ya no puede permitirse llegar tarde y llorar después.
* El autor es secretario general de redacción de diario Los Andes. [email protected]